En invierno, Suiza es nieve, nieve, nieve... y mucho más que nieve.

Texto: Enrique Sancho

Suiza ha levantado las restricciones que tenía hacia sus viajeros y ya no es necesaria la cuarentena de diez días vigente desde hacía meses. Por supuesto, el país mantiene las medidas de seguridad habituales para garantizar una estancia saludable y segura, que pueden consultarse en este enlace.

La llegada del invierno convierte a Suiza en la idílica imagen que tenemos de este país. Las primeras nieves comienzan a cubrir las montañas, las estaciones de esquí se preparan para acoger a los amantes de los deportes de invierno y las ciudades ultiman los detalles para inaugurar los primeros mercadillos de Navidad.

Suiza es un país con un fuerte arraigo en tradiciones y costumbres locales, siendo el invierno una de las épocas más prolíficas en festividades populares. Pero sus habitantes son también ingeniosos y creativos y ofrecen propuestas originales en cada parte del país para todos los gustos, incluso para aquellos que no piensan calzarse unos esquís. Estas son diez (más una) de las más originales.

Paseo con raquetas, baño caliente y fondue

El plan comienza en Göschenen con un paseo por el bosque con raquetas de nieve disfrutando de la belleza del paisaje y del silencio solo interrumpido por el crujir de la nieve y acompañados por un guía experto. Para reponerse del ejercicio, les espera una tina de madera al viejo estilo con agua caliente en la que tomar la primera copa bajo el cielo estrellado y con vistas al glaciar Damma. Se completa la experiencia, como suele ser habitual en Suiza, con una buena fondue de queso en un establo alpino.

Deslizarse en trineo por la pista más larga de Europa: 11 km.

La pista para trineos Big Pintenfritz que une Faulhorn y Grindelwald Oberäll pasando por Bussalp es una de las más largas de Europa con sus 11 kilómetros de recorrido y salva un desnivel de 1.350 metros. Aunque es bastante rápida, vale la pena frenar de vez en cuando para disfrutar de las preciosas vistas del Eiger, el bosque nevado y con un poco de suerte, los ciervos en la linde del bosque. Los trineos se pueden alquilar en Grindelwald o en la estación de montaña First.

Dormir en una cueva de 120 millones de años

Hölloch se encuentra en el Muotathal y es el sistema de cuevas más grande de Europa. No importa si hay una tormenta de invierno o si la luna brilla, aquí abajo se entra en otro mundo seguro a una temperatura constante de unos 6 grados, con más calor que allá arriba, en la nieve que hace bajo cero. En el eterno silencio del inframundo, lejos de la civilización, se pueden apreciar las inmensas dimensiones de esta gigantesca cueva con más de 200 kilómetros explorados. Durante dos días los aventureros se sumergen en las profundidades de Hölloch y se despiden de la vida cotidiana. Dentro de ella se aprecian hermosas estalactitas, formaciones rocosas de más de 120 millones de años de antigüedad. Pasarán la noche en un vivac confortablemente equipado, donde disfrutar de una fondue y una zona confortable con agua corriente en la cocina, baños (aunque especiales y lugares cómodos para sentarse y acogedores para dormir con un aislamiento óptimo.

Paseo invernal con huskies, lamas o yaks

Si te gustan los animales, te encantarán los huskies, cariñosos, obedientes y con unos preciosos ojos azules. Pero lo más importantes es que son perros de competición, que han participado en muchas carreras en Europa. Durante una o dos horas, el musher profesional muestra a los huéspedes cómo conducir un trineo. Después de que los perros y los visitantes se hayan olfateado lo suficiente, los animales corredores salen a pasear y se disfruta un momento único en el que se descubre la velocidad, la fuerza y la resistencia de los perros de trineo viajando como conductor o pasajero. Otra opción menos conocida es hacer el paseo con lamas que son atentas, cuidadosas y tan suaves como un peluche… aunque de cerca no tienen nada de juguete, ¡son enormes! Con la silla montada y el equipaje bien atado, comenzará un paseo delicioso por los bosques y prados nevados de Brienz. Sin duda, el aire fresco del invierno y el trote enseguida abrirán el apetito. No hay mejor momento para disfrutar de una deliciosa fondue alrededor del fuego, que pondrá el sello perfecto para la excursión con las llamas. Si se busca una experiencia aún más excitante y sentirse casi como en el Himalaya, se puede hacer una travesía acompañados de yaks. La experiencia aporta a toda la familia una gran bocanada de oxígeno y permite disfrutar de la naturaleza.

Bucear bajo el hielo

Bajo la superficie helada del Lago Lioson se puede disfrutar de un espectáculo realmente mágico. El lago domina Les Mosses y es una joya entre los lagos alpinos. En invierno queda cubierto de hielo y nieve, como si estuviera dormido. Sin embargo, por debajo de la capa de hielo se oculta todo un espectáculo de la naturaleza. Los visitantes podrán sumergirse debajo del hielo, para bucear con el acompañamiento y la instrucción de expertos. El agua es cristalina y los buceadores podrán admirar el prodigioso juego de luces del mundo helado. Descubrirán burbujas de hielo e incluso podrán nadar rodeados de peces. Y, al terminar la estimulante aventura acuática, los buceadores podrán recuperar fuerzas alrededor de una fondue en el restaurante Lac Lioson, donde recordar y compartir las experiencias únicas de la aventura.

