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20 junio 2024
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Tahití busca ser un paraíso sostenible e inclusivo

La estrategia turística de las Islas de Tahití en los próximos años se articulará sobre cuatro ejes fundamentales: autenticidad, calidad, ecoturismo y diversificación.

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Las Islas de Tahiti buscan liderar el turismo comprometido con el medio ambiente a través del plan Fari’ira’a Manihini 2027, una hoja de ruta que conduce al destino hacia la sostenibilidad y la inclusión.

Su estrategia turística en los próximos años se articulará sobre cuatro ejes fundamentales: autenticidad, calidad, ecoturismo y diversificación. Alcanzar el 75% de energía renovable, invertir en infraestructuras y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero son alguno de sus objetivos.

Las Islas de Tahiti mantienen su compromiso con la inclusión y la preservación medioambiental y cultural. Una estrategia de desarrollo turístico colaborativa, construida conjuntamente entre la población local y los organismos turísticos públicos y privados, que nace en el año 2020, y tiene como objetivos principales proteger los recursos naturales, beneficiar a la población local y mejorar la experiencia de los visitantes enfocándose en la calidad de servicios.

La hoja de ruta incorpora diferentes acciones en base a cuatro ejes principales el primero de ellos es el de la calidad. En la búsqueda de un servicio turístico de categoría el destino gestionará la tasa de visitas, manteniendo una proporción relativa de un habitante por cada visitante, teniendo previsto llegar a 280.000 turistas en 2027.

Para asegurar la calidad de los servicios, las Islas de Tahití continuarán trabajando en el desarrollo de infraestructuras en los aeropuertos y nuevos muelles para recibir cruceros de lujo. Otra actividad prioritaria es la creación de un centro educativo, en colaboración con hoteles de 4 y 5 estrellas, para impartir cursos de hotelería y hospitalidad.

Por lo que se refiere al ecoturismo desde hace varias décadas, Las Islas de Tahiti participan activamente en la conservación de su patrimonio natural y trabajan en colaboración con otras organizaciones enfocadas en la sostenibilidad.

Ejemplo de ello son las certificaciones de Bandera Azul, reconocimiento internacional para playas o puertos deportivos que cumplen con las normas de cuidado del medio ambiente o la adopción de prácticas sostenibles en la actividad pesquera, prohibiendo desde 1996 la pesca industrial o cualquier técnica que no sea la pesca con caña.

Entre las actividades del plan enfocadas en el ecoturismo se encuentra la creación de ecoparques turísticos y se establecen metas como alcanzar un 75% de energía renovable para 2030 o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, siguiendo las pautas del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

REGULACIÓN DE FLUJOS
El plan regula el flujo turístico en función de la capacidad de cada archipiélago y contempla la realización de inventarios de carencias y necesidades en materia de infraestructuras en cada isla para actuar en consecuencia.

Además, el plan se centra en dar a conocer alternativas a las islas más visitadas como son Bora Bora o Moorea, ofreciendo a los archipiélagos interesados el apoyo de expertos del sector público y de empresas privadas.

Y finalmente el plan realiza una apuesta decidida por la autenticidad. Tras la renovación del Museo de Tahití y la construcción de Fare Natura en Moorea, el destino continúa invirtiendo en infraestructuras museísticas y sitios turísticos.

El plan considera el desarrollo del centro cultural de Papeete o la creación de un espacio escénico dedicado a Paul Gauguin. Los tahitianos han heredado de sus antepasados Ma’ohi una cultura expresiva y de gran riqueza donde la música, la danza, los deportes locales y las actividades acuáticas son protagonistas, esta hoja de ruta pone en valor todos estos aspectos.

La estrategia Fari’ira’a Manihini 2027 no sólo evidencia el férreo compromiso de Las Islas de Tahiti con la sostenibilidad e inclusión, sino que va de la mano con la agenda de desarrollo sostenible mundial establecida por Las Naciones Unidas.

Ambos planes tienen objetivos en común, como la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático, lograr que las ciudades sean más resilientes y sostenibles, construir infraestructuras resistentes y promover la industrialización sostenible, entre otras.


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