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9 julio 2024
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Fiat fabricó coches en Guadalajara, hace casi un siglo

"La Hispano" ha ido desapareciendo víctima de la incuria que con tanta saña prodiga Guadalajara, como una de sus más permanentes costumbres. Pero uno de sus episodios acaba de revivir, con una multinacional que muestra más cariño por esta historia que los propios guadalajareños.

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Entre 1931 y 1935, Guadalajara fabricó coches para la italiana Fiat, más concretamente el modelo Fiat Hispano 514. Y no se trataba sólo de ensamblar piezas importadas, sino que también se asumió in situ buena parte del proceso. Aquello no prosperó, esencialmente porque nunca fue un buen negocio.

Fiat llegó a la capital alcarreña previa compra de las instalaciones de la Hispano Suiza. Pero lo hizo en el peor momento posible, con la Gran Depresión. Ha sido recientemente la multinacional Stellantis, en la que se engloba Fiat, la que ha recuperado esta peculiar historia, y la cuenta así, desde su departamento de comunicación:

En 1931, la prestigiosa marca Hispano-Suiza, fabricante de coches de gran lujo y motores de aviación, entre otros, decidió vender gran parte de su factoría abierta diez años antes en Guadalajara, bajo el impulso del rey Alfonso XIII, uno de sus mejores clientes. El comprador fue el Marqués de Pescara, propietario de la Fábrica Nacional de Automóviles quien, en menos de un mes vendió tanto la planta alcarreña como el uso de la marca “Hispano” a Fiat. Amplia y bien comunicada por ferrocarril y carretera, ofrecía grandes posibilidades.

La compañía se apresuró en presentar un proyecto detallado al Ministerio de Industria, que lo recibió el 2 de marzo de aquel mismo año. De haber salido adelante, habría convertido a Guadalajara en una capital de la automoción en el centro de España. Fiat se proponía fabricar dos modelos, uno pequeño y popular de cuatro cilindros, el Fiat 514, que estaba viviendo un gran éxito en Italia desde su lanzamiento en 1929 gracias a su precio contenido y mecánica fiable, y una propuesta de gama media-alta que nunca llegaría a producirse en España, el Fiat 521, amplio, cómodo y robusto.

En sus inicios, la planta recibiría sus componentes desde Italia, pero, gradualmente, se fabricarían en España hasta llegar hasta un 80% de piezas de origen nacional entre 1935 y 1936. Arrancaría con 600 trabajadores para alcanzar los 3.000 empleados cuando funcionase a pleno rendimiento. Para ponerla en marcha, llegaron desde Turín el arquitecto Vittorio Bonadè Bottino, futuro artífice de la factoría de Mirafiori, y el ingeniero Ugo Gobbatto, especialista en grandes estructuras. La producción se inició con rapidez y, antes del verano, 35 unidades del Nuevo Fiat 514 “Hispano” ya habían salido de sus líneas de montaje.

Con una estética inspirada en las berlinas americanas que tanto éxito estaban teniendo en España, el Fiat 514 Hispano lo tenía todo para triunfar. En nuestro país se fabricó y comercializó la versión 4 puertas del modelo. Al volante, destacaba por la fiabilidad y el excelente comportamiento de su motor de 28 CV mientras que su interior tenía excelentes acabados, con un cuadro de instrumentos muy completo para los estándares de la época. El Fiat 514 Hispano se distinguía de sus hermanos por los remates cromados en la rejilla frontal y por un logo que exhibía la bandera tricolor republicana en la parte superior del radiador.

Pero la política española tenía otros planes: meses después de obtener el beneplácito del Gobierno y el apoyo de la Corona, unas elecciones municipales culminaron con la proclamación de la II República, abriendo un periodo de gran inestabilidad política, agravada por los efectos de la Gran Depresión que empezaban a hacerse sentir en la economía. La devaluación de la peseta, las trabas burocráticas a la importación de materiales y el aumento de los aranceles minaron la rentabilidad de la planta de Guadalajara. Se calcula que Fiat perdía 1.500 pesetas por vehículo producido (unos 3.800 euros actuales, teniendo en cuenta la inflación).

Finalmente, en 1935, 4 años y unos 300 automóviles producidos después, Fiat vendió las instalaciones alcarreñas a su propietario inicial, Hispano-Suiza, que proyectaba destinarlas a la producción aeronáutica, dejando atrás unos planes que habrían sido decisivos para impulsar el desarrollo industrial de Guadalajara y su comarca.

Fueron, por tanto, apenas 300 unidades las que salieron de las naves que hoy están hundidas y abandonadas, propiedad de un particular.

Esta pequeña historia de Guadalajara ha resucitado a ojos de otros, aunque la trayectoria industrial de este enclave del actual Polígono del Henares fue mucho más larga, tanto en automoción como en el sector aeronáutico o el de guerra, gracias a la propia Hispano Suiza. Una historia tan relevante que hay guadalajareños que todavía son conscientes de ella, un siglo después, aunque no haya servido para salvar la fábrica ni sus restos. Uno de los coches allí fabricados, un Hispano Suiza 514 de 1931, fue adquirido hace años por el Ayuntamiento de Guadalajara.

Fachada de la fábrica de La Hispano, en una postal de la época.

Lo único que ha llegado hasta nosotros de forma palpable es el abandono total de lo que fue ese complejo fabril. No queda más que parte de la fachada y apuntes de las naves.

En 2019, la asociación Hispania Nostra lo incluyó en su Lista Roja, que alerta de los edificios y monumentos españoles en mayor riesgo. Lo hizo entonces ante la evidencia de que sufre un «gran riesgo de desaparecer si no se actúa pronto». Desde ese toque de atención han pasado 5 años y nada ha cambiado.

Si la guerra civil infligió grave daños a todo aquello, aún tuvo alguna actividad económica hasta que esta cesó totalmente en 1978. A partir de ahí, «la Hispano» ha ido desapareciendo víctima de la incuria que con tanta saña prodiga Guadalajara, como una de sus más permanentes costumbres.


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