La provincia de Guadalajara se consolidará en los próximos años como un referente en la automoción sostenible gracias al ambicioso proyecto de la compañía Liux. La firma ultima los preparativos para el desembarco comercial, previsto para el primer semestre de 2027, de su modelo BIG. Se trata de un coche urbano perteneciente al segmento ultracompacto, con 2,7 metros de largo, concebido y fabricado íntegramente en la planta alcarreña de Azuqueca de Henares.
El consejero delegado y cofundador de la compañía, Antonio Espinosa de los Monteros, ha destacado en una entrevista con Europa Press para LA CRÓNICA que la propuesta busca ofrecer un sentido práctico muy elevado para la ciudad. Lejos de asemejarse a los tradicionales cuadriciclos o vehículos de menor categoría, la marca ha apostado firmemente por integrar unas altas prestaciones en materia de seguridad vial y confort diario en entornos urbanos colapsados.
Producción en Azuqueca y más de 300 empleos locales
El impacto industrial del proyecto en el Corredor del Henares será muy significativo. Las previsiones iniciales de la compañía contemplan la salida de 5.000 unidades anuales desde la factoría de Azuqueca de Henares durante el arranque de la producción. No obstante, el plan estratégico de la empresa contempla escalar de forma progresiva. Así, se prevé alcanzar los 20.000 vehículos al año en el medio plazo, una vez se amplíe por completo la capacidad productiva de las instalaciones.
En el plano laboral, este incremento de la actividad industrial se traducirá en la creación de más de 300 puestos de trabajo directos en la fábrica campiñera. La iniciativa refuerza el tejido industrial de la comarca, atrayendo talento especializado en tecnologías limpias y consolidando a Castilla-La Mancha como un enclave estratégico para la automoción del futuro.
Un chasis innovador de fibra de lino y gran eficiencia
Uno de los aspectos más rompedores del Liux BIG reside en su innovadora arquitectura de materiales, diseñada para minimizar al máximo la huella ecológica. El chasis superior del vehículo consiste en un monocasco fabricado a partir de fibra de lino natural reciclado, un componente que posteriormente se infusiona con una resina reciclable. Como resultado, se obtiene una estructura circular, biobasada y dotada de una alta capacidad estructural.
A esta solución se suma una eficiencia energética calificada por la propia marca como excepcional. El peso total del turismo se sitúa en apenas 600 kilos, lo que reduce su consumo energético hasta los 6,7 kWh por cada 100 kilómetros. Esta cifra se encuentra holgadamente por debajo de la mitad de lo que gasta un turismo eléctrico estándar del mercado actual.
Autonomía urbana y opciones de carga doméstica
En cuanto a su rendimiento mecánico y eléctrico, el modelo urbano dispondrá de dos configuraciones de batería, con capacidades de 15 kWh y 20 kWh. Estas opciones permitirán homologar una autonomía eléctrica de 215 kilómetros y 270 kilómetros, respectivamente. Por tanto, son cifras más que suficientes para cubrir las necesidades de desplazamiento diario en las grandes urbes y sus áreas metropolitanas.
Además, el proceso de recarga ha sido simplificado para ofrecer la máxima comodidad a los usuarios. El sistema permite una carga rápida directamente en el domicilio del cliente que se completa en aproximadamente cinco horas. Así, se elimina la obligación de instalar un enchufe especial o wallbox complejo en la plaza de garaje particular.
Comercialización internacional y apuesta por el mérito tecnológico
Para su desembarco en el mercado, Liux ya ha comenzado a tejer una red comercial estructurada mediante puntos de venta asignados en varios países europeos, con especial presencia en España, Francia e Italia. La estrategia de la compañía pasa por colaborar estrechamente con concesionarios tradicionales que garanticen una cobertura integral. Esto incluye un servicio de posventa de calidad.
Frente al debate en torno a los incentivos públicos al sector, Espinosa de los Monteros ha defendido que el éxito de la movilidad eléctrica debe descansar sobre sus propios méritos tecnológicos antes que en regulaciones proteccionistas. A su juicio, las ayudas institucionales tienen fecha de caducidad lógica para fomentar una competencia sana. Además, reclama a las administraciones un marco normativo claro y estable que evite los constantes cambios perjudiciales para las empresas emergentes.

