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Historias poco conocidas de los encierros de Guadalajara

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Hay un momento en Guadalajara en el que la ciudad cambia el paso. El cohete rompe el silencio, los cabestros arrancan y el toro vuelve a adueñarse de unas calles que forman parte de la memoria de generaciones. Desde 2025, el encierro ha recuperado además un escenario que durante años había quedado fuera de su recorrido. Este escenario es el corazón del casco histórico. La Calle Mayor es, además, uno de sus puntos emblemáticos.

Y la apuesta del equipo de Gobierno es que ese regreso no sea un punto de llegada, sino de partida. Los encierros de Guadalajara, declarados Fiesta de Interés Turístico Regional desde 2020, buscan ganar protagonismo y atraer cada vez a más aficionados y corredores de fuera de la ciudad. Ya llegan profesionales y corredores habituales de otros grandes encierros españoles. También hay presencia de participantes procedentes de Pamplona, San Sebastián de los Reyes y otros puntos del país.

Para los pastores Alberto López, ‘Jano’, y Francisco Sánchez, ‘Paquillo de Trillo’, ese crecimiento se percibe también desde dentro del recorrido. «Llevamos en torno a cinco o seis años evolucionando bastante», explica López, que aprecia una mejora tanto en el nivel de los toros como en el de los corredores. Cuando aparecen animales «con unas hechuras y un toro de primera», señala, aumenta también el interés por venir a correr a Guadalajara.

Su trabajo, entretanto, pasa por que el protagonista llegue a la plaza en las mejores condiciones. El pastor debe proteger al toro, evitar que se vuelva si alguien lo cita desde atrás y conseguir que la manada avance de la forma «más directa» posible hacia el coso. Una labor que también se puso a prueba con la cabestrada celebrada como antesala de la feria.

La cabestrada ha adquirido así una doble dimensión: es simulacro y espectáculo. Permite comprobar el recorrido y que los cabestros conozcan el camino que deberán realizar. Al mismo tiempo, ofrece a los corredores una primera toma de contacto. Este año, además, se abrió a la participación de corredores. Esto fue después de que en 2025 tuviera fundamentalmente carácter de prueba y espectáculo.

El recorrido que parte de los corrales instalados junto al Mercado de Abastos atraviesa Doctor Mayoral, Plaza Mayor, Calle Mayor, Santo Domingo y Capitán Arenas antes de alcanzar la Plaza de Toros. Es un trazado que el Ayuntamiento ha reforzado con nuevas estructuras de acero. Además, hay más puertas antirretorno y de seguridad, sistemas de megafonía y dispositivos de cardioprotección.

Pero si hay un elemento que marca la evolución de esta edición es la incorporación de un quinto encierro. La alcaldesa, Ana Guarinos, sostiene que es la primera vez que Guadalajara cuenta con cinco encierros «tal y como los concebimos actualmente». Aunque reconoce que existen antecedentes históricos difíciles de equiparar con el formato actual. «Los encierros de Guadalajara tienen muchísimo futuro», defiende Guarinos. Ella está convencida de que la recuperación del recorrido histórico ha servido para devolver esta tradición al centro de la vida de la ciudad. La placa descubierta en la Plaza Mayor recuerda precisamente que existe documentación sobre el paso de toros por este lugar desde 1364.

La recuperación del casco histórico se plantea también como una forma de unir toro, patrimonio y ciudad. El encierro deja de ser únicamente un espectáculo taurino para convertirse, en la concepción municipal, en una ventana desde la que mostrar al visitante las calles y el patrimonio de Guadalajara. Además, contribuye a la actividad del centro.

El crecimiento se mide también fuera de las vallas. El Ayuntamiento cifra en alrededor de 130 ó 140 los profesionales de los medios acreditados este año. Esto supone un 30% más que en la edición anterior. Además, prevé la presencia de alrededor de 80 corredores habituales de Pamplona. Son señales de una fiesta que busca ampliar su radio de influencia sin perder aquello que la define. Toros en puntas, emoción y una carrera en la que cada segundo cuenta siguen siendo la base.

NUEVO CABEZUDO: EL TORERO SALERI II

En paralelo, la ciudad reivindica su condición taurina. La incorporación del nuevo cabezudo dedicado a Saleri II, torero estrechamente vinculado al Coso de las Cruces y a Guadalajara, ha servido para escenificar la conexión entre dos tradiciones presentes en las fiestas desde hace décadas: los toros y la comparsa de Gigantes y Cabezudos. «Guadalajara es una ciudad taurina y lo llevamos a gala», resume la alcaldesa. Ella sitúa los encierros como una tradición que, además de mirar al pasado, pretende proyectarse hacia las próximas generaciones.

Porque cuando el toro sale, la teoría desaparece. Quedan el ruido de los corredores, el golpe de las pezuñas contra el asfalto, el grito que avisa de una carrera que se aproxima y ese «gusanillo» que, en palabras de Guarinos, recorre el cuerpo de quien espera el momento.

LOS ENCIERROS ENSANCHAN SU AFICIÓN

Guadalajara quiere que ese instante se escuche cada vez más lejos. Y que, junto a los vecinos que llevan generaciones corriendo o mirando desde las talanqueras, sean cada vez más los aficionados que lleguen desde otros lugares para descubrir que, en el corazón de la ciudad, también se corre detrás del toro.

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