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Castella, a hombros en la última de la Feria de Guadalajara

En un festejo de luces y sombras marcado por la desigualdad de los toros sevillanos, la determinación de Sebastián Castella y el torerío de Juan Ortega ofrecieron los momentos más brillantes ante una afición que volvió a volcarse con la fiesta en el tramo final de la temporada.

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La Feria de la Antigua de Guadalajara vivió un intenso capítulo taurino este domingo, 20 de septiembre, en un festejo final donde la firmeza de la terna y la dispar condición de los astados de Juan Pedro Domecq marcaron el devenir de la tarde.

Con tres cuartos de entrada en los tendidos, la afición alcarreña presenció la salida a hombros de Sebastián Castella, quien firmó lo más destacado de la función tras imponerse al mejor ejemplar del encierro.

El magisterio de Castella y el premio a la eficacia

El diestro francés no tuvo opciones en su primer toro. Se enfrentó a un animal noble pero falto de ritmo y entrega, que terminó rajado y frustró cualquier intento de lucimiento.

Tras escuchar silencio, Castella se plantó en el ruedo en el cuarto dispuesto a no irse de vacío. El que hacía cuarto resultó ser un auténtico «superclase», un animal que permitió al galo lucirse desde el saludo capotero con un repertorio abundante, limpio y variado.

Aunque la faena de muleta no alcanzó picos de intensidad continuados debido a cierta irregularidad en las tandas, Castella dejó momentos de gran temple ante las boyantes acometidas del astado de Juan Pedro. Un certero estoconazo al primer intento puso el broche a su actuación, logrando cortar las dos orejas que le abrieron de par en par la puerta grande de la plaza de toros de Guadalajara.

La entrega de Juan Ortega frena en la suerte suprema

Por su parte, Juan Ortega cuajó una de las actuaciones más sólidas de la tarde en el segundo. Ante un ejemplar falto de clase y reservón, el torero de orígenes checanos tiró de ajuste, variedad y entrega para meterlo en la muleta, destacando una serie de manoletinas rodilla en tierra que que encontraron eco en el público. Tras matar a la primera, paseó un merecido trofeo.

El triunfo mayor se le escapó al diestro en el quinto, un animal al que saludó con un brillante recibo a la verónica y un vistoso quite por chicuelinas. Aunque el astado se vino abajo en el último tercio, Ortega porfió con enorme disposición para sacar pases de mucho mérito. Sin embargo, los fallos con la espada en la suerte suprema le privaron de cortar la oreja que le habría garantizado la salida a hombros junto a Castella, quedando su balance en silencio.

Sin opciones para Pablo Aguado en un lote adverso

La cara amarga de la tarde la vivió Pablo Aguado, que sorteó el peor lote de la corrida. El tercero de la tarde, el «colorao» que había protagonizado el encierro de esa misma mañana, de embestidas desiguales e incómodas, impidió que el diestro sevillano pudiera desplegar su habitual concepto de toreo clásico. Pese a intentarlo sin rendirse, Aguado no tuvo opción alguna de triunfo y saludó silencio tras necesitar tres intentos para ejecutar la suerte suprema.

Tampoco mejoró el panorama en el toro que cerró plaza. El último astado resultó impredecible, complicando la lidia y dejando al torero sin opciones.