Guadalajara es una provincia donde cada temporada, desde la primavera hasta el otoño, se celebran innumerables encierros, por el campo o por las calles, incluida la capital. Los ganaderos de reses bravas son uno más de los sectores afectados por los efectos económicos de la epidemia del COVID-19. Son importantes las pérdidas que está conllevando la suspensión de esos festejos taurinos y más lo será la paralización de otros, que aún están en el aire.

De todo lo que rodea al mundo del toro, los ganaderos quizá sean los más perjudicados, puestos en la tesitura de mantener el ganado o empezar ya a sacrificarlo. Al ganadero José María López ya le han suspendido muchos eventos taurinos para marzo, abril y mayo. “La situación es crítica”, apunta López, tras señalar que en su caso ya ha tenido que llevar unas 120 vacas al matadero y unos 80 machos, perdiendo entre 2.000 ó 3.000 euros por cada animal.

José María López, ganadero de bravo de Guadalajara.
José María López, ganadero de bravo de Guadalajara.

“He suspendido todo lo que tenía esta primavera. En junio iba a llevar mis reses para las vacas por el río de Trillo y no me han llamado tampoco”, confirma este ganadero. López se une a los que piden al Gobierno central que otorgue alguna ayuda económica a un sector que da trabajo a muchas personas y que se está viendo también “tremendamente afectado”.

“Dan ayudas a las ovejas, a los bares, a todo el mundo y a los ganaderos de lidia, nada”, lamenta. López aún tiene esperanzas de que en unas semanas, aunque sea con menos aforo, puedan celebrar algunos de los espectáculos que hay para otoño y noviembre, meses para los que hay algunos compromisos acordados pero sin saber si luego se llevarán a cabo o no. “El caos es tanto que muchos no saben aún ni lo que pasará”, concluye.