Cuidar la salud cardiovascular durante la mediana edad podría tener un impacto importante también sobre el cerebro. Esa es una de las principales conclusiones de una investigación publicada en Neurology Open Access, revista de la Academia Estadounidense de Neurología, que ha analizado durante décadas la relación entre determinados factores vasculares y los años de vida libres de demencia.
El estudio siguió durante una media de 26 años a 12.409 personas, con una edad media de 56 años al comenzar la investigación y sin antecedentes de demencia. Los investigadores centraron el análisis en tres factores de riesgo: hipertensión arterial, diabetes y tabaquismo.
Casi 13 años de diferencia
Los resultados dibujan una diferencia especialmente llamativa. Las personas que no tenían ninguno de los tres factores analizados alcanzaron una media de 30,1 años sin demencia desde el inicio del estudio. En el extremo contrario, quienes presentaban los tres factores registraron 17,5 años de vida sin desarrollar la enfermedad.
La distancia entre ambos grupos se aproxima así a los 13 años. Durante el seguimiento, 3.008 participantes desarrollaron demencia, mientras que otros 5.238 fallecieron sin haber sido diagnosticados con la enfermedad.
Para los investigadores, los datos refuerzan la importancia de actuar sobre los factores de riesgo que pueden aparecer durante la mediana edad, especialmente cuando se busca preservar durante más tiempo la memoria y las capacidades cognitivas.
Presión arterial, diabetes y tabaco
En el estudio, se consideró hipertensión una presión arterial superior a 140/90 mmHg o el tratamiento con medicamentos destinados a reducirla. Junto a la diabetes y al consumo de tabaco, este factor permitió establecer distintos niveles de riesgo vascular entre los participantes.
El autor principal, Josef Coresh, de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, destaca que prevenir estos factores puede ser una vía relevante para retrasar la aparición de la demencia en una población cada vez más envejecida.
El análisis también encontró diferencias por sexo y raza. Las mujeres vivieron más años sin demencia que los hombres en todos los niveles de riesgo estudiados. Asimismo, los participantes blancos presentaron más años libres de demencia que los participantes negros, una diferencia que los autores vinculan a distintos patrones de esperanza de vida y aparición de la enfermedad.
Un estudio que no prueba causa y efecto
Los investigadores introducen una cautela importante: los resultados muestran una asociación, pero no demuestran que evitar directamente la hipertensión, la diabetes o el tabaco sea la causa de que la demencia aparezca más tarde.
Además, los tres factores de riesgo se midieron en un momento concreto. Por ello, el trabajo no permite determinar con precisión qué efecto podrían tener los cambios posteriores en la presión arterial, la diabetes o el hábito de fumar.
Pese a estas limitaciones, los autores consideran que los resultados respaldan una estrategia preventiva centrada en la salud cardiovascular durante la mediana edad. Controlar la presión arterial, mantener una glucosa adecuada y abandonar el tabaco aparecen así como medidas relevantes dentro del conjunto de hábitos destinados a proteger la salud cerebral a largo plazo.

