Los pocos curas que salen no son jóvenes, sino cuarentones.

Dos años es el margen que tiene la diócesis de Sigüenza-Guadalajara para quedarse, o no, sin ningún seminarista. Ahora mismo hay apenas tres. Los que quedan realizan su formación en Madrid. Marcharse a la capital de España es la única alternativa para que convivan con más aspirantes a sacerdotes: “Es importante que exista una convivencia rica” y al menos allí están con otros, admite con cierta resignación el rector del Seminario Diocesano, José Luis Perucha.

Los curas ya no salen de los pueblos, que están vacíos. En realidad, casi no salen de ningún sitio. Desde hace cinco años no hay ninguno que haya dado el paso en la provincia de Guadalajara, que coincide con los límites territoriales de la diócesis. El que no haya jóvenes dispuestos a ser seminaristas es de las pocas cosas que iguala en estos tiempos de despoblación tanto a los pueblos como a las ciudades.

El Seminario de Sigüenza conoció tiempos mejores.
El Seminario de Sigüenza conoció tiempos mejores.

…aquellos tiempos del Seminario Mayor

Debido a la falta de vocaciones cerraba ya hace años el Seminario Mayor de Sigüenza y sus seminaristas pasaban a cursar sus estudios para el sacerdocio en la capital.

El propio Seminario Mayor de Sigüenza, un edificio inmenso y vacío desde hace años por falta de vocaciones, sigue a falta de poder encontrarle un mejor uso. Desde hace lustros, sólo vale para recordar a quien lo recorre el fracaso del obispo José Sánchez, que se embarcó en proyectos que no llevaron a ningún sitio y dejaron parte del monumental inmueble aún más destrozado que antes.

Tocando fondo

“Quizá estemos tocando fondo, ojalá que no, pero estamos en un año clave”, ha señalado este sacerdote en declaraciones a Europa Press para LA CRÓNICA, horas antes de la celebración del Día del Seminario. La conmemoración, debido a la pandemia, se ha retrasado este año y se ha hecho coincidir con la festividad de la Inmaculada, este martes.

Para Perucha, lo evidente es que estos tres seminaristas terminarán en dos años su formación y que la Diócesis necesita que entren nuevos sacerdotes al Seminario “para darle continuidad”. Hace décadas, la situación era la contraria, pues de esta provincia salían seminaristas para otros puntos.

“Si en dos años no entrara ningún candidato, nos quedaríamos sin seminaristas”, insiste Perucha; de ahí que la Diócesis esté centrando ahora sus esfuerzos en trabajar un mayor ambiente vocacional con el fin de encontrar “chavales que quieran dar una continuidad al Seminario”.

Residencia del obispo, en Guadalajara.

La búsqueda, en el Corredor

Está convencido de que la Diócesis está viviendo ahora la crisis vocacional que en otras diócesis de España se vivió en los años ochenta y noventa. Entonces, en el Seminario había “abundantes” vocaciones y cada año salían entre cuatro y cinco nuevos sacerdotes pero “ahora no hay gente, ni niños ni nada en muchos pueblos”, señala.

“De los pueblos ya no nos nutrimos y tenemos que buscar en las parroquias donde hay gente, que es el Corredor del Henares”, reconoce el rector del Seminario, apuntando como otro culpable más a la creciente secularización de la sociedad.

El objetivo: dos sacerdotes por año

En todo caso, aunque el momento que se vive hoy “es más frío” desde el punto de vista religioso debido a que se atraviesa un cambio de época, Perucha ve el futuro “con esperanza” y cree que la Diócesis se mantendría bien con que salieran dos sacerdotes por año.

De momento, en la Diócesis Sigüenza-Guadalajara no hay falta de curas para atender las parroquias. No obstante, no niega que es un reto el tener que llegar a más pueblos siendo menos párrocos, donde a menudo la misa es apenas para media decena de personas o menos.

Una realidad nueva que según Perucha ha obligado a muchos sacerdotes a turnarse para poder atender todos los pueblos, muchos de los cuales apenas tienen población en invierno pero sí en fiestas como el Día de la Inmaculada o en verano, cuando duplican o triplican la población.

La realidad actual también se refleja en el hecho de que los nuevos sacerdotes “jóvenes” ya no son hombres de 30 años sino de 40 y “para arriba”. Al contrario que en otras actividades y vocaciones, Perucha resalta que un cura “no se jubila nunca” aunque cuando llegan a la edad de 75 años ponen su cargo a disposición del obispo y es este el que, tras valorar caso por caso, decide si continúa en su cometido o “les invita, mientras tengan salud”, a colaborar en tareas menos exigentes.

En cuanto a la pandemia, según el rector del Seminario, también ha afectado a algunos sacerdotes por la cruda evidencia de que han perdido la vida. Para Perucha, esta nueva situación debe llevar a la sociedad a pensar que “todo es frágil y que hay que cuidarlo”.

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