Los de Guadalajara somos pocos y aún éramos menos hace décadas, cuando los que cometían (involuntariamente) el error histórico de nacer en la provincia emigraban en el capazo de su madre a vivir con el trabajo que el padre encontraba en Madrid o en Barcelona. Perfil machista el de aquella sociedad, ya se ve. Ahora no podríamos decir lo mismo. O quizá sí…

… porque andando el tiempo, las mujeres trabajan como leonas dentro y fuera de casa, junto con sus compañeros, deslomados todos sin que el robot quitapelusas nos alivie la condena y con muy pocas ganas de bailar la rumba por el pasillo. Ciudadanos libres ellas y ellos, según parece: el objetivo vital de intentar pagar las facturas con unos magros salarios se nos ha hecho universal, salvo que tengas empleo de político y amigos que te lo mantengan.

Los de Guadalajara ahora somos más que hace décadas pero, al igual que entonces, cuando hubo ocasión de recibir a gentes de fuera, crecimos en población con inmigrantes no por nuestro encanto castellano sino porque hubo fábricas donde ponerse un mono azul y ganarse el jornal. "Paulino Moreno", "Bressel", "Interclisa"… esos y otros nombres fueron más importantes para los alcarreños de los sesenta y los setenta que las andanzas por esos años de Don Juan (el rey imposible, no el galan rijoso de Zorrilla), o que los tejemanejes de los ministros del Opus, el famoso Contubernio de Munich, la Platajunta o la titubeante oposición al Régimen desde la clandestinidad. La gente, esencialmente, quería ganar y gastar. Ayer como hoy.

Pasados los Reyes Magos y su vorágine de consumo como si no hubiera un mañana; quemada la tarjeta de crédito hasta la incandescencia; contemplada la elefanta que portaba a Baltasar sin que el animalismo militante lo impidiera y dispuestos como estamos todos, un año más, a empezar la dieta de adelgazamiento mientros engullimos los penúltimos polvorones, recordemos lo que hay: en Guadalajara estamos perdiendo empleo, mes a mes

Mientras haya trabajo, soportaremos mal que bien la murga de quien nos intenta vender la mejor de las Guadalajaras para que le votemos dentro de unos años. Como deje de haberlo, ellos segurián cobrando y los demás, puede que no.

Las penas con pan son menos, según reza una de las verdades más rotundas del refranero español. Es por eso que lo único que nos evitaría tener que acordarnos de nuestros amadísimos cargos públicos sería disponer a fin de mes de una nómina segura y, a ser posible, suficiente. Si lo primero empieza a ser improbable y lo segundo siempre es cuestionable, ya me dirán ustedes con qué buen ánimo podemos echarnos a andar por este 2020 que se nos presenta tan azaroso en lo social como en lo político.

Y aun así, le tenemos ganas a estos doce meses. Siquiera porque son el 20-20 del año en que estamos recordando los 20 primeros años de LA CRÓNICA. Si hemos aguantado hasta aquí, no va a ser cosa de amilanarse ahora. 

Ustedes y nosotros nos merecemos lo mejor en este recién comenzado 2020. Juntos vamos a intentarlo. Y juntos, quizá, hasta podemos lograrlo. Por nosotros, al menos, no va a quedar. Le pondremos ganas, imaginación y muchas noticias. Algunas, quiza muchas, serán buenas.

Mientras lo vamos viendo, un abrazo cordial para todos los lectores. E incluso a los escasos despistados que aún no lo son, para que lo sean.