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8 julio 2024
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Segundo trío de ases:
Los héroes del coronavirus en Guadalajara

Son tres, pero hay más como ellos. Desde nuestras casas no se les ve, hasta que los necesitamos. Luchan contra el coronavirus desde su puesto, para que lo esencial no se pare en esta España batida por la enfermedad y, a veces, la desesperanza. Su ejemplo nos da fuerza y también nos confirma en la certeza de que un día todo cambiará y volveremos a vernos en la calle, a abrazarnos y a ser todo lo que podemos ser. Sin máscaras. A corazón abierto. SEGUNDA ENTREGA.

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Fotos: Nacho Izquierdo
Textos: Augusto González

Marisol Jiménez del Río, farmacéutica

• Nuestra salud está en sus manos, envuelta en el cartoncillo de un envase. Hasta ahora ir a la farmacia era como acudir a Delfos, donde el oráculo: a cambio de unas monedas creíamos asegurarnos nuestro futuro, librándonos de la enfermedad. Y el oráculo nos hablaba con buenas palabras, mientras nos daba las vueltas. Hoy, ese oráculo llamado Marisol enhebra jornadas agotadoras tras jornadas agotadoras, pero ahí sigue. Su voz nos llega amable, velada por la mascarilla. Ella y nosotros, juntos, confiando en la providencia: ¿cuándo estará el fármaco que hemos pedido? De las mascarillas, ni hablemos. Esas no llegan. En los anaqueles se alinean todas nuestras esperanzas, que cogemos de su mano.

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José María González Cuadrado, jardinero

• La ciudad, como cualquiera de las capitales de España, tuvo siempre un desmedido afán por llenar de árboles las calles y los parques, de césped. En la Europa del norte, esa que mira al sur con desprecio y desdén, no ocurre así. Será que los meridionales nos sabemos cerca del desierto y por eso nos protegemos entre el verdor que crece en los alcorques. José María y sus compañeros son los guardianes de ese paraíso urbano, sin más armas que sus aperos de trabajo. Del mucho trabajo. Cuando esto acabe, los árboles habrán echado todas sus hojas, la hierba nos devolverá el olor a hierba e incluso estará libre de cagadas de perro de dueños inconscientes. Habrá sido gracias a José María y a sus compañeros, héroes de lo cotidiano en tiempos excepcionales. El paraíso estará listo, por su esfuerzo.

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Julio Prego Loureiro, bombero


• Oír en la calle la sirena de un camión de bomberos nos hace dudar a todos. Por un momento, nos aferramos al niño que fuimos y queremos echar a correr detrás de ellos, a ver qué pasa; al tiempo, adultos como somos, tememos por la desgracia que ha ocurrido. En alguno de esos camiones puede ir Julio o cualquiera de sus compañeros, a los que han prometido últimamente nuevas instalaciones. En realidad, son coleccionistas de promesas incumplidas. Como todos. Pero nada de eso importa en estos días, en los que al uniforme le han asomado unos guantes azules de látex. Desde el parque de bomberos se ve el cementerio de la ciudad, donde siguen entrando muchos de los nuestros. Entre la vida y la muerte están ellos, metáfora permanente en días de pandemia. Para salvarnos, si fuera necesario.

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