Gante es en sí misma una obra de arte, como reflejan desde hace siglos las fachadas de sus edificios.

¿Acaso crees que la pandemia del COVID-19 va a durar para siempre? Salvo que seas un pesimista integral, más te vale empezar a hacer planes para cuando las fronteras se abran y podamos volver a viajar con una cierta normalidad. Por ejemplo… a Gante.

La ciudad que escuchó los primeros llantos del emperador Carlos V está de estreno este 29 de marzo de 2021. No se trata de un lunes cualquiera, ya que es el día elegido para abrir por primera vez al público el nuevo centro de interpretación ubicado en la catedral y que tiene un protagonista excepcional: el políptico de los hermanos Van Eyck.

Después de años de una esmeradísima restauración y de los también dedicados a la reforma del templo para dar mejor atención al visitante, se presentaba a la prensa internacional el pasado 23 de marzo todo lo conseguido. Ejercía de anfitrión Peter De Wilde, el máximo responsable de Visit Flanders, que es la oficina que promociona el turismo para la parte flamenca de Bélgica. A la babélica, por multinacional, rueda de prensa fue invitada LA CRÓNICA y de ella damos cumplida cuenta en este reportaje.

Ojos humanos, también, para el Cordero Místico

Gante es una ciudad para ver, vivir y revivir como todos los que la han caminado saben bien. Hasta ahora, sin embargo, su mayor tesoro no podía admirarse como merecía. El célebre Políptico de Gante se mostraba en una pequeña capilla, tan pequeña que del millón de turistas que se asomaban por la catedral de San Bavón apenas la décima parte contemplaba esta maravillosa obra de arte, una de las cumbres de la pintura occidental.

Nuestros ojos, ahora, lo tienen más fácil. Pero… ¿qué ojos puede tener Dios encarnado en el Cordero Místico? La pregunta no es capciosa. En su día, Van Eyck no tuvo dudas y lo resolvió de un modo sorprendente. Exactamente como ahora podemos volverlo a ver.

Durante siglos, los europeos que pasaron por Gante para contemplar su obra no pudieron saberlo, como consecuencia de una de las restauraciones sufridas por el famosísimo retablo. Este es uno de los muchos detalles, y no de los menos gratificantes, de lo conseguido con mucho esfuerzo… y dinero.

La restauración de 1550 ya escondió el 90 por ciento de la obra original, como destacaba el pasado martes el deán de la catedral. E incluso rectificó la posición de los ojos del Cordero Místico, originalmente frontales, como corresponde al Cristo humano, y que otras manos desviaron con pudor teológico.

El Cordero del Políptico de Gante como se ha visto durante siglos, con sus ojos dispuestos lateralmente.

El Cordero del Políptico de Gante como se ha visto durante siglos, con sus ojos dispuestos lateralmente.

El Cordero del Políptico de Gante, tras la restauración, con la disposición frontal de los ojos, como corresponde a su naturaleza humana, además de divina.
El Cordero del Políptico de Gante, tras la restauración, con la disposición frontal de los ojos, como corresponde a su naturaleza humana, además de divina.

Cinco siglos para llegar a este momento

“Por primera vez en 500 años estamos viendo el retablo como lo pintó Van Eyck”. “Es un milagro que aún exista”, resalta el responsable catedralicio. Y no exagera, a la vista de la peripecia de siglos sufrida por la obra y de la que ya hemos dado referencia recientemente en LA CRÓNICA.

Otro milagro, inesperado, es que el año Van Eyck esté durando dos: lo plantearon para el 2020, pero la pandemia se ocupó de forzar el cambio de planes y de ampliar, forzosamente, el calendario.

En todo caso, esta celebración es todo un ejemplo de movilización de una ciudad alrededor de un motivo concreto, con diversidad de productos inspirados en el retablo por todas partes: se venden quesos aromatizados con semillas al gusto de la época (hinojo, cilantro…) hasta toda una parafernalia de posibles souvenirs. También encontramos desde una galería de murales callejeros de altísimo nivel artístico a una exposición (que se clausura en junio) en la que se esfuerzan para desterrar la idea de que Jan Van Eyck tenía problemas con la perspectiva.

Una ciudad volcada en un retablo

Al recorrido, que con buen criterio mercantil empieza en la tienda, le han llamado “Seven Senses”, siete sentidos que incluyen olores, sabores y hasta un viaje en barca por los canales.

El retablo fue colocado en 1432 en una de las capillas de la catedral. Desde entonces, es la joya más preciada de Gante. A partir de 2012 se inició su restauración y, con ella, el proyecto de crear un centro de visitantes, para mejorar en mucho al disponible desde 1986. Para conseguirlo se eligió la cripta y, dentro de ella, dar un gran protagonismo a un sistema de realidad aumentada puesto en marcha en colaboración con Microsoft.

Desde este 29 de marzo se abre una nueva etapa, en la que también se incluyen recorridos especialmente pensados para familias con niños. De hecho, toda la catedral se ha tornado un espacio accesible para personas con limitaciones físicas, gracias a un ascensor en la torre, que une los cuatro niveles de la catedral. Atrás quedan cuatro años de obras.

Cuando sales de la cripta para llegar a la capilla del Sacramento ya estás preparado para contemplar el retablo como en su primer día, tal y como fue planteado: una impresionante pieza para un altar.

Realidad aumentada en el centro de interpretación de la catedral de San Bavón, en Gante. (Foto: Bas Bogaerts)
Políptico de Gante en su nueva ubicación. (Foto: Cedric Verhelst)
Políptico de Gante en su nueva ubicación. (Foto: Cedric Verhelst)
Políptico de Gante. (Foto: Cedric Verhelst)
Políptico de Gante. (Foto: Cedric Verhelst)
Centro de Gante, con la catedral siempre presente. (Foto: Bas Bogaerts - Visit Gent)
Centro de Gante, con la catedral siempre presente. (Foto: Bas Bogaerts – Visit Gent)

En puridad, la restauración del retablo aún no ha concluido. Ya están completados los paneles inferiores, los centrales y los laterales. A partir de 2022 se iniciarán los trabajos en los paneles superiores, una tarea que se estima puede durar hasta cuatro años de minuciosa restauración. Pero ya es mucho lo que podemos disfrutar… sobre todo cuando el virus lo permita.

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