Uno de los detenidos en la operación de la Guardia Civil contra el tráfico de droga en Sigüenza.
Uno de los detenidos en la operación de la Guardia Civil contra el tráfico de droga en Sigüenza.

Ya se conocen todos los detalles de lo que ocultaba la amplia operación policial del pasado sábado en Sigüenza, que había levantado todo tipo de comentarios al hacerse muy visible en distintos puntos de la ciudad. La Guardia Civil de Guadalajara, en presencia de la juez, estaba en esos momentos procediendo a desarticular una organización dedicada al tráfico de cocaína, que operaba desde Sigüenza y que suministraba a toda la comarca. Hasta seis registros domiciliarios se han hecho.

Como consecuencia de este dispositivo se ha detenido a seis personas e incautado cerca de 500 dosis de cocaína, listas para su distribución. Los miembros de la banda tenían dos armas simuladas, machetes… y más de 8.500 euros en efectivo. Para su “trabajo” no estaban escasos de material suplementario, además de la propia droga: 3.000 bolsas de autocierre, molinillos (con restos de cocaína), una prensa hidráulica, moldes para la elaboración de placas de cocaína, balanzas de precisión y hasta 27 teléfonos móviles, además de tablets y ordenadores.

En verano ya vendían droga

La denominada operación ‘Gong’ comenzó en realidad el pasado mes de agosto. Por entonces, fueron varias las versiones que llegaron de vecinos que alertaban de las andanzas de ese grupo de “camellos”.

Los supuestos delincuentes eran especialmente precavidos. Los agentes han encontrado también dificultades en las propias características físicas de Sigüenza “con calles estrechas e intrincadas que ha complicado mucho la labor” de seguimiento, según reconoce la propia Guardia Civil.

Venta en diferentes viviendas

Los miembros de la banda cambiaban a menudo de domicilio. Cuatro de ellos pertenecían a una misma familia, de origen dominicano. Unas veces vendían la cocaína en su propio domicilio, donde los compradores realizaban la transacción en la misma puerta de la vivienda a plena luz del día con total impunidad, o bien algún miembro de la organización se desplazaba a las calles adyacentes a la casa para tratar de no llamar la atención entre los vecinos y así realizar la venta con más seguridad.

La cocaína la traían de Madrid. No hacían reparto por la comarca, por lo que era fácil ver a compradores de pueblos cercanos dirigirse a Sigüenza con este fin.

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