La Torre de Comunicaciones, uno de los símbolos de Berlín, desde la terraza del novísimo Forum Humboldt en la primavera de 2023. (Foto: La Crónic@)
La Torre de Comunicaciones, uno de los símbolos de Berlín, desde la terraza del novísimo Forum Humboldt y con el reflejo de uno de sus cientos de monumentos. (Foto: La Crónic@)

Desde julio de 2021, Berlín ofrece un peculiar tesoro al viajero. Es casi todo él gratis para el visitante, aunque a los contribuyentes les haya supuesto rascarse el bolsillo sobremanera y, además, entretenerse durante años en una polémica muy intensa. Hablamos del Humboldt Forum, un monumento al carácter alemán más que simplemente un monumento.

Cuando llegas a Berlín con ánimo de entender esta ciudad tan inabarcable, las ocasiones de ver el continuo renacer de la capital de Alemania abundan. De eso ya hemos escrito en LA CRÓNICA y a ello nos remitimos, con los enlaces al pie de este reportaje.

Sin embargo, tanto los que ya visitaron esta urbe hace años como quienes la descubren por primera tienen ante sí el placer, y casi la obligación, de disfrutar durante varias horas de una experiencia única. Por el continente y por el contenido.

¿Por qué es tan único el Foro Humboldt?

Hay que ser una nación muy especial para hacer de este lugar concreto una sucesión tan vertiginosa de construcción y demolición. Con los Hohenzollern reinando cinco siglos y al frente del imperio alemán tras la victoria de 1871 contra Francia, aquí se enriqueció hasta el summum el Palacio Real… hasta el desastre que, tanto para el país como para propia casa real, supuso la derrota de 1918.

Fue aquí también, frente al palacio, el 9 de noviembre de aquel año, donde Karl Liebknecht proclama la república socialista ante una muchedumbre enfervorecida.

¿Qué hacer con esta imponente mole a partir de entonces? Hasta un albergue de estudiantes o un comedor público llegó a contener en su inmensa superficie, que soportó como pudo tanto los avatares de la República de Weimar como el marasmo suicida del régimen nazi. Peor suerte corrió bajo las bombas de los aliados, que lo arrasaron en gran medida.

Los gobernantes de la RDA nacida de las cenizas de la guerra bien pudieron restaurarlo, pero optaron por convertirlo en un colosal ejemplo de propaganda política con su voladura total en 1950. Sobre el solar, los dirigentes comunistas levantaron dos décadas después un edificio anodino y también enorme, como sede del gobierno de la RDA. El poder sucediendo al poder y llenando el aire de fantasmas.

Como la historia no podía acabar ahí –pues hablamos de Alemania y de su aplicación metódica de la teoría del eterno retorno nietzscheano– el acristalado edificio de la RDA duró poco más que el Muro, tras su caída. Dejado a su suerte, a su mala suerte, el inmueble se fue arruinando lo suficiente para que en la Alemania reunificada se fuera gestando una idea, de nuevo radical: derribar el mamotreto y levantar, de nueva planta, un nuevo palacio. Todo nuevo y a estrenar.

Y ahí llegó, como era previsible, la discusión. Incluso apasionada discusión para los cánones germánicos.

Con su inauguración el 22 de septiembre de 2021 terminaba la fase de críticas al proyecto, recelos y protestas que se habían mantenido por variados motivos durante toda su (re)construcción.

Las discrepancias más sostenidas en el tiempo fueron por el presupuesto, que superó los 680 millones de euros. También por el proyecto arquitectónico, que recrea en parte el palacio original, aunque deja rienda suelta también a la vanguardia más funcional, con agradecimiento eterno al italiano Franco Stella, autor de esta maravilla.

Idas y venidas abundaron para decidir si la cúpula podría estar coronada, como en su tiempo, por una cruz cristiana (mire el lector las fotos para conocer el desenlace). Y, de postre, muy presente la creciente disputa, material y moral, sobre dónde deben estar los fondos procedentes de las antiguas colonias.

