Cerámica aparecida en los trabajos para una de las naves de Montepino.
Cerámica aparecida en los trabajos para una de las naves de Montepino.

Se sabe desde hace tiempo que la romana Arriaca andaba más cerca de Marchamalo que de Guadalajara. En la ubicación de las antiguas ciudades romanas no siempre es fácil colocarlas ni sobre un mapa ni sobre el terreno. Y si no, que se lo preguntan a quienes siguiendo el itinerario de Antonino Pío creyeron que la Caraca que allí figuraba era Guadalajara… cuando parece más probable que corresponda lo encontrado en Driebes, a muchos kilómetros de distancia y a la orilla de ríos bien diferentes.

Curiosamente, la fuerza de la historia se ha mostrado más poderosa que la de las excavadoras, al menos esta vez.

La empresa, Montepino Logística, bien conocida en todo el Corredor como promotora de superficies para almacenaje y distribución, ha tenido que paralizar por hallazgos arqueológicos algunas de sus obras en curso: las de Marchamalo y Torija en la provincia de Guadalajara, así como otra más en la de Toledo.

En el caso de Marchamalo, ha realizado varias modificaciones en la construcción de sus naves para logística tras el hallazgo de restos arqueológicos durante las excavaciones en varias parcelas. Actualmente, más que los obreros trabajan los arqueólogos sobre el terreno.

Una «mansio» romana, al pie de una calzada

La Arriaca que nos ocupa no era tanto una ciudad sino, si se permite una comparación, el antecedente hace 1.700 años de las actuales áreas de servicio o de las más antiguas paradas de postas o incluso de las fondas cervantinas. Era una «mansio», y como todas las mansios estaba al pie de una calzada, en este caso la Vía Domiciana, que conectaba Mérida con Zaragoza y Tarragona.

Podría haber «villas» levantadas cerca de la «mansio», pero es más conjetura que evidencia por ahora. La población más cercana en esa misma ruta era Complutum, cuyos restos pueden verse en Alcalá de Henares, en una muy interesante excavación.

Los vestigios de época romana vienen apareciendo en ese paraje desde hace siglo y medio. Una lápida funeraria encontrada allí se trasladó en su día a la Plaza Mayor de Marchamalo, para que sirviera de poyo… donde apoyar posaderas, para terminar como material de construcción en una fachada, según se relata en la web municipal.

Interesadamente, los responsables de Montepino prefieren resaltar que «los hallazgos realizados revelan que esta zona ya era un eje de logística y transporte en la Hispania de los siglos IV y V después de Cristo, que articulaba todo el tráfico rodado entre la Meseta y el valle del Ebro y Cataluña, o entre el Mediterráneo y la zona de La Rioja».

El caso de Torija

En Torija, las excavaciones han sacado a la luz uno de los yacimientos más importantes del Paleolítico Medio en la Alcarria. En concreto, en la Dehesa de Rebollosa se han encontrado piezas líticas de sílex que reflejan la abundancia de recursos y materias primas en la zona, fundamentales para la supervivencia de los neandertales que habitaban la Meseta en el Paleolítico.

Otra de las obras de Montepino que se han visto modificadas por el hallazgo de restos arqueológicos es la que se está realizando en el Polígono de Santa María de Benquerencia, en Toledo. En el yacimiento de Ramabujas han aparecido estructuras de almacenaje como silos excavados en el suelo, recipientes y herramientas cotidianas, además de tumbas señalizadas y fragmentos de huesos de animales domésticos, piezas que se encuentran en el Museo de Guadalajara y en el Museo de Santa Cruz.

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