El Proyecto CasaCarraca, con sede en Illana (Guadalajara), ha dado un paso más en su lucha por la conservación de la carraca europea (Coracias garrulus), una de las aves más coloridas y simbólicas de los paisajes rurales de la Alcarria. Tras 23 años de trabajo ininterrumpido, liderado por el naturalista Luis Bolonio, el proyecto celebra el lanzamiento de su nueva página web (www.casacarraca.org), desde la que difunden su labor y los avances en la protección de esta especie en peligro.
Gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Illana, agricultores, ganaderos y empresas locales, las últimas poblaciones de carracas en la Baja Alcarria han logrado mantenerse, convirtiendo a este municipio en el último bastión reproductor de la especie en la zona. Pero el éxito va más allá: las carracas de Illana están recolonizando territorios cercanos, como la provincia de Madrid, de donde había desaparecido.
Un modelo de conservación con raíces comunitarias
«La conservación de la carraca solo es posible trabajando codo con codo con el territorio y las personas que lo mantienen vivo«, explica Bolonio. El apoyo de los actores locales ha sido clave para abrir una nueva etapa de esperanza. En 2025, se puso en marcha un proyecto de restauración de ecosistemas agroganaderos tradicionales, financiado por Zelestra Energy y con la participación de propietarios, agricultores y ganaderos del municipio. Además, empresas como BEMEL y BIOVALLEGA han cedido terrenos para instalar nidales artificiales, mejorando el hábitat de la especie.
El acuerdo para el uso de terrenos de masa común en Illana ha sido fundamental para avanzar en esta iniciativa, que ya ha inspirado un proyecto hermano en el Bajo Aragón, ampliando así su modelo de conservación colaborativa a otras regiones.
Un símbolo de la Alcarria que mira al futuro
La carraca europea, con su plumaje azul turquesa y su llamado característico, es un indicador de la salud de los ecosistemas rurales. Su presencia en Illana no solo es un logro para la biodiversidad, sino también un ejemplo de cómo la colaboración entre instituciones, empresas y ciudadanos puede revertir el declive de especies amenazadas.

