Sarlat es una agradable sorpresa en cada uno de sus rincones, de día o de noche. (Foto: María Alonso / La Crónic@)

Tenemos un plan perfecto para las vacaciones de la inminente Semana Santa o en  cualquier otro momento, de aquí al otoño: perderse para encontrarse. Esa suele ser la paradoja que más reconforta al viajero. Si con eso descubres Sarlat y los pueblos que la rodean, debes darte por feliz y satisfecho. Tanto, como para sentirte obligado a compartirlo con quienes aún no saben de qué hablamos.

Estamos en Francia. Suponemos que el lector no es de los que se encelan con las autopistas, de aquellos que no salen del doble carril hasta que funden la cartera con multas por excesos de velocidad. Si eres de los nuestros, como deseamos, harás bien en salir de la A-89, ya sea por las sorties 17 o 18, para andar y ver. Estamos en el Périgord y Sarlat se nos aparece como un tesoro por descubrir.

En realidad, los franceses lo conocen bien y le agradecen a André Malraux que tomara esta pequeña ciudad como precursora de sus planes de recuperación de villas históricas, en los tiempos en que fue ministro, en los años sesenta. Se eligió Sarlat como ciudad piloto, preservando una superficie total de 11 hectáreas, 2 de ellas muy densas, en el centro. En 1969 se estaban restaurando 34 edificios en esa zona.

Lo que se empezó entonces se hizo bien y ha tenido continuidad hasta nuestros días, con un resultado espectacular. Más de dos millones de visitantes al año y decenas de películas de época rodadas sobre su pavés y al abrigo de sus muros centenarios lo atestiguan. Y aun así… se te presenta tranquila y hermosa, como si la hubieran preparado casi exclusivamente para ti.

¿Que aún lo dudas? Echa un vistazo a nuestra galería gráfica y convéncete antes de seguir leyendo:

¿Y si empezamos por comer?

En diciembre de 2021 hubo en sus calles un mercado de Navidad, con vino caliente, castañas asadas y cerveza «de Noël»… aunque al viajero español le supongamos más predispuesto a aprovechar el verano o la primavera, esta primavera que acaba de comenzar. ¿Y por qué no el otoño? Cada día tiene su afán y cada época del año, su encanto.

Estamos en el Périgord Negro, denominación que no se refiere a la trufa, aunque pueda merecerlo por la calidad de este producto. Su gran cita, la de la trufa y en Sarlat, es la fiesta que se celebra el tercer fin de semana de enero (un motivo más para elegir el invierno). Del mismo modo, la Fiesta de la Oca llega el primer fin de semana de marzo (otra excusa para anticipar la visita a lo que en España entendemos como «buen tiempo).

El foie gras del Périgord es denominación de origen protegida (IGP) desde el año 2000.
Las nueces también cuentan con denominación de origen, así que es de justicia no olvidarlas. Pero es que las delicias gastronómicas asaltan desde cualquier escaparate y en la mesa más inesperada. A este que les escribe le elevó al séptimo cielo una hamburguesa con secreto: uno de sus ingredientes era el queso cabécou, propio de la comarca y hecho con leche de cabra. Sencillamente, brutal. Para otra próxima ocasión queda comprobar cómo se da por aquí el caviar, ya que en Neuvic se dedican a la cría de esturiones. Anótelo en la agenda.

En realidad, las materias primas de la región facilitan mucho el trabajo en los fogones. Para tener una idea aproximada de lo que entra en las alacenas del paisanaje local es buena idea darse una vuelta, si es domingo, por Saint-Geniès. Seguro que los tenderetes con productos locales nos atraerán más que el recoleto caserío, la iglesia o los restos del castillo. Aunque el comerciante, a poco que te note el acento, te cantará las excelencias del jamón ibérico que probó en nuestro país. A cada cual, lo suyo: a Huelva, el Jabugo; al Perigord la trufa, las setas y la nuez. 

… y ahora, recorramos Sarlat

En esta ocasión, acudir a la Oficina de Turismo de Sarlat no es prescindible, sino muy recomendable. Además, resulta de agradecer que todos los folletos tienen texto en español, junto al francés, el inglés y el alemán. Ocupa el antiguo palacio episcopal, imponente de por sí. Son aconsejables las visitas de hora y media, con guía, por 7,50 euros (de abril a octubre), que se pueden reservar en visites@sarlat-tourisme.com

A esta ciudad, tan puramente medieval y renacentista, lo de atender al viajero le viene de antiguo. Al sur del caserío han aparecido restos de ocupación en el Paleolítico, aunque sus primeros esbozos como villa no son anteriores al siglo IX.

