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23 abril 2026
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Libros en la calle

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Llegado el 23 de abril, que el santoral dedica a San Jorge, la vida se nos llena de libros y dragones.

Al menos un día al año para emparentar la rauxa catalana con el auténtico seny, que es británico, entre rosas en las Ramblas y el St. George’s Day que nos recuerda la profesora de inglés de LA CRÓNICA.

Hasta en Guadalajara, arrasado solar de solares, los libros asoman por las calles en esta jornada que siempre se quiere amable y esperanzadora.

La víspera, un estudio (parece que científico) alertaba de que el uso precoz y constante de pantallas entre los niños ya no es que los atonte sino que los lobotomiza hasta lo más esencial de sus neuronas.

En Suecia, donde «los caballeros están casados con altas rubias de idioma blanco» como diría García Lorca, ya han arriado de forma definitiva la educación con las tablets y se vuelven al lápiz y al papel.

Y es precisamente con lápiz cómo tantos todavía leen sobre el papel. Subrayando palabras, anotando claves en los márgenes, echando anclas en las páginas para que los recuerdos no se pierdan y sea factible volver a posar la mirada en aquella frase o en aquel dato que te pareció importante. Náufragos en un mar de libros antes de que la desmemoria se apodere de tus recuerdos y de tu propia vida, que bien poco le importa a nadie.

En la única plazuela que le queda a esta ciudad, uno de los penúltimos libreros ha montado su tenderete.

En la espera de más clientes, los volúmenes se salpimentan con charla y chascarrillos sobre los títulos que se exponen, que te miran como pollitos en el nido en busca de auxilio para que les dejes contarte lo que encierran.

El problema no está aquí ni en los anaqueles de las casas, sino más allá: en las pantallas de los smartphones, sí, pero sobre todo en las de los televisores.

Ahínos da el ronroneo amaestrado de la rubia periodista, que embarra como cada día desde lo alto de la pared mientras intentas tomarte tu café sin más sobresaltos en la barra del bar. La misma prueba a la que someten las tertulias, todas, dedicadas al onanismo grupal en busca constante de recipendiarios para la causa… electoral.

¿Leer es aburrido? Eso es lo que se preguntarán muchos en un día como hoy ante el intento institucional de que los lectores más desleídos recuperen el hábito perdido. Porque muy perdido sí parece aunque las estadísticas se empeñen en lo contrario. ¿Andará metido en esto también Tezanos?

Sea como fue, en el año de Nuestro Señor de 2026 abundan los que no se acuerdan de lo que se siente al cometer el pecado de soñar mundos propios desde las palabras de otros.

Al menos hoy, pequemos con la arrogancia de quien no se resigna a posar en la almohada una cabeza vacía, como tantos cada noche.

Con más libros, más libres.

¿A que acojona? Pues supéralo y ponte a prueba.

Hoy, Día del Libro, es justo planteárselo.

Y mañana, si aún te queda valor, también.

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