Rueda de prensa inesperada la ofrecida este miércoles por la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, junto con su concejal José Luis Alguacil.
¿Para qué? Para hacer pública la decisión de ampliar la moratoria de la multas por la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) hasta, al menos, el 31 de diciembre de 2027. Una ZBE que ya está oficialmente vigente, pero que seguirá, insistamos, sin multas.
Las elecciones municipales serán a finales de mayo de 2027.
No es la primera vez que se pospone el régimen sancionador inicialmente previsto y nadie puede asegurar que vaya a ser la última.
«Siempre he dicho que Guadalajara no necesita una ZBE porque Guadalajara es en sí misma una zona de bajas emisiones», ha planteado Guarinos.
A preguntas de LA CRÓNICA, la alcaldesa ha recalcado que en Guadalajara es el centro de la ciudad donde menores emisiones de contaminantes se dan. Y, al mismo tiempo, se llega al absurdo normativo de que el punto con peor calidad del aire, que es Cuatro Caminos, no está dentro de la ZBE. Algo parecido se podría decir de La Llanilla, que también queda al margen.
Otro argumento para el retraso en la aplicación de las sanciones para los vehículos contaminantes es que la contaminación, en términos globales, incluso se ha reducido en los últimos meses.
¿Cuántos días se superan los niveles de contaminación?
Más aún: la alcaldesa ha sentenciado que la Zona de Bajas Emisiones no se aplicará en Guadalajara si no hay contaminación que lo requiera. Según Alguacil, a la vista de los datos existentes por las mediciones del sistema implantado en la ciudad, «serían 5 ó 6 días al año».
Para tomar esa decisión de restringir el tráfico se toman los datos medios de los tres días previos, de 5 de las 9 estaciones de medición de la red instalada por el Ayuntamiento. ¿Por qué no todas? Porque la referencia es sólo de las que están dentro de la Zona de Bajas Emisiones y, también, cerca de su perímetro. Lo decisivo serán las partículas en suspensión: cuando se superen los 300 microgramos por metro cúbica, se pondría en marcha el dispositivo. Y no sólo por la contaminación de los coches, sino eventualmente también por el polvo en suspensión de la calima.
La consecuencia inmediata de este nuevo planteamiento es que los letreros actuales, que llevan años plantados y visibles, ya no valen. Se habrán de sustituir por paneles luminosos que puedan alertar a los conductores de las circunstanciales y muy limitadas restricciones.
Otro de los aspectos que ha pesado en este nuevo giro de los acontecimientos es evitar «medidas desproporcionadas e innecesarias» que afectan, además, de forma muy clara a la actividad comercial del centro.

