Augusto González Pradillo.

«El PP de Castilla-La Mancha proclamará mañana sus candidatos en las cinco capitales, en Talavera (Toledo) y en Puertollano (Ciudad Real) de cara a las elecciones municipales del año que viene». El pequeño problema para el PP es que, aun siendo cierta la noticia, no es de ahora, sino del 20 de julio de 2006.

En coincidencia con lo que ahora ocurre, hace 16 años también gobernaba el PSOE en el Ayuntamiento de Guadalajara y, del mismo modo, lo hacía en minoría. Por aquel entonces, Jesús Alique encontró el apoyo, por decirlo de alguna manera, de Jordi Badel, a su izquierda.

Alberto Rojo se encontró en 2019 que el mismo partido que trajo de cabeza a Román en su último mandato se le abrazaba, con otros concejales pero con el mismo son, para facilitarle una mayoría que han mantenido incólume cuatro años. Ataques de nervios ocasionales aparte, claro. Es uno de los mayores méritos que se puede atribuir al antiguo alcalde de Hita, penúltimo delegado de la Junta y posible futuro re-alcalde de Guadalajara gracias, entre otros factores, a la incomparecencia de su rival.

La incapacidad del PP para dar a conocer un candidato a la Alcaldía es todo un síntoma. Un mal síntoma para sus opciones, si es que hay que aclarar el matiz.

Con Jaime Carnicero y sus más cercanos sin perspectiva de medallas ni de reconocimientos gloriosos, cualquiera puede comprender que su desempeño en el campo de batalla haya sido, a lo sumo, estratégico. El que creía que se jugaba el puesto lo hacía desde la Plaza de Moreno y se llama Alfonso Esteban: ha permanecido como portavoz en la Diputación durante todo este tiempo entre la indiferencia general, que es lo que provoca la institución provincial, incluso entre los periodistas.

Con el curso de los meses, tras tantas indecisiones, con los plazos reiteradamente incumplidos y sin que nadie diera explicaciones sensatas al desbarajuste, el único que ha mantenido el rostro barbado de Pablo Casado ha sido Paco Núñez, que se asimiló al paisaje cuando a algunos de Génova y sus aledaños les dio por dejar de afeitarse, como aquellos de la revolusión cuando se echaron a los montes de Sierra Maestra. ¿Pero alguien se acuerda ya de Pablo Casado? Caído el jefe, la barba permanece.

A Paco Núñez en Génova, 13 le conocen bien. Lo cual no es bueno ni malo sino todo lo contrario, porque lo que desean los estrategas de la Corte (la de Feijóo) es que el de Albacete no se equivoque y, si fuera posible, que no desafine. Con su barba casadiana bien tupida, el presidente regional del PP se puso en primera posición de saludo cuando se produjo el relevo por asonada tumultuaria y todos han aceptado que ya que está, que siga por donde para, que es en Castilla-La Mancha cuando no se asoma por Madrid.

En Madrid, precisamente, en la triunfante Comunidad de Isabel Díaz Ayuso, es donde ha encontrado refugio y reconocimiento Silvia Valmaña, después de largos meses de dar clases en Cuenca tras su fallido intento de ser alcaldesa de Cifuentes. Algunos la quieren como candidata para la capital, aunque ella lo niega con vehemencia, sea eso lo que realmente signifique. Pero su nombre se baraja, como ya se hizo con Itziar Asenjo e incluso se hace con Armengol Engonga, ahora que en casa de Antonio Román parecen tranquilos, en la convicción de que esta vez pasará de ellos este cáliz. Con lo agradable que es ser senador, casi con horario de oficina.

Pensará el lector que para cuándo desvela este periodista el nombre del candidato del PP a la Alcaldía de Guadalajara. ¿Realmente eso es lo importante para el caso?

Aquí, de lo que se escribe y de lo que se lee es de las ocasiones perdidas. Los nombres propios son, una vez más, mucho más secundarios que lo que la ambición, la soberbia o la simple necesidad propician.

Hace un año, el mayor temor en el PP era el sorpasso municipal de Vox en Guadalajara, como ya ocurrió en las pasadas generales. Porque la capital de la provincia es de derechas hasta las trancas incluso cuando algunos creen que hacen política de izquierdas arrimándose a los curas, ya sea para firmar un convenio o para llevárselos a los toros. De aquel 7/6 que se barajaba ya nada queda. Vox es un futurible anclado al pasado, lo cual no deja de ser pura ironía.

Ahora, de las pocas esperanzas que pueden tener los concejales del PP y su innominado líder o lideresa es que el PSOE siga tan empecinado con arrasar cualquier fuga de votos a su izquierda que esos, los vecinos afines a la izquierda auténtica, terminen por irse al fútbol o a pasear a la prole el domingo de la votación en vez de taparse la nariz ante las urnas. La estrategia de comerle la moral y la fama al único concejal de Aike o ese estar a la espera de que el nuevo nombre de Unidas Podemos (¿usted le conoce?, ¿usted le reconoce?) no sirva más que para llevar votos al portal como pastorcillos de Belén en Navilandia es, de puro radical, muy temeraria o todo un alarde visionario. Pues eso: ya se verá.

De los restos de Ciudadanos y de su naufragio sólo hay que esperar a confirmar con qué cara se presentan y cuántos votos pueden arañar, si es que encuentran a 25 ciudadanos, con minúsculas pero con mayúsculo valor, dispuestos a entrar en la candidatura. Esos restos poco restan, ni en el sustraendo ni en el minuendo. Y con los responsables nacionales haciendo el ridículo a tiempo completo, menos.

Con todo lo cual, llegaremos a la conclusión que cosas como estas pasan por no sacarla a tiempo. La candidatura, que es de lo que hablamos. Sin groserías… que esas, ya las hacen otros con denuedo sin par.

Aquí ya sólo nos toca recordar que hubo un tiempo, en víspera de victoria electoral, en que el candidato ya se conocía con un año de antelación.

Decían que los de derechas eran gente seria y de orden. Vaya desorden.


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