Vista cenital de las instalaciones de Enagás en Yela. (Foto: Google Maps)
Vista cenital de las instalaciones de Enagás en Yela. (Foto: Google Maps)

Los españoles vivimos tiempos tan convulsos que la economía nos ha hecho olvidar la pandemia del COVID, como por ensalmo. Es tanta la preocupación por vernos sin productos básicos y por la escalada de los precios que la infección por el virus ha pasado, de golpe, a un segundo plano.

En lo energético, la provincia de Guadalajara es relevante por la producción eléctrica de la central nuclear de Trillo, que cubre por sí sola un 4% del consumo total español. Y, sin que muchos lo sepan, también tiene su importancia para que el gas natural llegue a todos los hogares. Es así desde hace 10 años, pero ahora ha cobrado nueva importancia.

En efecto, fue en 2012 cuando se puso en marcha el almacenamiento subterráneo de Yela, cerca de Brihuega, en las «alcarrias». O más bien, dentro de ellas y a considerable profundidad. En superficie, lo más conocido son los campos de lavanda, tan próximos. Pero la mayor riqueza está escondida.

Un «ritmo» repetido en Yela desde hace una década

Es Enagás la que administra el funcionamiento ordinario de esta instalación, en la cual durante el verano se inyecta gas comprimido en lo que desde hace millones de años ha sido un acuífero salino a más de 2.300 metros de profundidad. Esa gruesa capa de formación porosa y permeable, donde siempre estuvo el agua salada, está protegida por una gruesa franja de roca, impermeable. Es esa circunstancia geológica la que permite, llegado el invierno, la extracción continuada del gas antes almacenado, cuyo espacio es ocupado de nuevo por el agua, a través de los poros del acuífero. Y así se ha ido repitiendo el mismo ciclo desde hace una década.

Instalaciones en superficie del almacenamiento de gas natural de Yela, en Guadalajara.
Instalaciones en superficie del almacenamiento de gas natural de Yela, en Guadalajara.

Lo decisivo de Yela es el volumen de la operación y de su capacidad. España dispone de tres almacenes subterráneos para el gas natural: el más pequeño, el de Serrablo (Huesca), para 1.100 millones de metros cúbicos; el más grande, el «Gaviota», bajo el mar, cerca de Bermeo (Vizcaya), que acoge hasta 2.681 millones de metros cúbicos; y entre medias, el del subsuelo alcarreño en Yela, para 2.000 millones de metros cúbicos.

Más en concreto, según los datos del 23 de marzo de 2022, en Yela se contienen 9.185.649.794 kWh de gas natural. Teniendo en cuenta que el consumo medio en España para un hogar ronda los 5.000 kWh al año, se puede concluir que desde Guadalajara hay capacidad en estos mismos momentos para abastecer a 1.837.130 familias durante doce meses.

Los tres almacenamientos españoles están ocupados actualmente, y de forma conjunta, por encima del 60 por ciento, lo que –según las fuentes de Endesa consultadas por LA CRÓNICA– es un dato más que bueno, estando como estamos al final de la temporada de invierno. Aun así, como consumidores, mejor confiar que el suministro desde Argelia se mantenga, tanto ahora como pensando en en 2023. Las existentes son unas reservas que dan para 40 días de pleno consumo, aproximadamente.

A bote pronto, parece evidente que España necesita más capacidad de almacenamiento. El proceso para conseguirlo es laborioso. Valga como ejemplo el propio caso de Yela, donde los sondeos para verificar sus cualidades sísmicas empezaron en el ya lejano 1991. Y, en lo negativo, recuérdese el monumental problema que supuso «Castor», el que iba a ser el mayor almacén español, en el litoral de Castellón, y que terminó convertido en un escándalo político, económico y con deriva judicial tras provocar un millar de «microterremotos».

Por el momento, por tanto, España tiene bajo el suelo de Yela todo un tesoro. Y que dure.

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