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19 junio 2024
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EL PASEANTE / Guadalajara cercada

Guadalajara está tomada por las obras, en las vísperas inciertas de una campaña electoral. Otra más. Es como un reflejo "pauloviano", el toque a rebato para intentar hacer lo que no se pudo, se supo o se quiso hacer durante todo el resto del mandato.

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Hay martes que te recuerdan, inevitablemente, a otros martes. Como este con el que se acaba el mes de enero de 2023, que te traslada a los lejanos tiempos en que Santa Clara existía en el uso cotidiano, aunque no hubiera ni rastro de la iglesia que dio nombre a ese cruce de caminos en el corazón de la ciudad, entre Miguel Fluiters, el Infantado y la iglesia de Santiago.

Cuando Guadalajara era capital de una provincia rural y agrícola y no la administradora del sueño y de los sueños de quienes vienen aquí a dormir tras trabajar donde cuadra, el ágora de Santa Clara era un fenómeno sociológico. Sin temor a ser atropellados, allí permanecían durante horas muchas personas. Venían de los pueblos cada martes a tratar de sus cosas y a hacer sus tratos al sol del invierno o de la primavera. En verano, bastante menos, por el calor y las cosechas.

Donde antes hollaran labradores hoy se plantan vallas, zanjas, tuberías y esos adoquines que en nada se parecen a los que, traídos desde Zaragoza, vendían en «Ultramarinos Gamo» y servían a las madres para recompensar a sus hijos, sin temor a las caries.

Inicio de las obras en un nuevo tramo de la calle Miguel Fluiters el 31 de enero de 2023. (Foto: La Crónic@)

Guadalajara está tomada por las obras, en las vísperas inciertas de una campaña electoral. Otra más. Es como un reflejo pauloviano, el toque a rebato para intentar hacer lo que no se pudo, se supo o se quiso hacer durante todo el resto del mandato. Y los vecinos, esperan, lo soportarán, agradecidos. Las mismas prisas con la firma de otros distintos y los mismos resultados de siempre.

A lo sumo, lo del agradecimiento ciudadano sería la consecuencia natural de lo mucho que se anda en estos días para ir y venir por las aceras cerradas al tránsito peatonal, hasta que te das de bruces con la realidad de una valla y un letrero. En el mucho andar está la salud y así nos quieren quienes nos mandan: sanos, para seguir currando; y felices, para no protestar cuando trabajamos. Los que podamos.

Como remate en esta mañana, que siempre fue día de mercado en la Guadalajara añeja hoy metida en obras, los que ya están instalando el alumbrado del Carnaval procedían a desmontar un árbol de Navidad de dimensiones cósmicas, instalado desde noviembre en el exterior del Mercado de Abastos. Para conseguirlo, grúa mediante, se ha tenido que cerrar el tráfico a escasos metros del Ayuntamiento, en la misma calle que ya suele ser un sindiós por la carga y descarga de quienes surten a los escasos puestos que aún aguantan, puertas adentro. La guinda de este agrio pastel.

Corte de tráfico en la Plaza de la Virgen de la Antigua para retirar un adorno navideño del Mercado de Abastos, el 31 de enero de 2023. (Foto: La Crónic@)

Son cosas menudas, se dirá. ¡Menudas cosas!, repondrán otros. Y así es, por que este paseante y muchos de sus congéneres no damos para más que para vivir cada día entre nuestras pequeñas circunstancias. Por eso, nos incomoda que nos hagan (aún) más difícil andar por lo cotidiano. Y no sólo en sentido figurado.

Cuando el manirroto te acaricia sabes bien que, al final, incluso ese cariño ajeno te acabará costando.


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