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12 julio 2024
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No seas imbécil: lo de «hacer callo» con el sol es una barbaridad

Lo de "hacer callo" al tomar el sol es una moda y una barbaridad. La exposición gradual sí va a favorecer la síntesis de la melanina y nos pondremos morenos, generando una cierta protección... que no nos exime de seguir siendo prudentes con el bronceado.

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En los últimos días se ha puesto de moda en redes sociales lo ¡hacer callo’ con el sol: tomar el sol sin ningún tipo de fotoprotección con la que pretensión de que la piel haga una especie de callo y que, supuestamente, consiga resistencia al sol y así conseguir un bronceado más natural e instantáneo. Como cualquier persona con un mínimo de sentido común puede deducir, esta tendencia viral es una auténtica bomba para la salud ya que aumenta el riesgo de cáncer de piel y el fotoenvejecimiento.

La errónea teoría sostiene que si se exponen reiteradamente a la radiación ultravioleta, conseguirán crear tolerancia y tener una piel más resistente. «Cuando nos exponemos a la radiación ultravioleta se producen una serie de respuestas en nuestra piel: inflamación, engrosamiento de la piel y se produce más melanina (y esto hace que nos pongamos morenos). Cuando hay más melanina en nuestra piel, esta nos aporta cierta protección a las células, pero para que se produzca el aumento de melanina nos hemos tenido que exponer a la radiación UVB, que es la más dañina para ellas, y esta radiación necesariamente les habrá producido un daño», explica la dermatóloga del GEDET (Grupo de Dermatología Estética y Terapéutica) de la AEDV, la doctora Inés Escandell.

Por ello, señala que «buscar activamente el ‘callo solar’ irá asociado a un gran daño para las células, y eso a largo plazo se manifestará en forma de fotoenvejecimiento y de un aumento de riesgo de cáncer cutáneo». Uno de los argumentos esgrimidos por los seguidores de esta peligrosísima tendencia es que los animales se exponen continuamente al sol sin protección y no les pasa nada.

Ante esta afirmación, la experta señala que «la piel de la mayoría de los animales tiene unas características distintas a las de los humanos». «Si dejamos los reptiles y las aves que son aún más diferentes y nos centramos en los mamíferos, muchos están cubiertos por pelo terminal en toda su superficie corporal que les protege enormemente de la radiación, especialmente aquellos que de manera natural están adaptados a vivir en zonas de mayor insolación», explica.

Este tipo de propuestas que suelen apelar al «se ha hecho siempre» no tienen en cuenta un cambio fundamental que ha sufrido el género humano en las últimas décadas: la supervivencia ha aumentado enormemente, apunta la experta. «Vivimos más y queremos vivir mejor, y exponernos al sol sin protección a ciertas horas, especialmente si tenemos un fototipo claro, aumentará el riesgo de cáncer de piel a medio y largo plazo», argumenta.

Ni siquiera tomes el sol al mediodía

No hay una respuesta general, porque no todas las zonas geográficas tienen la misma intensidad de radiación, pero, según la dermatóloga, una regla común podría ser tener en cuenta que «lo más útil es exponerse en las horas en las que la intensidad de UVB y UVA es menor, y esto en verano se corresponde con las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde».

Si toca exponerse al sol a horas especialmente intensas (entre las 11 am y las 18 pm) es aconsejable utilizar fotoprotección con un factor 50+, y, si se va a estar carca del agua o haciendo actividades, debe ser resistente al agua. Si se siguiera exponiendo tocará reaplicar cada dos horas. Además, también son esenciales las prendas de vestir: gorros, gafas, camisetas, etc.

«La exposición gradual sí va a favorecer la síntesis de melanina (nos pondremos morenos) y eso genera cierta protección a nuestra piel para las quemaduras o el daño agudo, pero no elimina el daño a largo plazo de sufrir cáncer cutáneo y por supuesto, fotoenvejecimiento», advierte la dermatóloga del GEDET.

Por último, añade que «el uso de ciertos antioxidantes en comprimidos o cápsulas sí se ha relacionado con un menor daño tras la exposición a la radiación, por lo que en muchos casos podría ser una estrategia interesante, pero que además debe ir acompañada de una dieta rica en antioxidantes procedentes de los alimentos (verduras, frutas, legumbres, cereales integrales…), y por supuesto, del fotoprotector SPF 50+».


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