Fotos: Nacho Izquierdo
Textos: Augusto González

Blas, repartidor

• Las ciudades están hechas de asfalto y de miradas displicentes hacia lo que las rodea, cuando no de una ignorancia permanente sobre qué son y quiénes viven en los pueblos y en los páramos. Pero hay vida más allá. Mucha. Tanta vida, que en realidad las ciudades laten porque el campo las alimenta. De eso sabe Blas, uno de los que se ocupa de que ese cordón umbilical no se rompa. Y aun así, muchos urbanitas no dejan de mirarse el ombligo, sin entender nada. Como si ese tubérculo en bolsas de rejilla no estuviera haciendo un largo camino de siglos, que empezó en América hace milenios y que terminará en tu plato, quizá este mediodía. Porque Blas, su camioneta y su carretilla están ahí.

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Pedro Gálvez, conductor de autobús

• Buena parte de la plantilla de Alsa en Guadalajara está formada por conductores veteranos, acostumbrados a haber visto de todo y a encontrarse en sus vehículos casi cualquier cosa. Desde hace mucho también se pusieron al volante en esta ciudad mujeres capaces y sin cuotas, que pronto supieron lo que es lidiar con las cuestas de la capital y con sus coches. Pedro, desde su exultante juventud, está haciendo un curso acelerado de experiencias. Nada de lo que le rodea es normal: ni los guantes, ni la mascarilla ni el recorrido sin apenas viajeros y sin casi nadie esperando en las paradas. Llegarán tiempos en que cumplir el horario marcado será más agobiante, por complicado. Pero todo será más fácil para él y para nosotros. Solo tenemos que llegar juntos, para poder recordarlo.

Celia, costurera solidaria

• Es posible que no haya mejor forma de dar por concluida nuestra serie de retratos de los héroes del coronavirus en Guadalajara que con una heroína, en su confinamiento. Celia es Celia pero también en ella están representadas las muchas Costureras Solidarias. Como los están los niños que resisten en sus casas, junto a sus padres. O los ancianos más solos que nunca, acompañados de sus dolores y de su vejez a la espera de que escampe. A más de mil máscaras entregadas al día por el grupo en el que colabora, esta estajanovista del optimismo es un aleccionador colofón para nuestro trabajo. Asomada a la azotea convertida en trinchera de esta batalla, incapaz la mascarilla de taparle la sonrisa, muy capaz ella misma de enseñarnos que la lucha contra el coronavirus se ha librado también en cada casa… ¿qué más puede escribir el periodista si no es una expresión de inmenso agradecimiento? No hay nada que inventar, pues en español lo resumimos (menos veces de lo que debiéramos) en una palabra que es capaz de llenarlo todo en apenas siete letras: ¡Gracias!   

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