Olmedo está a 147 kilómetros y a cuatro siglos de Madrid. La primera de las distancias es la más real y la más insoportable; el salto en el tiempo es mucho más evocador, tanto si se hace por tierras de Valladolid o en la capital de España. Te lo explicamos.
Para llegar a esta noble ciudad castellana Google Maps aconseja salirse de la autopista en Adanero y surcar mares de cereal por la N-601. La decisión parece inteligente, puesto que la carretera se presume rectilínea: los camiones con los que te vas topando no piensan igual. Obligado por los sucesivos estorbos de gran tonelaje y la propia prudencia a transitar a 80 por hora tras la caja del tráiler, al viajero le da tiempo a prepararse para lo que está por llegar… que es Olmedo.
A la Sociedad Municipal de Turismo y Promoción de Olmedo hay que agradecerle que todavía sea posible disponer de un plano de la villa ¡en papel!!!
Por el anverso se marcan los monumentos y el caserío, se propone un recorrido y se detallan los contactos de restaurantes, bodegas y alojamientos.
Por el reverso, se traza la semblanza histórica, en 20 pasos necesarios. El propio papel nos facilita, mediante 11 códigos QR, buscar más datos en el smartphone. En realidad, no es necesario.
El hombre, amable, que cuida del interior del Palacio del Caballero de Olmedo no se ofende cuando el visitante descarta acceder a la exposición, tan pretendidamente multimedia. Tampoco se hará un selfie en el exterior, delante o detrás del letrero que los propicia.


En realidad, la esencia del Olmedo inmortal está detrás de la barra de un bar, en la forma terrenal de una guapa camarera que no habrá cumplido aún la veintena: su amabilidad es sobria, habla un castellano sobrio, su sonrisa es franca pero sobria.
A Olmedo le va bien el carácter castellano, sin las zalamerías tan del gusto de otras tierras y de estos tiempos.
Cerca del bar no desfilan mercedarios. Tampoco turistas, bien es verdad. Estamos en septiembre del año de Nuestro Señor de 2026 y lo más frecuente es cruzarse con jubilados de las residencias del pueblo. Uno de ellos, especialmente perseverante, parece tener el don de la ubicuidad y se nos planta se manera se diría que milagrosa tras varias esquinas, empujando con pericia un tacataca.
Con el terreno tan despejado (puesto que los funcionarios hace ya un rato que han buscado sus casas, para comer) Olmedo se queda a la libre disposición del viajero, como una ofrenda de la España que un día fue.
Del antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced Calzada y actual Ayuntamiento no salen en estampida orondos religiosos sino trabajadores municipales, celosos del horario de su jornada laboral. Con ello, de paso, dejan la plaza despoblada y lista para fotografiarla sin posteriores remiendos de la IA.



A un par de cientos de metros, desde la Casa de la Villa enfilas hacia la Chancillería, recuerdo de aquellos pocos años en que la peste despobló Valladolid y llenó estas calles de sayones, jubones y, sobre todo, golillas.
Uno habría querido acogerse a sagrado por un rato en Santa María o incluso divagar de lo divino con alguna dominica del monasterio de la Madre de Dios. No pudo ser. Lo que sí esta al alcance de cualquiera, creyente o ateo, son las sombras hecha filigrana de cada sencillo ladrillo mudéjar de San Andrés o del muy venerado templo dedicado a San Miguel.
De hecho, Olmedo tiene a gala su Parque temático del Mudéjar. Su potencial interés se lo dejamos al lector, para que lo descubra por sí mismo, que no todo ha de ser trabajo del periodista.
Con las talanqueras de los encierros aún sin quitar en este día de sol y moscas, sólo habría faltado encontrarse a la sombra de alguna casa solariega con don Alonso, tan amigo de correr el toro.
Incompareciente en cuerpo mortal, el suyo inmortal anda ahora por un escenario y eso nos lleva, para completar nuestro viaje, a la Villa y Corte.
Olmedo, caballero en Madrid
El vínculo olmedano en la capital de España estará muy vigente hasta el 22 de noviembre, cuando echará el telón definitivo la adaptación –que está cosechando éxitos desde el 24 de septiembre– de la obra de Lope de Vega a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en el Teatro de la Comedia.
Es una renovada y esperada lectura de El caballero de Olmedo, firmada por la directora de escena Laila Ripoll. Este montaje se convierte en la gran carta de presentación de la creadora al frente de la institución pública, cargo que asumió en enero de 2025, apostando para ello por uno de los pilares fundamentales de nuestro patrimonio dramático.
La obra, concebida originalmente por Lope de Vega en 1620, combina con maestría el lirismo poético más refinado con la tensión de un destino trágico ineludible. Tras cosechar un notable éxito de crítica y público en su puesta de largo el pasado 2 de julio en la 49ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, la compañía recala ahora en Madrid para mantener en cartel este clásico universal.
Un clásico adelantado al Romanticismo
La directora ha subrayado durante la presentación que la pieza constituye un claro y fascinante precedente de corrientes estéticas posteriores. En declaraciones difundidas por el INAEM, la responsable de la escena nacional ha enfatizado que la melancolía del protagonista y la atmósfera sobrenatural anticipan rasgos propios del Romanticismo.
El montaje profundiza en los claroscuros de una pasión marcada por el fatalismo, donde el folclore y la tradición popular sirven de telón de fondo para una historia de amor y muerte. Los amantes del género lírico y dramático pueden consultar más detalles sobre la programación institucional a través de la web oficial de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, consolidando así la difusión del teatro barroco entre las nuevas generaciones de espectadores.
«El caballero de Olmedo» narra la trágica historia de don Alonso, un noble enamorado de la hermosa doña Inés.
- El amor secreto: Don Alonso ve a Inés en la feria de Medina del Campo y se enamora. Con la ayuda de su fiel criado Tello y de la alcahueta Fabia, logra conquistar a la joven, a pesar de que ella está prometida a don Rodrigo por deseo de su padre.
- La rivalidad: Don Alonso triunfa en las fiestas de toros, lo que despierta los celos y la profunda envidia de su rival, don Rodrigo. Inés, para evitar el matrimonio impuesto, finge ante su padre que quiere entrar en un convento.
- El desenlace fatal: A pesar de los malos presagios y advertencias de muerte, don Alonso emprende de noche el camino de regreso a Olmedo. Allí es interceptado y asesinado a traición por don Rodrigo y su amigo don Fernando.
- La justicia: Al enterarse del crimen, Tello acude ante el rey Juan II para denunciar los hechos. El monarca descubre la verdad y ordena la ejecución inmediata de los asesinos.



