García-Page en Madrid, entre Rodríguez Zapatero y Pedro Duque.
García-Page en Madrid, entre Rodríguez Zapatero y Pedro Duque.

García-Page va sobrado y él lo sabe. Empezar la semana en Madrid, invitado muy especialmente por Pedro J. Ramírez para un sarao postinero es un síntoma del ritmo político y vital que ahora tiene, y disfruta, el presidente de Castilla-La Mancha. Al día de la fecha es ajeno a problemas inmobiliarios como los de su predecesora Cospedal, que ya veremos cuándo recupera la inversión del cigarral que tiene puesto a la venta. La segunda residencia del socialista, más que el Palacio de Fuensalida es el coche oficial; y su jardín, la A-42. En un permanente viaje de ida y vuelta que está lejos de acabar.

El director de “El Español” ha reunido este lunes en el más amplio salón del “Palace” al todo Madrid empresarial y a buena parte de los políticos que andan por la Corte. No todos, claro, pero suficientes para muñir escenas difíciles de narrar aun cuando se tenga la buena pluma de nuestro especialista en esas citas, José Luis Heras Celemín.

Entre los elegidos para sentarse frente al orador, Page tenía a su derecha a un circunspecto Rodríguez Zapatero… él, que siempre está a la izquierda de casi todo e incluso donde no debe. A la izquierda, el ministro de Ciencia, un Pedro Duque que no parece terminar nunca de aterrizar. Y alrededor, un mucho de todo: desde Rafa Hernando a Meritxell Batet, una presidenta que hace añorar a casi todos los que la antecedieron en el más relevante sillón de las Cortes.

Pedro J. habló de lo suyo, que es intentar ganar dinero con un nuevo digital económico, que complemente al diario que fundó hace un lustro. LA CRÓNICA empezó como nativo digital hace dos décadas, así que la supervivencia parece posible incluso más allá de Meco.

Tuvo tiempo el periodista riojano de referirse a García-Page desde el atril, para agradecerle la presencia y reconocer que está de acuerdo con todo lo que el castellanomanchego viene diciendo de la política española en los últimos meses. Cuando aludió al expresidente Zapatero, Ramírez hizo perceptibles equilibrios retóricos para no ofender. Bastante fue que, al acabar su intervención, le recordase la frase aquella de que “bajar impuestos es de izquierdas”. Todos los presentes rieron satisfechos, incluso sin palparse la cartera.

Rodríguez Zapatero y García-Page escuchan a Pedro J. Ramírez en el Palace madrileño.
Rodríguez Zapatero y García-Page escuchan a Pedro J. Ramírez en el Palace madrileño.

Antes de entrar al desayuno, con la sombra lejana de los leones de las Cortes al fondo, García-Page tuvo ocasión de decir lo que más le apetece: animar una vez más a tender “puentes entre lo que ha sido siempre la socialdemocracia con el centroderecha moderado”. En el canutazo enfatizó lo conveniente de que estos espacios mantengan las “diferencias” porque así se ayuda a la democracia, pero teniendo presente que “lo que afecta a todos no se puede decidir desde una mitad del país contra la otra”. Será por eso de la concordia y tal que al final tuvo un muy cariñoso saludo con Ana Botella, esposa de alguien del que aún se hacen chanzas en las filas del PSOE a la que surge ocasión.

Dicho todo lo cual, podemos volver al principio de estas líneas: García-Page habla en Madrid pero, todavía más importante para él, de García-Page hablan y escriben en Madrid. Con todo atado y bien atado al sur del Tajo, lo que suceda a las orillas del Manzanares sólo puede ser favorable a sus intereses de político de largo recorrido, como ha acreditado que es. Los que le estorban se irán disolviendo, porque el tiempo que a él no le acucia a otros ya los está quemando. Así en su tierra como en la que aún es la patria de los que quieren ser y sentirse españoles, que no son todos.

Fuera, la gente se seguía asustando sin freno con el coronavirus. Cuestión de pareceres, miedos y prioridades de este mundo nuestro que alguien nos dejó en usufructo y que no siempre es fácil de entender y, mucho menos, de administrar. Habrá que seguir intentándolo. Sobre todo ellos, llamémosles políticos, a los que les pagamos para que lo hagan.