Ya conoces Gante o crees conocer la hermosísima ciudad flamenca. Has paseado por el Graslei, has levantado la vista ante el campanario, te has extasiado con el Cordero Místico. Bien. Pues baja de nuevo la maleta del altillo del armario, porque tienes que volver.
El pasado 3 de octubre reabrió sus puertas, en pleno centro, el Design Museum Gent, el mayor museo belga dedicado al diseño. No hablamos de un lavado de cara: hablamos de una transformación profunda, con una nueva ala del edificio, una nueva manera de contar su colección y, sobre todo, una nueva forma de relacionarse con quien la visita. Gante se ha hecho un traje (de diseño) a medida. Y lo ha cosido con materiales propios.



Un museo que se quita la corbata
Fundado en 1903 como museum of models, el viejo museo de los diseños y las maquetas ha vuelto a nacer con una idea muy clara: el diseño no es solo cuestión de forma o de estética, sino una manera de pensar. El museo quiere meterse de lleno en el debate social e invitar al visitante a mirar el mundo con ojos críticos. Nada de vitrinas solemnes y silencio de sacristía: aquí se viene a reflexionar, a tocar ideas y, en ocasiones, a sudar la camiseta. Ya llegaremos a eso.
La renovación arquitectónica refuerza esa vocación de apertura. Se han restaurado los edificios monumentales —que van del siglo XVI al XX— y se ha añadido una pieza nueva: un ala diseñada por los estudios Carmody Groarke (Reino Unido) y ATAMA (Bélgica). Esta nueva ala conecta el Hotel de Coninck, sede histórica del museo, con el Wing 1992. Además, es un espacio accesible, sin barreras y mirando al futuro, pensado para el encuentro, la celebración, la creación y el descubrimiento. El patio del Hotel de Coninck vuelve a funcionar como jardín y punto de orientación, como en los viejos tiempos. Como casi todo en esta ciudad, lo antiguo y lo nuevo se dan la mano sin esfuerzo.
Ladrillos de basura (de verdad)
Si el museo predica con el ejemplo, es porque puede permitírselo. La nueva ala está construida, entre otros materiales, con el Gent Waste Brick, un ladrillo compuesto en un 63 % por residuos procedentes de la propia Gante. Sí, has leído bien: el edificio más vanguardista de la ciudad está hecho, en buena parte, de la basura de la ciudad. Historia, innovación y sostenibilidad en una sola tacada. Si eso no es diseño pensado y al hilo de los tiempos…

Vuelta a los orígenes, con las ideas afiladas
El Design Museum Gent ha querido celebrar su reapertura volviendo a sus inicios: una nueva exposición reúne en torno a 500 objetos históricos, organizados en cinco temas tan contemporáneos como inesperados: copia, confort, migración, plegado y conexiones. La muestra invita a preguntarse qué vigencia tienen esas piezas y qué ideas de las que llevan encima conviene hoy cuestionar. Iconos del diseño nacional e internacional conviven con talentos menos conocidos, sin jerarquías de favicones.
Y para que la colección no sea solo memoria, diseñadores actuales como Kana Arioka, OpenStructures y Victor Verhelst crean propuestas nuevas inspiradas en ella, convirtiéndola en fuente activa de innovación. La escenografía, obra de los arquitectos Nord y Laura Muyldermans, mezcla materiales artesanales e industriales —paredes de arcilla, estructuras circulares de acero— y demuestra en vivo que las técnicas tradicionales y las tecnologías avanzadas pueden coexistir y enriquecerse mutuamente.
Demócratas en el camino
Pero hay más. La visita se articula en torno a tres ejes: la colección permanente (una selección de las 24.000 obras del museo), y la exposición temporal Public Matter(s). Diseño y democracia. Esta exposición se extiende más allá de las salas mediante una ruta interactiva por el museo y sus alrededores: la Democracy Fitness Trail.
La idea, inspirada en la rica tradición democrática de Gante y en el panel DE40 —un grupo de 40 ciudadanos representantes de la sociedad de la ciudad que colaboró en el concepto del museo para hacerlo accesible y relevante para todos—, invita a los visitantes a entrenar sus músculos democráticos. Se lo advertimos: se sale del museo con la conciencia en forma, aunque no se haya pisado un gimnasio en años.
La tecnología también tiene su hueco: el museo ha integrado Searcher, una instalación digital que explora la colección y crea conexiones entre las piezas mediante inteligencia artificial. Y para los que prefieran la carne y el hueso del oficio, el espacio CO-LAB reúne a diseñadores, estudiantes y ciudadanos para abordar cuestiones actuales de la sociedad. Aquí el diseño no se entiende como un producto terminado, sino como un proceso compartido.
La escapada completa
Ya que se pasa por Flandes, ¿privarse del resto? Imposible y desaconsejable. Gante rebosa atractivos para sumergirse tanto en su boyante época medieval —con su imponente Castillo de los Condes a la cabeza— como en sus propuestas más vanguardistas.



La catedral guarda una de las obras capitales de la historia del arte: el políptico La Adoración del Cordero Místico, de los hermanos Van Eyck. Y hasta el 10 de enero, el MSK, el Museo de Bellas Artes, dedica una muestra a Jenny Montigny (1875-1937), la artista que en los primeros años del siglo XX captó las tendencias de vanguardia.
Además no deberíamos desdeñar la modernista Boekentoren, la torre-biblioteca universitaria diseñada por Henry Van de Velde, o la más reciente biblioteca De Krook, a orillas del Escalda, obra de Coussée & Goris architecten junto al estudio español RCR Aranda Pigem Vilalta —galardonado, no lo olvidemos, con el premio Pritzker. Un español firmó una joya flamenca del siglo XXI: al menos por ese disculpable sentido patriótico ya habría que ir a verla.
Mercadillos, festivales, conciertos, galerías y tiendas de diseñadores locales dan fe de la animada vida que se respira en la ciudad. La gastronomía tampoco se anda con rodeos: además de las delicias tradicionales en restaurantes y comercios, Gante inventó el concepto de «veggie Gent». Por eso dedica los jueves a las propuestas vegetarianas. ¡Que nadie diga que esta ciudad no se atreve con lo que sea!
Vale la pena, además, pasear al anochecer para descubrir su especial iluminación, cuyo plan ha ganado diversos premios por su uso racional y sostenible de la energía. Y para quien necesite descansar del bullicio, bastan unos kilómetros en bicicleta siguiendo el curso del río Lys hasta Bourgoyen-Ossemeersen, una reserva natural refugio de aves y el lugar perfecto para descubrir la cara más verde de la ciudad.
Apunte práctico final para no perderte:
Design Museum Gent
Drabstraat, 10
9000 Gante
designmuseumgent.be

