Lo de los coches que arden hasta quedar achicharrados empieza a ser una costumbre frecuente y preocupante.
Como no hay que creer en la combustión espontánea y tampoco hay dos casos iguales, lo que nos queda es desear que siempre se salden sin desgracias personales.
Y que luego se pueda hacer una investigación adecuada, sacar las consecuencias debidas y que todos podamos llegar a conocer la estadística de si es un fenómeno que afecta más a los vehículos de gasolina, gasóleo, híbridos o eléctricos. Sería bueno saberlo.
El caso que ilustra estas líneas, ocurrido en la CM-10, junto a la capital, fue resuelto por la Policía Local y por los Bomberos de Guadalajara.
Todo quedó en los estrepitosos daños que se comprueban y hasta la próxima.



