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Un investigador de la UAH desarrolla una máquina para medir el impacto medioambiental de la ‘fast fashion’

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¿Te fijas en la etiqueta y los componentes que forman la ropa que compras?, ¿distinguirías una prenda de calidad de una que no lo es?, ¿sabías que la ropa que utilizamos a diario libera microfibras al ambiente de forma constante? Aunque la presencia de microplásticos en mares, ríos o alimentos lleva años ocupando el debate científico, todavía existen importantes lagunas sobre cómo los tejidos desprenden partículas al aire durante un uso normal y cuál puede ser su impacto. Ese es precisamente el vacío que un grupo de investigadores de la Universidad de Alcalá (UAH) y la Universidad Autónoma de Madrid intenta resolver mediante un proyecto pionero. 

Roberto Rosal, catedrático del departamento de química analítica, química física e ingeniería química, es uno de los investigadores de la UAH que participa en proyecto y explica que, “la idea surge de un hueco en el conocimiento que hemos encontrado, la capacidad que tienen los materiales textiles para desprender fibras”. Él mismo aclara que hasta ahora existían métodos para medir las fibras que las prendas liberan durante el lavado, pero no durante el uso cotidiano. Para cubrir esa carencia, el equipo ha desarrollado un dispositivo capaz de cuantificar las fibras que desprenden los tejidos mientras están expuestos al aire

El nuevo dispositivo, construido íntegramente en metal para evitar la contaminación cruzada con plásticos, funciona suspendiendo la prenda en una cámara y haciendo circular un flujo de aire que arrastra las fibras hacia un filtro de 25 micras donde son recogidas y cuantificadas. A través de filtros especiales, los investigadores recogen y analizan las fibras liberadas, “medimos la cantidad de fibras que se desprenden en función del volumen de aire, de la velocidad y del tipo de prenda”, resume Rosal. 

La investigación parte de una constatación que el equipo lleva años observando en distintos estudios ambientales: las fibras textiles están prácticamente en todas partes. “Cuando hacemos muestreos ambientales encontramos siempre fibras”, señala el investigador. La explicación está en la propia forma de estas partículas, ya que permanecen suspendidas en el aire durante mucho más tiempo que otras partículas más compactas y pueden desplazarse grandes distancias. 

IMPACTO DE LA FAST FASHION 

Asimismo, uno de los aspectos más relevantes que se ha tenido en cuento es la relación entre la calidad de las prendas y el desprendimiento de fibras. Según el investigador, la llamada fast fashion o moda rápida juega un papel clave. “La mala calidad y fast fashion van de la mano”, afirma. 

El factor más importante con diferencia es la longitud de las fibras”, explica Rosal. Cuanto más cortas son, más fácilmente se desprenden. Materiales como ciertos poliésteres reciclados, el algodón o la lana liberan muchas más fibras que tejidos técnicos de alta calidad fabricados con fibras largas, aclara el investigador. Sumados a la longitud de la fibra, factores como el tipo de hilo, la torsión, el acabado o el sistema de fabricación de la tela también influyen. 

EFECTO PARA LA SALUD 

Este proyecto también se pone el foco en los espacios cerrados, “hay más exposición a fibras en interiores que en exteriores”, advierte el catedrático. Sin embargo, todavía existen muchas incógnitas sobre los efectos de estas partículas en la salud humana, ya que, “sabemos realmente muy poco”, reconoce Rosal. Aunque los estudios realizados hasta ahora indican que pocas fibras alcanzan las zonas profundas del pulmón. 

El equipo estudia ahora la capacidad de las fibras textiles para transportar microorganismos y facilitar su dispersión a través del aire. “Estas fibras se pueden colonizar muy fácilmente por microorganismos, incluyendo patógenos”, explica el investigador. 

FUTURO DEL TEXTIL 

El objetivo a largo plazo no es solo desarrollar herramientas de medición estandarizadas, sino también colaborar a transformar el modelo de producción y consumo de ropa, “queremos contribuir a que la moda rápida con fibras de mala calidad disminuya o, a ser posible, se anule”, afirma Rosal. 

El investigador recuerda que el reciclaje textil continúa siendo uno de los grandes desafíos ambientales debido a la complejidad de las prendas actuales, fabricadas con mezclas de materiales difíciles de separar.