Ejemplares de sapo corredor recuperados por la Guardia Civil en una alberca de Almonacid de Zorita.
Ejemplares de sapo corredor recuperados por la Guardia Civil en una alberca de Almonacid de Zorita.

Sea coincidencia o consecuencia de un celo especial, lo cierto es que la Guardia Civil está demostrando una capacidad muy notable para salvar la fauna salvaje de Almonacid de Zorita. Si esta misma semana dábamos cuenta de cómo habían devuelto a su hábitat natural a un corzo que había caído a la tubería del Trasvase Tajo-Segura, lo que ahora se acaba de conocer es aún más exótico.


En efecto, agentes del Servicio de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil de Almonacid de Zorita han evitado que murieran un centenar de ejemplares sapo corredor, la especia científicamente conocida en latín como Bufo calamita.

Los agentes se encontraron con los anfibios en una alberca desecada, por lo que procedieron a su captura y a su posterior suelta al espacio natural, “evitando con esta acción la muerte de los animales”, según consta en la nota oficial. No hubo problemas de logísticas ni riesgo vital para los agentes, dada el minúsculo tamaño de los sapos, como se puede comprobar en las imágenes que acompañan a esta noticia.

Ejemplares de sapo corredor recuperados por la Guardia Civil en una alberca de Almonacid de Zorita.
Ejemplares de sapo corredor recuperados por la Guardia Civil en una alberca de Almonacid de Zorita.

Una especie protegida

El sapo corredor está incluido en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Castilla-La Mancha y está calificado como “especie de interés especial”.

De adultos, estos sapos pueden alcanzar los 6 centímetros de longitud en los machos, con más tamaño incluso en las hembras. Los renacuajos alcanzan los 3 centímetros al final de su desarrollo. Curiosamente, tras la metamorfosis su longitud merma hasta los 1,3 centímetros, coincidiendo con el momento en el que abandonan el agua

Viven más de doce años y se alimentan de insectos y otros invertebrados. En España, su período reproductivo suele acabar en junio en el centro de la Península. Cada hembra deposita miles de huevos, formando «ristras» en charcas.

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