Si bien sobre el papel la eurozona podría presentarse como un todo más o menos homogéneo; los países comparten moneda, están dentro -junto con países que no tienen como moneda el euro- del Acuerdo Schengen, lo cual ha creado la comunidad de naciones más grande del planeta sin controles entre las fronteras, que a su vez permite a los ciudadanos y residente legales moverse entre los distintos países firmantes con la misma facilidad con la que uno se movería por el interior de su propio país, y por si fuera poco incluso tienen un Parlamento, un órgano ejecutivo colegiado -la Comisión Europea- y Tribunales comunes y supranacionales con poder para obligar a los Estados a cumplir con una legislación común, lo cierto es que entre los distintos Estados existen grandes diferencias, lo que probablemente ayude a explicar los distintos ritmos de la recuperación, recuperación en la cual España se encuentra en los vagones de cola.

Los fríos números de Eurostat

 Más allá de las distintas interpretaciones que puede darse a los fríos e impasibles números, que pueden servir para atacar o defender una gestión y ser utilizados para crear previsiones para preparar planes de contingencia o invertir en plataformas de trading como easyMarkets -con una buena previsión y compresión de los riesgos siempre que se invierta, por supuesto-, o índices como el español Ibex 35 e incluso algunos otros extranjeros como el S&P 500 lo cierto es que los datos que recogen organismos como Eurostat, Oficina de Estadística de la Unión Europea, no dejan en muy buen lugar el estado actual de la economía española, a pesar de que algunos indicadores, como el del paro juvenil, se encuentran en mínimos desde la crisis del 2008 lo cual sin embargo todavía deja el paro de los menores de 25 años muy cerca del 30 por ciento, prácticamente duplica la media europea y nos sitúa como los segundos peores en este apartado tan sólo detrás de Grecia.

En el paro total España ofrece los peores números de la Unión, situándose el porcentaje de parados españoles en el 14,1 por ciento, por delante del 13,4 por ciento del caso griego y muy por delante del 9,2 por ciento de los vecinos italianos y de nuevo prácticamente doblando la media de la eurozona, algo que supone una losa para la economía española por varias razones; crea una masa de personas dependientes de las arcas públicas para subsistir con un mínimo indispensable y a la vez resta contribuyentes a las mismas arcas que se ya se encuentran muy tensionadas.

En cuanto a los datos de la inflación, una preocupación desconocida en España desde hace varias décadas, tampoco dejan a España en buen lugar, dado que nuestro país es el segundo en el que más crecimiento ha experimentado, ya que con un 6,7 por ciento esta se sitúa en sus niveles más altos en los últimos treinta años, sólo por detrás de la inflación de Estonia, con un 12 por ciento, Lituania, con un 10,7 por ciento y de Estonia, con un 7,7 por ciento, y muy lejos de la inflación de la vecina Portugal, país donde se quedó en un 2,8 por ciento. 

Recuperación, Transformación y Resiliencia

 Estos tres pilares son sobre los que el ejecutivo de Sánchez ha fundamentado su Plan de Recuperación para España, plan que por otra parte requiere de la llegada de los fondos europeos los cuales se irán destinando a proyectos articulados en cuatro ejes fundamentales; transición ecológica, transición digital -proceso en el cual se encuentran también inmersas las administraciones públicas mediante la Agenda Digital de España 2025, que entre otras cosas pretende reducir el coste de la burocracia ofreciendo accesos a servicios públicos mediante apps, siendo el objetivo más cercano el de ofrecer la mitad de los servicios públicos mediante este sistema para el año 2025-, la cohesión territorial y social -qué es uno de los caballos de batalla de los sucesivos gobiernos de la democracia- y la igualdad de género.

El Plan pretende realizar reformas estructurales que garanticen el crecimiento en el medio y en el largo plazo, y por supuesto lograr una recuperación lo más completa y rápida de la crisis actual, algo que por el momento, y atendiendo a los datos de las propias agencias europeas, no se está logrando.

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