El castillo de Losse te recibe una vez sorteas el foso que lo rodea. (Foto: María Alonso / La Crónic@)
El castillo de Losse te recibe una vez sorteas el foso que lo rodea. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

Los muertos hablan. A diferencia de con los vivos, no hacen faltan oídos para escucharlos.

Los muertos hablan, pero lo hacen con una voz tan baja que hay que prestarles una atención a la ya que no estamos acostumbrados. Por eso, es bueno dejarse caer por este castillo a última hora de la tarde, sin más compañía que «Sultan», el perro de la finca, y con la ayuda imprescindible del joven Martin de Roquefeuil, que está al cargo de todo.

Estamos en el castillo de Losse, en el cantón de Montignac, distrito de Sarlat-la-Canéda, departamento de Dordoña, región de Nouvelle-Aquitaine, en el corazón de la República Francesa, baluarte de la siempre indecisa Unión Europea… un lugar desde el que mirar con nuestros ojos más allá del tiempo. Para disfrutarlo.

Castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

El Renacimiento hecho castillo

Mientras Martin habla y «Sultan» abre camino, la princesa Nhu May D’Annam murmura desde la distancia. Ella residió en una amplia casa, cercana al por entonces inhabitable castillo. Fue la última ocupante, la última de su saga.

«Sultan», el auténtico señor del castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

«Sultan», insistamos, es el dueño y señor del exterior del château. Si el paseo por la finca, con vistas al río Vézere, es un descanso para el alma, el interior nos pone en situación de lo que supuso el Renacimiento aplicado a los señores de esta parte de Francia. Fue una auténtica convulsión, un afán generalizado por rehacer las viejas fortalezas medievales y convertirlas en lo que hoy se ve: feudos de la civilización, no sólo del poder.

Son fogonazos de historia, estancia tras estancia, que se recorren con placer, aunque las fotografías no siempre dan una idea cabal ni del contenido ni del continente:

En Losse han hecho un esfuerzo encomiable por ambientar las estancias y así facilitar la visita. Junto con eso, hay sorpresas antológicas, como el suelo de guijarro en la primera planta, magníficamente restaurado. Es una de tantas joyas inesperadas.

Castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

La historia del castillo que hoy conocemos se inicia con Jean II de Losse, fallecido en 1580 y que es quien hizo construir la nueva fortaleza bajo los cánones del Renacimiento, incluyendo una magnífica terraza fluvial. El señor de estas tierras llegó a ser tutor del futuro Enrique IV, lo que da idea de su relevancia en aquella agitada Francia. A él se le atribuye la sentencia grabada en piedra en el frontispicio de la entrada: «El hombre hace lo que puede; la fortuna, lo que quiere». En francés, obviamente, rima mejor:

Castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

El château es castillo, no lo olvidemos. Nos lo recuerda el foso de la entrada, aunque ahora quien le encuentra más utilidad es una solitaria gallina, que picotea la hierba del fondo.

La caliza tallada con el criterio renacentista se extiende aquí y allá, mientras que en las salas del interior avanzamos de siglo en siglo, con el recuerdo de sus moradores.

Los jardines, reconocidos por su diseño, incluyen laberintos, cenadores, paseos y una variedad de plantas, incluidas aromáticas. Su mantenimiento y su diseño actual son responsabilidad de otra mujer, la ya octogenaria Jacqueline Van den Schueren, siempre entre Losse y Bélgica.

Castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

El Jardín de la Princesa y su peculiar historia

Y es aquí cuando paramos, nos echamos a un lado y dejamos que, en silencio, la princesa Nhu May D’Annam nos cuente su peculiar historia.

Si escuchamos con atención, el aire que sopla por entre las hojas de los árboles nos traerá el nombre de Hàm Nghi, el último rey de Vietnam, forzado por los franceses en 1889 a exiliarse en la lejanísima Argelia, con apenas 17 años y sólo cuatro después de haber llegado al trono.

El joven monarca, la cabeza más visible del movimiento contra la colonización europea de Indochina, era descendiente de Gia Long, el unificador de Vietnam en 1802.

Hàm Nghi se adaptó sin mucho ánimo a su nueva condición de expatriado, aunque terminó por aceptar su destino e incluso el matrimonio que éste le guardaba con una francesa de 20 años, Marcelle Laloë, hija del presidente del Tribunal de Argel. Él ya había cumplido los 33 y pronto irían naciendo sus tres hijos. Entre ellos, y la primera, en 1905, la princesa que nos habla aquí y ahora.

Contrariamente a lo que se lee por Internet, no fue la familia materna, los Laloë, originarios de Dordoña, quienes compraron el castillo de Losse y sus tierras. Fue la propia princesa quien lo adquirió en 1930, una vez concluidos sus estudios en el Agro Paris Tech. Graduada en 1927, en eso también se marcó su destino por caminos muy poco trillados…

La madre terminaría falleciendo en la propiedad en 1974, cuando contaba 90 años. Su primogénita, en 1999. Una vida ajena a los fastos cortesanos y dedicada al campo, más agricultora que terrateniente. Y jardinera, como acredita su obra y su legado en Losse.

Años después, el pabellón de la Princesa se reconvirtió en salón de té abierto al público y en la actualidad es un restaurante con una creciente buena fama por los contornos. Una agradable manera, además, de completar la visita al castillo, con mesa y mantel.

El pabellón reconvertido en muy interesante restaurante, en el exterior del castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Crónic@)
El pabellón reconvertido en muy interesante restaurante, en el exterior del castillo de Losse. (Foto: María Alonso / La Cró[email protected])

Más castillos, más historias

En las últimas semanas, otro castillo de esta misma región ha saltado a la actualidad, gracias a otra mujer que, al igual que la princesa de nuestra historia, vino de muy lejanas tierras… aunque en este caso, con mucho más reconocimiento popular.

Josephine Baker, nacida en Estados Unidos, ha entrado en el Panteón de franceses ilustres el 30 de noviembre de 2021. Para empaparse de su biografía, nada mejor que ir hasta el castillo que compró en 1947 y que convirtió en su casa y en la de sus muchos hijos adoptivos. El château de Milandes es uno de los más significativos, pero hay muchos y muy impresionantes.

No hay que perderse el château de Beynac, pero es que lo mismo podría decirse del de Hautefort. La lista es casi interminable


¿Dónde dormir cerca de Losse? En Thonac

Thonac es la elección más acertada para hacer noche antes o después de ver el castillo de Losse y, sobre todo, si lo que se pretende es conocer Lascaux o cualquiera de las innumerables grutas que por toda esta zona conservan arte parietal desde el Paleolítico y que merecen visita detallada.

Y en Thonac, no hay duda: hay que acudir al Hotel Archambeau. Es un placer disfrutar de uno de sus coquetos y bien surtidos apartamentos o de una habitación más sencilla, todo en un entorno casi mágico y, sobre todo, muy cuidado. Su propietario, además, se esforzará por hablarte en español. Todo, en un pequeño pueblo que apenas ronda los 300 habitantes.

Para comida o cena, el restaurante no desmerece. Cuando este viajero lo disfrutó, compartió salón con comensales del propio pueblo y de los alrededores, en feliz comunión. No hace falta mejor garantía.

Hôtel Archambeau, en Thonac.

Más información:

(Este reportaje se ha realizado con la colaboración del Comité Regional de Turismo de Nouvelle-Aquitaine)