«No te rindas hijo mío, aguanta un poco más» es una de las frases más machaconamente repetidas en la letra de una canción que acompaña los mítines de Vox por toda España. Los concentrados para ver a Abascal el 7 de noviembre de 2026 estaban lejos del desaliento.
También se podía percibir eso este sábado incluso a través de la retransmisión por Internet, que concentró ante smartphones y ordenadores a más de 2.500 espectadores simultáneamente. A ellos hay que sumar los 1.850 del aforo teórico del auditorio «Pedro Díaz», en el Barranco del Alamín, que es donde se celebraba el mitin de este sábado.
Abascal esperó para entrar al recinto unos cuantos minutos, hasta las 12.16.




Era el momento para que las banderas rojigualdas de plástico repartidas entre los presentes ondearan con la máxima energía. Ninguna de ellas mostraba escudo alguno, ausencia que a buen seguro abarata su producción en serie y que, habrá que suponer, no encierra ningún mensaje subliminal en sí mismo, por la omisión.
«Vive feliz que todo pasa» se leía en la espalda de un seguidor, impreso en una camiseta blanca. Podría ser un buen resumen de la actitud general, en la acelerada cuenta atrás de las elecciones del 29N.
Sorprendentemente, al líder de Vox no sólo se le pidieron selfies, que concedía: también firmó autógrafos, esa costumbre que nació en Estados Unidos hace un siglo y que actualmente parece sólo reservada para los héroes deportivos. Entre fotos, abrazos y firmas bajó los escalones hasta el pie del auditorio; lo hacía seguido de cerca por guardaespaldas con ostensibles auriculares blancos, nada de discretos pinganillos.
Ceuta y Pedro Sánchez
Como precalentamiento, toda la tribuna se unió al grito de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende». La siguiente consigna generalmente coreada fue la que alude a la madre de Pedro Sánchez como definición del presidente del Gobierno. Y, como tercera frase, ese «Santi presidente» que resumía el deseo sus seguidores.
Ángel López Maraver y Santiago Abascal accedieron al atril después de una amable introducción a cargo del diputado regional Iván Sánchez, que también es el presidente provincial de la formación.
López Maraver habló, expresamente, de «dar un patada en el culo» a los que entran irregularmente en España y así devolverles a sus países de origen. Además de clamar, un par de minutos después, contra el «fanatismo climático» y la Agenda 2030, de la que no tantos se acuerdan tras tantos escándalos políticos en España.
Un Abascal sin miedo a la afonía
A las 12.42, Santiago Abascal (de polo ajustadísimo y cuello cerrado, marcando cuerpo bajo el tejido de color azul) accedía al escenario para fundirse en un abrazo con el candidato a diputado por Guadalajara quien, además, es su jefe de gabinete.
«Manifiesto mi respeto a los votante del PSOE», llegó a decir Santiago Abascal entre el silencio general. Acto seguido no diría lo mismo de la militancia socialista, los que gritaron «Óscar, Óscar, Óscar» en Valencia, la víspera.
A partir de ahí, un discurso destinado a asomarse a las pantallas de televisión, en forma de extractos, al menos en los telediarios del día. Porque mañana ya no será hoy en esta precampaña electoral marcada por Urda y otras tragedias.
«Me gustaría vivir en un país tranquilo» y en el que «no tenga que llamar mafia criminal al Gobierno», apuntó en un momento determinado este Santiago Abascal formalmente moderado desde un atril en Guadalajara el 7 de noviembre de 2026, sin los ardores oratorios de otros tiempos.
Casi susurraba Abascal cuando habló de «reemigración» y, en paralelo, aseguraba no tener nada en contra de los que llegan sin papeles, atraídos, recalcó, por las estrategias del Gobierno… para acto seguido pedir la expulsión de los que delinquen e, incluso, de los que viven de la natalidad que les facilita el recibir ayudas. «Ha venido demasiada gente y vamos a sacar de España a los que no tienen que estar en España», zanjó, rotundamente.
«Este tío es muy desagradable, pero es un mindundi», esgrimió después, en referencia a Sánchez y como valoración implícita del potencial éxito de un nuevo Ejecutivo, integrado por Vox.
Levantó la voz el líder de Vox más que sobre cualquier otra cosa contra el velo islámico y la inseguridad en la calle y, ya embalado, en apoyo también de los autónomos y los agricultores (víctimas de «un Gobierno traidor» y de las políticas de Bruselas).
Aun así, la nueva actitud de no gritar ante el micrófono fue la norma general en toda su intervención y le asegura llegar al 29N sin romperse la garganta y, muy probablemente, captando todavía más votos del electorado que tradicionalmente estaba adscrito al PP, menos amigo de las estridencias.
Todo se verá pronto. El sábado, lo descrito es lo que se ha visto en el Barranco del Alamín. Esta vez, sin una sola alusión al Partido Popular, por si alguien lo dudaba.
A las 13.17, tras un sonoro «Viva España» del interviniente marcaba el final y daba paso al himno nacional, con el que acababa la cita, con buen tiempo y a 22 días de las urnas.

