Por más que la religiosidad no parezca estar entre las preocupaciones (ni ocupaciones) de la mayoría de los españoles, el que un párroco cambie de destino afecta a los pueblos donde esto se produce. Así acaba de ocurrer en Brihuega. Lo conocemos con el testimonio y la prosa de Abelardo Mazo:
«Al final se nos ha ido. Llegó a Brihuega a predicar el novenario de la Virgen de la Peña en 2016. Durante ese año, el lema fue “SÉ MISERICORDIOSO COMO EL PADRE”, pues coincidía con el Año de la Misericordia, ordenado por el Papa Francisco.
Procedía don José Félix Bricio Ramos del Seminario Mayor de San Julián de Cuenca, donde ejercía como Director Espiritual.
Años más tarde, en 2018, fue nombrado oficialmente por el Obispado de Siguenza-Guadalajara como párroco in solidum por un periodo de seis años, posteriormente fue renovado. Recientemente ha sido nombrado párroco de las localidades de Villanueva de la Torre y Quer.
D. José Félix trajo algunas innovaciones a los cultos de la iglesia de Brihuega, entre ellas el solemne Vía Crucis que se celebra el viernes de Dolores por las calles de Brihuega con las imágenes que procesionan el Viernes Santo y otras que aportan los pueblos o pedanías de Brihuega.
También lo fue la Procesión del Domingo de Ramos que va desde la Plaza de San Felipe hasta el Prado de Santa María, pues anteriormente se limitaba al propio Prado. O la Procesión del Encuentro que se hace en la Praza del Coso, en Brihuega no la conocíamos, aunque los más mayores la recuerdan en la Plaza de San Felipe, de ahí el dicho aquel de que «en la Plaza de San Felipe hay una piedra redonda donde puso Dios el pie para subir a la Gloria». Y también la romería a las ruinas de la ermita de Santa Ana para conmemorar la traída de la Virgen de la Peña a Brihuega o como las alfombras que se montan en la festividad del Corpus Cristi o el día del Pilar, o la salida del Cristo del Perdón en procesión (solamente había salido una vez a la calle por las dificultades que entrañaba) así como un largo etcétera. Sin olvidarnos del trabajo realizado en la capilla de la Vera Cruz. No me cabe duda que si hubiera seguido en Brihuega hubiera hecho todo lo posible por reconstruir la ermita de Santa Ana, lugar desde donde se trajo en procesión la imagen de la Virgen de la Peña a Brihuega.
En su homilía en la Eucaristía de la mañana de despedida dijo que no se iba contento ni satisfecho de Brihuega, todo lo contrario: se marchaba con pena por las muchas cosas inacabadas o que quedaban por hacer, aunque seguro que su sucesor, D. Sergio Ribalda Vicente, las continuará y ampliará.
Desde luego, nos ha dejado a los brihuegos un poco tristes, aunque seguro que D. José Félix volverá por Brihuega cuando celebremos el I Centenario de la Coronación de la Virgen, pues ha sido como Abad de la Cofradía parte importante de lo que se está preparando. No decimos adiós D. José Félix, si no hasta luego».

