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Se acabó la espera del encierro

El Paseante de LA CRÓNICA traza unas primeras pinceladas sobre los encierros de Guadalajara, a propósito del primero, celebrado este miércoles. Dentro de cuatro encierros más todo habrá acabado.

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Ni se llenó la plaza ni hubo apreturas tampoco en el recorrido, a un lado y otro de las talanqueras. Lo de añadir un encierro más a las Ferias de Guadalajara –pues ya son cinco– le quitó las legañas a la ciudad este 16 de septiembre y animó a corredores y espectadores a plantarse en las calles del centro de la capital. Todo ello, eso sí, con mesura.

Casi un cuarto de hora antes de que «El Rubio» lanzara los tres cohetes de rigor, ya había impacientes apostados en el primer tramo de la Calle Mayor, ese mismo que un año después sigue siendo novedad, aunque consolidada.

Hacia los corrales bajaban animados y con tiempo los numerosos pastores, bastante antes de que hiciera su aparición en el Jardinillo el concejal responsable de la cosa, Santiago López Pomeda; le acompañaba Chema Antón, edil de Seguridad.

Más cerca del Cielo y acogido a sagrado, el párroco de Santa María, Agustín Bugeda, esperaba atento y con pañuelo morado al cuello desde uno de los balcones de San Nicolás, lugar de privilegio por aquello de la amplia perspectiva.

Enfrente, en la tribuna con acceso «preferente» para los mayores de 65 años, muchos huecos por rellenar. Los que ya tienen alguna experiencia en estas lides siguen, cómplices y discretos, la misma mecánica: se sientan en la primera fila y cuando la manada viene, como un resorte, se levantan al unísono y se lanzan hacia la barandilla para ver el paso de los estados, forzando al resto de los espectadores a recomponerse a todo prisa, para ver algo. Es todo un tratamiento de choque contra la artrosis, a la vista de los resultados.

Con acento dulce del otro lado del Atlántico se sorprendía en voz alta una mujer aún joven momentos después: ¿Pero ya se ha acabado? El madrugón había valido para comprobar que algo han bajado las temperaturas y que en apenas quince o veinte segundos todo está consumado. En otros ámbitos los hay más rápidos, pero se avergüenzan de ello cuando les ocurre en casa. Unos asientos más abajo, otro espectador mejor pertrechado sigue en directo el encierro por su teléfono, para enterarse de algo.

Y el caso es que en ese punto concreto, un corredor tuvo que buscarse la gatera de las talanqueras para escapar de un colorao que le puso en apuros. Apurados también los que se encontraron de bruces con la manada a la altura de la churrería, aunque pudieron ponerse a salvo… por los pelos.

Más tranquilos, aunque jadeantes, los que ya por entonces corrían a los toros desde detrás de la rehata. Otra tradición local.

Algún corredor (camiseta blanca, gran estatura, impasible el ademán) cogió toro en la Calle Mayor Alta y ya no lo soltó hasta Santo Domingo. Ventajas de no tener que disputarse el sitio con nadie más que con uno de los zahínos que saldrán al espectáculo de recortes de este miércoles en el coso de Las Cruces.

Se acabó la espera del encierro. Aún faltan cuatro.

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