Banderas a media asta en el Ayuntamiento de Guadalajara, por el coronavirus, el Domingo de Ramos de 2020.
Fachada del Ayuntamiento de Guadalajara. (Foto: La Crónic@)

El 14 de enero de 2022 tocaba hacer historia de Guadalajara con la aprobación de unos presupuestos municipales como nunca se habían visto hasta ahora en la ciudad. Y sin embargo, lo que se escuchaba en el salón de plenos del centro social de «Los Valles» sonaba a viejo y a conocido, como si los concejales estuvieran en las Casas Consistoriales de la Plaza Mayor y en cualquier otro debate de años anteriores.

Se sabía que el proyecto de presupuestos venía con el informe negativo del interventor, del mismo modo que se vaticinaba sin asomo de duda que saldría adelante a pesar de ese gran reparo.

A las doce menos cuarto, el alcalde proclamaba la buena nueva: habemus praevisionem, que se diría en latín, aunque él lo dijo en español y al levantar la sesión.

Tampoco fue la cosa como para lanzar cohetes ni humo blanco, porque las grandes cuentas para 2022 salieron con el único apoyo de PSOE y Ciudadanos y con los demás concejales, incluido Jorge Riendas, en contra. Un 13 a 12 que no da para sacar pecho ni en un partido de balonmano.

Con la vista puesta en las elecciones

Hasta llegar a ese momento, lo más notable fue el empeño de todos por empezar a ubicarse en 2023, cuando las elecciones pondrán a cada cual en su sitio y a más de uno en la calle.

Así, resultaba casi enternecedor el empeño nada disimulado del portavoz de Vox, Antonio de Miguel, de cargar contra Ciudadanos de manera inmisericorde y casi monotemática. ¿Piensan en esa formación que los votantes naranjas de 2019 pueden apoyarles a ellos en las próximas municipales, pasando por encima del PP? A la vista de la estrategia, sin duda lo creen.

Mientras, Carnicero también largaba reproches y desprecios hacia el partido que los mantuvo en el gobierno local en el último mandato de Román, cuando por los pasillos aún se hacía recuento de la variedad de chalecos de Alejandro Ruiz. Pero como al portavoz del PP ya solo le falta plantarse en el pleno con toga de abogado, su tono crecientemente judicial impactaba menos que el martillo pilón de Vox. A falta, además, de que desde fuera de Guadalajara se apruebe al cabeza de cartel de los populares, que previsiblemente no será él.

Vox estaba en boca incluso de quienes no lo nombraban, como ocurre con el alcalde de Guadalajara, que se esfuerza tanto en no pronunciar su nombre que hace eco cuando lo omite, sustituyéndolo por cualquier perífrasis. 

Todo era, en fin, tan de película que no sorprendió a nadie que Aike reclamase que el Ayuntamiento de Guadalajara se pague una Escuela de Cine.

Las cosas del «rojo simpático»

Llegado un momento, a la concejala Lucía de Luz le entró algo parecido a un ataque de celos. Fue a propósito de que Jaime Carnicero hablara bien, una vez más, de José Morales. Para la concejala de Hacienda, no era justo que el portavoz del PP lanzara tantos guiños al de Unidas Podemos por ser «un rojo simpático» y que solo tenga reproches para ella. En la retransmisión no se pudo ver la cara de otro Rojo, se supone que más relevante, que se llama Alberto y que también se esfuerza en caer simpático.

La imposibilidad de asistir a los plenos le hurtan al periodista verificaciones faciales importantes, insistamos, como la de Lucía de Luz al escuchar a Israel Marco, de Ciudadanos, eso de que «por fin la política liberal económica ha llegado al Ayuntamiento de Guadalajara». Gracias a ellos, quiso decir. A ellos, ellos. No a ellos y al PSOE, aunque todavía estén (donde sea que estén) porque están con ellos.

7 millones para regar Guadalajara

Como la historia iba de incienso y vinagre alternativamente, no se oyó lo suficiente que nadie se espantara por la forma en que el Ayuntamiento de Guadalajara se prepara para subsidiar a todo lo subsidiable de la ciudad. Para eso van a disponer de casi 7 millones de euros, que irán a parar a algunos ciudadanos particulares, a asociaciones varias y a la CEOE.

Morales, el rojo simpático emparentado fraternalmente con el líder de CCOO, quizá no caiga tan bien por la sede de la patronal tras este pleno. Al único concejal de Unidas Podemos le puede el efecto pauloviano cuando le muestran la muleta de los empresarios o los curas: se arranca y embiste. «No vamos a tragar», aseguró, casi airado. El bocado indigesto era para Morales que entre Diputación y Ayuntamiento vayan a dar, de consuno, 700.000 euros este año a la CEOE. Se olvidaba de la Junta, que también aporta óbolo.

Guadalajara, «la ciudad de las oportunidades»

De Luz terminó su último turno de palabra con el bosquejo de titular que tenía marcado en sus notas, para que algún periodista se lo comprara: lo de estos presupuestos es, simplemente, «seguir haciendo de Guadalajara la ciudad de las oportunidades», proclamó rotunda. Como para ver a Ryan Gosling y Emma Stone bailando bajo las estrellas… si esto no fuera Guadalajara, con un frío del carajo en el año del aniversario de «Filomena», la que aún está sin restañar.

Precisamente, según Alberto Rojo, estas cuentas municipales van a ayudar, entre otros muchos logros inminentes, «a la lucha contra el cambio climático», aun cuando lo de la Zona de Bajas Emisiones, que es preceptiva por imperativo europeo, todavía tardará algo más en llegar. A ver si va a ser verdad que nadie cree que estos presupuestos no se vayan a estirar hasta más allá de mayo de 2023.

2023, sí. Ese interesante momento en que las urnas quizá decidan que todo sea distinto para que nada cambie. Lo dijo Lampedusa; lo avala nuestra historia.

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