¿Se puede subir bajando sin ser gallego? Pues parece que sí. Y en Castilla, también. Una escalera que debería permitir subir pero que te hunde más y más con sólo mirarla.
Basta con andar atento a lo que se ve por las calles de Guadalajara para hacer de la perplejidad toda una escuela filosófica.
Es ahí, en una calle peatonal que ya casi ni transitan los coches de reparto, donde el viandante curioso se encuentra con una escalera destrozada, apenas dos peldaños, que ni cumplen su función pedestre ni llevan a ninguna parte, puesto que la puerta está permanentemente cerrada desde hace años.
Ese fino observador que es todo lector de LA CRÓNICA quizá se haya dado cuenta de que hablamos del Ateneo Municipal, que pese a su nombre depende de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para una rehabilitación que nunca llega.
Tuvo mejor vida este edificio con Franco que con la Democracia, por doloroso que aceptarlo pueda resultarle a la izquierda. Al menos a esa izquierda que aún queda en pie y no escondida y sonrojada hasta que la vergüenza provocada por tantos (Zapatero, Ábalos, Cerdán…) cambie de bando.
Cuando fue Educación y Descanso, paternalista nombre al gusto de la Dictadura, ya no quedaba casi ni recuerdo del original Ateneo Instructivo del Obrero, que es como nació la proletaria institución.
Ahora, la memoria de aquel bar tan amplio, de suelo de madera –arriba, al fondo– se va diluyendo según se mueren los que comieron y bebieron allí, como se han perdido el crujir de los escalones, el pasamanos tantos miles de veces sobado y abrillantado por quienes se aferraban a la estática camino de la estética… porque allí hubo no una sala de exposiciones sino dos: la del Patronato de Cultura y la de la Agrupación Fotográfica del añorado Santiago Bernal. Todo se va pero todo sigue allí, detrás de una puerta cerrada y unas ventanas tapiadas.
Los dos peldaños destrozados no son nuestra particular Stairway to Heaven de Led Zeppelin sino una silenciosa Stairway to Hell, que es lo que provocan las muchas muestras de abandono institucional que salpican esta ciudad.
¿Pero para qué quejarse si nada cambia? Por si acaso.
Esta misma tarde, los de Aike se concentran allí, para no callarse. Al menos, hará buen tiempo y estarán en sombra.
Nosotros ponemos la letra.
Otros, ya pusieron la música.

