Los cafés para llevar resuelven la necesidad imperiosa de cafeína en Guadalajara. (Foto: La Crónic@)
Los cafés para llevar resuelven la necesidad imperiosa de cafeína en Guadalajara. (Foto: La Crónic@)

Ni siquiera los dueños más optimistas de los bares y restaurantes de la capital aguantaron mucho sin cerrar sus locales este martes, que era 13 en el calendario. Tenemos diez días por delante en la capital de la provincia de severas restricciones, como bien saben los lectores de este diario, que fueron de los primeros en enterarse y compartirlo.

No había que ser supersticioso para esperar lo peor, habida cuenta los malos augurios lanzados el viernes por el alcalde Alberto Rojo, el mismo que había hecho del positivismo una obligación cívica, incluso contra la evidencia de los elementos. Que la Delegación de Sanidad recibiera el fin de semana clausurando el interior de bares y restaurantes sin aviso previo, con toda la compra hecha y sin más remedio que tirarla, no era tampoco un buen precedente. Llegará el final de la pandemia y algunos burócratas no habrán cambiado algunas de sus (malas) costumbres.

El 14 de abril la ciudad de Guadalajara no parece animada a celebrar, salvo algunos muy concienciados, el recuerdo de la II República. La gente del común se dedica al sálvese quien pueda de intentar encontrar quien le facilite la necesaria dosis de cafeína para allanar un día que empieza tan cuesta arriba.

Dicen que el que descubrió el café fue un pastor de Arabia, hace algún que otro milenio, al darse cuenta de que las cabras que comían ciertos granos de ciertos matorrales se ponían literalmente como motos. En el mundo de hoy y en el comienzo de la jornada laboral, lo más a lo que aspiramos todos es a no ponernos como cabras por síndrome de abstinencia. Y para eso, resulta esencial que no falte el café matinal y su adecuada dosis de excitante droga legal.

Por pelotas, sin "pelotas". Los habituales del Bar Club entienden perfectamente el juego de palabras. (Foto: La Crónic@)
Por pelotas, sin “pelotas”. Los habituales del Bar Club entienden perfectamente el juego de palabras. (Foto: La Crónic@)

La mayoría de los bares están cerrados este Miércoles de Dolor en Guadalajara. Otros, con la experiencia acumulada de cerrojazos anteriores, abren la puerta y la convierten en mostrador desde donde servir para llevar.

Los más viajados saben bien lo que es el take away e incluso alguno lo habrá sufrido en la city londinense, comiendo entre ejecutivos bursátiles, todos tirados en el césped mientras los indígenas del imperio británico intentan deglutir, deprisa-deprisa-deprisa, un incendiario pollo tandoori del hindú de la esquina.

Expertos en cierres

Primero nos confinaron en casa. Luego nos echaron de los bares, poniéndonos en la calle. Nos embozaron cuando hubo mascarillas para hacerlo. Quisimos vivir cuando, a toque de corneta, llegó el verano de la redención fallida. Aguantamos el frío y la lluvia a la intemperie y ahora hacemos fila para llevarnos un café hasta la mesa del trabajo.

Hasta la bolsa de azúcar tiene cara de circunstancias este 14 de abril de 2021 en Guadalajara. (Foto: La Crónic@)
Hasta la bolsa de azúcar tiene cara de circunstancias este 14 de abril de 2021 en Guadalajara. (Foto: La Crónic@)

No es extraño que la bolsa del azúcar te salude como corresponde: ni siquiera el monigote que la ilustra sabe ya qué pensar entre tanto despropósito. Tanto, que las conversaciones de la mayoría oscilan hoy entre el cabreo esencial y los planes de fin de semana, eligiendo a conveniencia a qué pueblo o a qué ciudad de la provincia o de la región salir viernes, sábado y domingo a beber, comer y disfrutar como no se puede hacer en la Guadalajara puteada y no confinada perimetralmente que habrán de soportar sus habitantes hasta el 22 de abril, por lo menos.

Y menos mal que estamos vivos. Para verlo. Para contarlo.

Más artículos de El Paseante: