José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín

En política hay que tener los calzoncillos limpios. El dicho, antiguo, es una especie de máxima, conocida por los que inician la actividad política, que sugiere que quienes se dediquen a la rex publica tengan limpios sus asuntos. Todos, incluidos los privados, que representan los calzoncillos, que se convertirán en públicos si se transforman en noticias.

Es cierto que si lo privado se expone al conocimiento general se restringe la intimidad y que tal servidumbre puede ser incómoda. Es lo normal en democracia ¿Derechos de los políticos? Por supuesto, sin otra restricción que la ley ni prevalencia sobre los derechos y libertades de todos: Derecho a la Información y Libertad de Prensa, especialmente.

En estos días, estamos viendo cómo un asunto privado de un político, el vicepresidente segundo Pablo Iglesias, se convierte en algo que tiene interés público: Es el en un principio llamado “Caso Dina Boulsselham”, relacionado con el vicepresidente Iglesias, que después se transformo en “Caso Villarejo” en relación con unas supuestas “Cloacas del Estado” para, más tarde y por alguna actividad judicial dar un giro notable en el que aparecieron “Cloacas de la Derecha”, una llamada “Policía Patriótica” y un artículo de un periodista, Carlos Herrera, con el título rotundo “La cloaca eres tú” refiriéndose al vicepresidente. Como últimos incidentes: Una viñeta con la leyenda “Pedro, Pablo y Dina Picapiedra”, en relación con unos dibujos animados, que se difundía por Internet con cierta gracia. Y otro, sin pinta de gracia, muy grave y extremadamente peligroso: La ocurrencia de enfangar las instituciones públicas y regar el ambiente con ataques a la prensa y a sus profesionales, por asuntos privados del vicepresidente, que le afectan a él, a su partido y al propio Gobierno al que sustenta en coalición.

Aunque, sin ocuparse de temas e intimidades personales, podría ser oportuno entrar en el asunto para tratar de ver hasta donde pueden llegar las responsabilidades de Iglesias, sus afines y del Gobierno del que forma parte (aún), parece más propio dejar que sean las Instituciones del Estado que deben de entender de esto quienes se encarguen de averiguar la responsabilidad de cada uno para, en su caso, sancionar lo que corresponda, resarcir a la sociedad de los perjuicios ocasionados, o paliar sus efectos.

Sin embargo, sí es adecuado tratar de separar los asuntos personales de Iglesias y quienes tengan intereses comunes con él (su partido y el Gobierno en el que participa) de los intereses generales, del Estado y de los estamentos que puedan sufrir las consecuencias. Con dos objetivos unidos y complementarios: Desenfangar las instituciones de cosas menores y privadas, aunque éstas sean de miembros del Gobierno Nacional o de las Cortes Generales. Y evitar o atenuar perjuicios a los sectores y actividades legítimas que están al servicio de la sociedad y deben ser protegidos.

En este sentido, si se separan los intereses generales de las cuestiones menores, el Estado se libera de simplezas ocasionales (las que corresponden a políticos con cargos temporales) para seguir prestando las misiones que les confiere el sistema. Por otra parte y unido a lo anterior, con la Instituciones del Estado libres de entelequias y manejos, se consigue la disposición propicia para defender a los sectores y actividades legítimas que, al servicio de todos, pueden ser molestados, advertidos o perjudicados por políticos.

Por el peligro que suponen, conviene señalar hechos conocidos que deterioran la convivencia, contaminan el ambiente social y reducen la libertad: Intimidación a la Prensa, amenazas y señalamientos a profesionales. Relaciones con la Prensa nacidas en momentos de pandemia impuestas y mantenidas sin justificación. Autopromociones de políticos impúdicas en medios públicos o subvencionados. Puesta en entredicho del respeto a la verdad. Ruedas de Prensa restringidas, dirigidas, controladas o transformadas en mítines.

Los hechos protagonizados por Pablo Iglesias y que afecta al Gobierno del que forma parte – especialmente al presidente que lo nombró y mantiene – están ahí y son conocidos: Mezcla de temas personales con asuntos públicos. Intento de aunar la defensa personal o autodefensa con peripecias privadas. Noticias de supuestas tramas conspirativas próximas a algún ministerio. Machismo, proteccionismo, promoción de parejas. Los hechos son tercos. Y suenan. Tanto que, si no se protegen las Instituciones Nacionales, el ruido puede superar las cuestiones personales para afectar a lo importante: Al Gobierno convertido en rehén de su vicepresidente segundo. A las Cortes Generales condicionadas en apoyos y controles de los grupos parlamentarios por una sola persona. A los grupos que forman el gobierno de coalición PSOE-UP. A todos los grupos políticos con representación parlamentaria o sin ella. A las personas implicadas en los asuntos de Iglesias (desde Pedro Sánchez al último colaborador). Y a todos nosotros.

Por eso, en beneficio nacional, y de todos, parece aconsejable recordar el dicho antiguo que sugiere que los que pretendas dedicarse a la rex publica tengan limpios sus asuntos. Será oportuno, para separar el grano de la paja, diferenciar calzoncillos (asuntos personales) de braguetas (asuntos de sexo o género). Y, en definitiva, para calibrar en su justa medida y en el momento político en el que nos encontramos, qué significa, ahora, lo que es algo más que un espectáculo: Los calzoncillos de Iglesias en el Gobierno de Sánchez.

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