Un preámbulo el de este reportaje tan agotador como todo lo que ha rodeado durante muchos años a su construcción, por lo que cabe preguntarse: ¿Ha merecido la pena? Indudablemente, sí.

¿Qué ofrece el Foro Humboldt al visitante?

Al Humboldt Forum, o al Foro Humboldt como bien podemos llamarle en castellano, se llega cómodamente andando desde lo más céntrico de Berlín. Si lo hacemos desde alguna zona más alejada, una recentísima estación del metro nos deja a escasos metros de la puerta principal. O de su media docena de accesos, para ser más precisos.

Una vez dentro, impresionan tanto el Schlüterhof como el Passage, el amplio soportal que sirve de conexión a lo largo del edificio. Es en el vestíbulo de la planta baja donde, después de recorrer con la vista sus apabullantes dimensiones, podemos pedir información en sus amplios mostradores, atendidos por un personal de lo más amable y eficiente.

A propios y extraños les atrapa la atención el «Cosmógrafo», que es como se conoce a la torre de 17 metros de altura que es en sí misma un espectáculo que cambia a cada momento. Mejor verlo que explicarlo.

A partir de ahí, cada cual puede adentrarse como mejor considere por las múltiples exposiciones permanentes:

• En la planta baja, la sala de esculturas –coherentemente llamada Skulpturensaal– con las figuras originales que se salvaron de la fachada del palacio.

En el sótano del palacio, el Schlosskeller, han quedado a la vista los restos del primigenio monasterio dominico y los cimientos del castillo que están en el origen del edificio. Muy curioso que se hayan mantenido algunos de los pilotes de madera que sirvieron para la cimentación, algo fundamental en una zona de suelo tan inestable como es esta.

• En la primera planta, la exposición Berlin Ausstellung para comprender de forma interactiva la evolución de Berlín.

El Museo Etnológico y Museo de Arte Asiático, corazón del Foro Humboldt

Si por algo destaca, museísticamente hablando, el Foro Humboldt es por estas impresionantes salas, que ocupan 16.000 metros cuadrados de la segunda y la tercera plantas. Y dentro de ellas caben todo el arte imaginable de China, casas ricamente decoradas de Oceanía, un trono del Reino de Bamum… y así hasta necesitar momentos de ocasional descanso, para seguir sorprendiéndonos entre barcas polinésicas y una panoplia casi infinita de material etnográfico. Son 20.000 piezas desde el quinto milenio antes de Cristo hasta la actualidad.

Como el cargo de conciencia por el colonialismo del siglo XIX es inevitable, no faltan las notas al margen en los paneles, especialmente en lo tocante a África. Allí, aunque sin un Conrad que lo novelase con un «Viaje al corazón de las tinieblas», Europa mostró una de sus más feroces caras.

En septiembre 2022 fue abierta otra de las grandes áreas expositivas, que es la dedicada a América del Norte, Central y del Sur, así como otra parte de la colección de objetos sobre Asia y África. Inevitable, al menos para los de una edad provecta, el recuerdo de las novelas de Karl May, aquel alemán que ilustró la imaginación de tantos jóvenes con los indios y los vaqueros en aquellas llanuras americanas que él nunca pisó.

Nosotros, en cambio, haremos bien en pisar sin prisa las salas de este renacido palacio y, como colofón, asomarnos a su terraza. Allí, un buen restaurante a precios asumibles nos reconfortará el alma y el cuerpo. Las vistas hacia el exterior, también. Y la visión cercana de la cúpula de la polémica nos permitirá incluso una sonrisa, entre irónica y condescendiente, para todos aquellos que dedican su tiempo más a enredar que a vivir. De esos que, como se comprueba, no conocen fronteras. El Foro Humboldt ha podido más que ellos.

Información útil para visitar el Foro Humboldt:

  • Todo sobre el Foro, en inglés
  • Se puede llegar al Foro Humboldt con los autobuses 100, 300 y N5, parada Lustgarten. La estación de metro más cercana, Museumsinsel, es completamente accesible.

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