Siéntete como un esquimal y construye tu propio iglú

Construye tu propio iglú de hielo y pasa la noche en él, lejos de los pueblos y la civilización, una noche de invierno que nunca olvidarás. Partiendo de la estación del valle de Pischa, en el pueblo de Davos y con su telesilla se asciende hasta los 2.482 metros. Los aventureros marchan hacia lo alto del valle Flüelatal y se dirigen hacia el lugar de construcción y el campamento. Allí, el descanso de la noche debe ganarse con trabajo duro: los huéspedes construyen sus propios iglús. El guía experto de la ruta muestra a los huéspedes trucos y habilidades: es asombroso lo simples que son y lo bien pensadas que están estas casas de nieve. Cuando todo está hermético y el viento ya no sopla a través de las paredes de nieve, se sirve una fondue reparadora. Finalmente, todos arman su lugar para dormir esa noche en el iglú, apartados de las masas, lejos de la civilización, en medio de la naturaleza, en la cumbre de la montaña. Pero si no te animas a construir el iglú tú mismo, siempre puedes dormir en uno de ellos en el pueblo iglú de Gstaad, donde se podrá descandsar en los sacos de dormir de aventura resistentes a las temperaturas de invierno y con las pieles de oveja. Cada uno tiene una presentación distinta, perfecta para momentos especiales: casas de hielo de todos los tamaños, para parejas, familias y grupos de hasta 6 personas. Las instalaciones de la aldea de iglús incluyen un jacuzzi y no puede faltar una buena fondue.

Pesca sobre el hielo en el lago Melchsee-Frutt

Siguiendo con las vivencias de los esquimales, una experiencia divertida es pescar, o tratar de hacerlo, sobre hielo a través de un pequeño agujero. En los lagos helados Melchsee o Tannensee es posible practicar un agujero bajo la supervisión de un guía y tratar de capturar, con algo de suerte, un magnífico pez, grandes truchas y truchas alpinas, que suele acudir atraídas por la luz exterior. En cualquier caso, permite escapar del estrés cotidiano y gozar de una grata tranquilidad en medio de un paisaje espléndido.

Skicross con la campeona mundial

Villars-sur-Ollon es el lugar de origen de la esquiadora acrobática Fanny Smith, lo que ha convertido esta estación de esquí de Vaud en un lugar inmejorable para practicar el esquí cross. Curvas impresionantes, desniveles y saltos llevan al límite a ambiciosos esquiadores y snowboarders. Con una longitud total de 1.000 metros, el recorrido da la oportunidad de poner a prueba las propias capacidades y mejorarlas. Exactamente como hizo en otro tiempo Fanny Smith: aquí aprendió los principios básicos que la convirtieron en la mejor esquiadora acrobática del mundo.

Sobrevolar el valle como un águila

Volar sobre los valles y montañas nevadas es una experiencia inolvidable. En Suiza se puede hacer de varias formas. En Grindelwald First, la aventura espera a los amantes de la adrenalina aérea: acostados boca abajo, se deslizan en una especie de tirolina en la que se llega a “volar” a 80 kilómetros por hora liberando la adrenalina. Un vuelo más placentero puede ser hacerlo en parapente biplaza. Con un piloto experimentado, los huéspedes despegan como pasajeros y vuelan como águilas sobre el elogiado valle Leventina observando el paisaje cubierto de nieve desde arriba y vivir emociones únicas.

Tomar una fondue en el telecabina

Ya vamos viendo que la fondue de queso no falta en casi ninguna de las propuestas divertidas que ofrece Suiza. Pero nada como disfrutarla en pareja en un teleférico a la luz de las velas en el columpio aéreo. Suiza es el país de los pioneros del teleférico y del queso. ¿La combinación de estas dos virtudes típicas? Comer una fondue en el funicular con todo lo que va con ella: vino blanco de Valais, té, aguardiente y un pequeño postre que están incluidos en el precio. El viaje nocturno con fondue dura una hora. El telesilla está equipado con mantas y pieles para que nadie pase demasiado frío y velas para hacer el paseo aún más romántico.

Excursión invernal para los más sibaritas

Si lo de la fondue en cualquiera de estas excursiones te sabe a poco y si el ejercicio te abre el apetito, para terminar esta serie de ideas una excursión de experiencias que combine ejercicio y gastronomía es la combinación perfecta. La propuesta lleva el extraño nombre de «senda dils gusts» que en lengua retorromana, significa «camino de los sentidos». Esta ruta de senderismo culinaria atraviesa el bosque y caminos invernales por las montañas de los alrededores de Flims. El camino se divide en tres etapas, de un restaurante a otro, y en cada ubicación se puede disfrutar de un menú para ir descubriendo las especialidades más típicas de la región. Desayuno con “Bündnerfleisch”, “salsiz”, queso de montaña y peras; almuerzo de capuns, ravioles de pera, sopa de cebada con o sin salchicha de la casa y gulash de ternera con polenta; merienda de Bündner Nussorte en vaso y café. En el camino, los excursionistas disfrutarán de idílicos paisajes nevados y de las magníficas vistas de la Garganta del Rin y descubrirán secretos y anécdotas sobre la cocina grisona.

¡Buen provecho!

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