A escasos metros de la Oficina de Turismo se alza la Catedral de San Sacerdos. La primera construcción fue como iglesia, románica, en forma de abadía benedictina. Es catedral desde 1317, con Juan XXII, arcipreste de Sarlat, el primero de los papas de Aviñón.

Unos inesperados amigos en Sarlat, te reciben del modo más acogedor. (Foto: María Alonso / La Crónic@)
Unos inesperados amigos en Sarlat, que te reciben del modo más acogedor. (Foto: María Alonso / La Crónic@)

El obispado se mantuvo hasta la Revolución Francesa. El edificio es propiedad del municipio desde 1905, que lo mantiene cedido a la Iglesia. Cuanta con un ascensor panorámico, con vistas de 360 grados. El billete cuesta 5 euros en temporada alta. Los niños pagan 1 euro. La atracción turística lleva la firma de Jean Nouvel y fue inaugurado en 2013. A este célebre arquitecto, que pasó su infancia en Sarlat, nos lo volveremos a encontrar más adelante: rehabilitó la iglesia de Santa María, mercado de puertas monumentales.

Pero retomemos el camino. En el exterior de la catedral nos topamos con el «Jardin de Enfeus». La palabra alude en francés a los nichos de fondo plano que lo circundan, frente a lápidas de piedra, sobre el suelo, que aún nos recuerdan su función como cementerio. Y por si fuera poco, la «Linterna de los Muertos» asoma a nuestra derecha; así se la conoce desde el siglo XVII, aunque es románica del siglo XII. Su significado es tan oscuro como imponente su traza.

El comercio hecho arte

La ciudad encuentra a lo largo del tiempo su mejor razón de ser, y su prosperidad, en el comercio, sobre todo desde el siglo XIV. Ya antes tenía mercado en la que aún hoy se llama plaza del Marché-aux -Oies. Un esplendor afectado por la Guerra de los Cien Años, en la que Sarlat permanece fiel al rey francés frente a la casa real inglesa. Y un brillo de nuevo alterado por las guerras de religión, hasta que el Renacimiento deje sobradas muestras palaciegas, se supone que inspiradas en parte por el florentino Nicolo Gardi, el obispo llegado de Italia en 1533. En esos tiempos vivió Etienne de la Boétie, nacido en 1530 en la casa que aún se conserva.

En 1837 se abre la Traverse. Desde entonces, es parte fundamental de la ciudad.

Cuando quiera hacer un alto para comer, la oferta es apabullante, con 78 locales en el mismo centro histórico y otra treintena en los barrios de alrededor. Y hay de todo: una quincena de bistrots, casi 40 crêperies, una decena de restaurantes vegetarianos… y ganan, por goleada los restaurantes tradicionales, que suman las tres cuartas partes del total.

En cuanto al alojamiento, ocurre tres cuartos de lo mismo. Puestos a indicar algo en concreto, escondido en pleno centro se encuentra «Le Lys Dort», que aprovecha un edificio medieval para ofrecer unas muy cómodas habitaciones, repartidas por las diferentes plantas. Atención al desayuno, ofrecido completo sobre una bandeja, para que no tengas que hacer nada más que disfrutar, con una muy diligente camarera atenta para que puedas repetir lo que desees.

En realidad, la amabilidad, contrastada por este periodista, es la nota general allá por donde vayas. 

Entre pueblos preciosos y castillos de cuento, uno tras de otro

Sarlat (o Sarlat-La-Canéda, que es su nombre oficial) es una plataforma ideal para dedicarle dos o tres días a recorrer esta parte de Dordoña. Así será posible que el viajero conozca alguno de los pueblos más bonitos de Francia, a tiro de piedra unos de otros.

Así, podrá peregrinar por Domme, La Roque-Gageac, Beynac-et-Cazenac o Castelnaud-la-Chapelle. De algunos de ellos damos cumplida cuenta gráfica en la siguiente galería:

Consejos para el viajero, en Sarlat y alrededores

• Un crucero en gabarra (por ejemplo, en La Roque-Gageac) es una de las turistadas más agradables que te puedes conceder. Recuerda, eso sí, que suelen operar sólo en temporada, de abril a octubre.

• No tengas miedo ni siquiera a dejarte caer en Sarlat por las delicias de la comida rápida. Si es el caso, probar una hamburguesa con el tradicional queso cabecou es toda una experiencia de lo más satisfactorio. Además, se puede acompañar con alguna cerveza de la región y terminar casi en éxtasis.

• Olvidarse de las prisas, de los prejuicios, de las ideas preconcebidas y mantener los ojos bien abiertos: no necesitas más para aprovechar lo que te ofrece esta sorprendente región de Francia.


Más información:

(Este reportaje se ha realizado con la colaboración del Comité Regional de Turismo de Nouvelle-Aquitaine y del Comité Departamental del Turismo Dordoña Périgord)