Cuando alertamos, como hacía LA CRÓNICA la víspera, de la imposibilidad de comprar periódicos en kioscos salvo en los dos únicos que restan en la ciudad, hablamos exclusivamente de ello. La Prensa tiene también refugio en otro tipo de establecimientos, que en tiempos fueron algo marginal para la distribución y ahora son los últimos reductos. No de la mano de los quiosqueros, sino de otras formas de comercio con la venta de papel prensa como actividad secundaria y complementaria, en la mayoría de los casos.
Aclararles, pues, a los deslenguados de escasa neurona que insultan desde las redes sociales que el problema no es de ningún redactor de esta casa, sino de la incapacidad lectora de algunos cuando no saben comprender, según dicta la gramática española, un titular bien redactado. Del trabajo de pasar al cuerpo de la noticia, un esfuerzo demasiado penoso para esos mismos, mejor ni hablamos.
Después del necesario desahogo podemos pasar a reseñar un olvido, inexplicado, del Ayuntamiento de Guadalajara en su relación de kioscos retirados de la vía pública. Tampoco cayeron en la cuenta ninguno de los apreciados colegas presentes en la rueda de prensa: porque queda uno… y bien notorio.
Hablamos del antiguo kiosco de prensa de la plaza del Jardinillo.
Permanece, negro y cerrado, desde que su último titular decidió dejar el negocio, que no parece que lo era tanto.
Hace un año, según pudo saber este chismorreador, en alguna concejalía se barajaba la idea de darle un nuevo uso, ya fuera como puesto de flores o para suministro de información turística. Todo con tal de que no siguiera cerrado, a merced de los grafiteros.
La caja negra, en cambio, sigue allí: cerrada y sin uso. Esto, también, fue un kiosco de prensa.



