Fotos: Nacho Izquierdo
Textos: Augusto González

Daniel, voluntario de Protección Civil

• ¿Qué futuro le espera a un joven de 23 años después del coronavirus y en España? Pocos podrían asegurarlo, ni en plazos ni en certezas. Lo único que tenemos es presente y se nos convierte en pasado a cada brazada que damos para seguir a flote. Por eso es tan importante estar, sin esconderse. Los “gilets jaunes” de la rabia francesa son aquí los chalecos naranja del compromiso con Protección Civil. Las canastas de baloncesto no esperan un triple, sino futuros abrazos, cuando podamos darlos. O una palmada en la espalda. O el simple gesto de dar la mano, abierta y extendida con franqueza. Y sin embargo, el futuro está en las manos cerradas, atrapado entre los puños, para que no se escape. Tiempos extraños estos a los que Daniel mira de frente. ¿El trabajo del futuro? Importa menos que su trabajo hoy, en el presente.

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Juan Carlos Buquerín, técnico de emergencias sanitarias

• Olvidémonos de la ambulancia. Olvidémonos de la mascarilla con filtro. Olvidémonos de la visera. Olvidémonos de la bata. Centrémonos en lo importante. Llegará un día en que Juan Carlos podrá tumbarse en una hamaca en un día tibio de primavera y hacerse el dormido mientras una fina lluvia le cubre suavemente, sin calarle, mojándole la piel. Entonces recordará las jornadas bajo el agua y bajo el sol, con frío y hasta con calor, cuando no quedaba margen más que para el agobio de llegar, atender y llevar. Tiene que llover mucho la próxima primavera para que nos limpie de tantos malos recuerdos y solo nos deje ante los ojos las buenas enseñanzas que hemos aprendido. A golpe de pandemia.

Covadonga García, despacho de pan

Con una barra diaria de pan hizo Francisco Umbral todo un universo de artículos de Prensa que algunos aún recuerdan. Era su rutina (ficticia) para citarse con el lector cada mañana. Con el pan en bandolera, “Covi” nos entrega desde el mostrador mucho más que harina, levadura y sal. Junto al pan nuestro de cada día acompaña simpatía y afecto en mayores cantidades de las que nunca podrán caber en los limitados márgenes de una barra. Y sin embargo, caben. De paso, si se pasan, aprovechen y llévense un manojo de espárragos de Guadalajara, que esta temporada terminarán por ser objeto de lujo para quienes saben paladear la vida. Dicen que no hay quien los recoja. Avisados quedan.

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