Al ocupante de La Moncloa le intentan cuidar la imagen hasta el extremo, para que sea un híbrido entre el estilo de Kennedy (sin Jackie) y las peroratas de Roosevelt (sin polio). Tanto se esmeran en darle lustre que debe ser el único español al que no le crece el pelo desde el principio de la pandemia. Tampoco se le cae. Si acaso, encanece ligeramente, del mismo modo que a Felipe González le nevaron las patillas para ser más prócer de lo que era.

¿Quién le corta el pelo a Pedro Sánchez? ¿Cómo hace para que no le bajen las patillas hasta esas sus mandíbulas, siempre apretadas, en perpetuo bruxismo? ¿Qué debemos hacer el resto de los españoles para tener su misma suerte?

Disculpará el lector a este paseante en forzoso dique seco, pero el confinamiento no exime de mirarse cada mañana en el espejo del baño. Y el pelo se desmanda tanto que es imposible escapar al pánico creciente: hasta dónde llegará. ¿Hasta dónde llegaremos?

Mucho hablar de guantes y mascarillas, pero lo urgente aquí para millones de españoles es un peluquero.

Mándanos el tuyo, Pedro. O calla para siempre, avergonzado.

Más artículos: