Ramón y Cajal, en su laboratorio.

Santiago Ramón y Cajal ha pasado a la historia de la humanidad como el padre de la neurociencia. El ilustre médico español dio las primeras pinceladas acerca del sistema nervioso central y periférico, convirtiéndose así en uno de los más eminentes investigadores tanto de su época como de las generaciones futuras. Los logros que acumuló, como el Nobel de Medicina de 1906, fueron el reconocimiento público a sus hallazgos, entre ellos, los reflejados en la obra La retina de los vertebrados, un artículo escrito originalmente en francés que, por fin, ve la luz en castellano gracias al esfuerzo conjunto de Pedro de la Villa, catedrático de la Universidad de Alcalá, y Nicolás Cuenca, catedrático de la Universidad de Alicante, y publicado por la editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Todo empezó hace unos tres años, cuando los investigadores se preguntaron cómo era posible que este texto, de tal importancia en la bibliografía científica, hubiera quedado al margen de la lengua materna de su autor. La retina, como capa interna del ojo, fue la estructura nerviosa preferente de Ramón y Cajal, la que lo inspiró para defender la Teoría Neuronal que había enunciado frente a sus detractores, donde describía el sistema nervioso como una red formada por millones de células nerviosas independientes, interconectadas y organizadas. Un enunciado que ha contribuido al desarrollo de la disciplina que Pedro de la Villa, fisiólogo del departamento de Biología de Sistemas, descubrió hace más de dos décadas y lo han convertido en un gran conocedor de la retina humana y, por supuesto, de Cajal.

«A Nicolás y a mí, que pertenecemos a escuelas antiguas, siempre nos llamó la atención cómo este artículo de Cajal, publicado originalmente en francés en 1892 (y reeditado en 1933, también en francés), lo cual ya era atípico para la época, no hubiera sido traducido al castellano», se sorprende el médico, «es más, todo doctorando que haga su tesis relacionada con la retina ha de referenciar este libro, por lo que no es una reliquia, es actual. Nadie ha dibujado las células de la retina, ni tantas ni tan bonitas, como Cajal». Esta precisión, dada gracias a las innovaciones en tecnología microscópica de finales del siglo XIX, permitieron que Ramón y Cajal pudiera visualizar y trasladar la imagen de las células observadas con precisión y que, además, inspirara a los especialistas en la nueva aventura que se disponían a acometer.

Fotografiando las muestras originales de Ramón y Cajal

Por tanto, el trabajo comenzó cuando Pedro de la Villa y su compañero contactaron con el Instituto Cajal para acceder a las preparaciones originales que utilizó en su día el científico aragonés. «A su director, Ricardo Martínez, le pareció una idea extraordinaria y sucedió en paralelo: nos dejaron acceder a las preparaciones y encontramos a estudiantes de doctorado que nos ayudaron a traducir el texto del francés. Nicolás y yo revisábamos la traducción adaptándolo al lenguaje de Cajal, que es muy retórico, y, a la vez, decidimos hacer una cosa añadida: incluir las preparaciones originales que dibujaba con plumilla Cajal en formato fotografía». En la histoteca realizaron un trabajo de campo que el fisiólogo describe como «bonito y divertido» en el que pudieron asomarse a las muestras que en 1886 intentaba comprender Ramón y Cajal.

«Esa es nuestra aportación original: mostramos las fotografías de las células que él mismo dibujó». Además de las representaciones manuales y las instantáneas de las muestras originales, los autores han incluido, mediante la utilización de la microscopía de fluorescencia, la pigmentación de las células retinianas en colores como el verde, rojo y azul que centellean gracias a la labor realizada por el laboratorio de Nicolás Cuenca, una tercera visión de esas mismas estructuras en tejidos actuales. Tres visiones para comprender el conjunto. La actualización en la edición que han hecho del artículo deja algunas preguntas en el aire: ¿qué hubiera hecho Ramón y Cajal con la tecnología actual? ¿Por qué fue tan revolucionario en su tiempo?

«Para distinguirse de los investigadores de renombre que había en Centroeuropa, se dieron dos circunstancias: la primera, el avance de la óptica le dio la oportunidad para ver las preparaciones con suficiente amplificación y, segundo, lo fortuito que fue encontrar una técnica que, en vez de teñir todas las células, lo hiciera de forma individual -la técnica de Golgi. Su sagacidad fue pensar que esas células estaban, en el fondo, conectadas unas con otras formando una red funcional. Esa sagacidad, pasada al mundo actual, sería fantástica», reflexiona. La retina humana sigue siendo una estructura con misterios por resolver, por ejemplo, la tarea de cada una de sus células, teniendo en cuenta que hay 1 millón de células ganglionares y que, por cada una de ellas, hay entre 1 y 10 millones conectadas. «En la reimpresión de 1933, el artículo analiza la posible función de alguna de las células que no estaba en la anterior edición».

Pedro de la Villa.
Pedro de la Villa.

«Este es un trabajo que queremos que quede para la posteridad de los españoles»

En 1894, el escrito se tradujo al alemán debido al interés que suscitaron las indagaciones en la comunidad y, en 1972, lograría ver la luz en inglés. Pero Ramón y Cajal los esperaba a ellos. Después de conocerse en su etapa como doctorandos, Pedro de la Villa y Nicolás Cuenca fueron coincidiendo en intereses y proyectos de investigación hasta que decidieron dar el paso. «Diría que esto solo lo podía hacer alguien que supiera lo suficiente de histología y retina como para ver miles de preparaciones, como hicimos nosotros en el Instituto. Es una especialización que me ha llevado 25 años, mientras estudiaba el libro en francés y en inglés, pero nunca en castellano. A la gente le valía con ver los dibujos. Por ello, ahora, estoy convencido de que generaciones futuras de oftalmólogos y científicos van a leer nuestro libro más que el original», sentencia Pedro de la Villa.

La publicación, tan cuidada y novedosa, fue una de las distinguidas por el CSIC durante la presentación de las novedades literarias en la Feria del Libro de Madrid de 2021. La espera valió la pena, tanto, que el experto en retina lo mantenía en secreto para no truncar la buena suerte. Toca disfrutar de este logro que también ha sido presentado en el XIX Congreso de la Sociedad Española de Neurociencia, que ya ha suscitado el interés de los grupos de investigación de distintas universidades, porque, ante todo, y esta es su esperanza: «Este es un trabajo que queremos que quede para la posteridad de los españoles».

Sin embargo, uno de los grandes obstáculos que observa el investigador en su día a día es el escaso interés de su alumnado en la lectura de libros de referencia. «Hay una batalla que creo que tenemos todos los profesores de esta Universidad: obligar a los alumnos a leer. A nivel de grado es prácticamente imposible, por lo que los receptivos de un libro como este son los alumnos de máster y doctorado». Ahora bien, avanza, como director del Máster Universitario en Investigación en Ciencias de la Visión de la UAH, que obsequiará si hace falta con La retina de los vertebrados a quienes lleguen a las aulas.

En la actualidad, Pedro de la Villa desarrolla dos líneas de investigación en la Universidad de Alcalá. Por un lado, llegar a conocer el funcionamiento de las células de la retina y, por otro, intentar buscar terapias para las enfermedades que determinan la degeneración de las células de la retina. «No hay una terapia ideal para la retina, en cualquier caso, hay algunos métodos paliativos, por lo que estamos buscando técnicas mejores, sobre todo para las enfermedades que afectan a la capacidad de recibir la luz». Esta tarea, junto a la promoción de su nuevo libro, son nuevas metas por ampliar su conocimiento y contribución a la ciencia.