El solar del antiguo Bar Soria, lleno de vegetación, en julio de 2022. (Foto: La Crónic@)
El solar del antiguo Bar Soria, lleno de vegetación, en julio de 2022. (Foto: La Crónic@)

Que no te engañen: quienes abogan por la desaparición de los solares de Guadalajara no saben lo que dicen o son malas personas. ¿Para qué renunciar a estos espacios de esparcimiento y biodiversidad, en pleno centro de la ciudad?

Vale que el del «Maragato» lo tienen arrasado por las ya antiguas catas arqueológicas pero, si no, sería un vergel, como ya lo fue. He ahí la prueba:

Solar de la Plaza Mayor.
Solar de la Plaza Mayor, con su antigua vegetación, ahora desaparecida. (Foto: La Crónic@)

Y sin embargo, son muchos los espacios de la capital alcarreña donde el verde ha vencido al gris del granito. Alegrémonos, hermanos.

Vale que para conseguirlo haya habido que consentir que alguien tirara un edificio, alguien se olvidara de volverlo a levantar y alguien (o muchos alguienes) lo permitieran. Y así, más de un centenar de veces en el casco viejo, mucho más viejo que histórico, de la ciudad.

Para no andar erráticos y peripatéticos sin necesidad, tomemos como ejemplo lo que fue el Bar Soria y es hoy, con todo su esplendor, uno de los mejores ejemplos de selva urbana que Guadalajara puede aportar al visitante.

Tanta es la feracidad de su masa arbórea que ya apenas se atisban los restos que allí aparecieron, los de la iglesia de San Andrés, uno de los muchos monumentos que en los últimos dos siglos los munícipes dejaron caer, cuando no directamente propiciaron su desaparición.

Interior de la iglesia de San Andrés en 1837. El grabado forma parte de los fondos del Museo Lázaro Galdiano, de Madrid.
Interior de la iglesia de San Andrés en 1837. El grabado forma parte de los fondos del Museo Lázaro Galdiano, de Madrid.

Sin tanto afán destructivo de los abuelos y bisabuelos, en vez de un Edificio Negro / Arriaca Digital que tanto cuesta rematar también tendríamos una iglesia digna de contemplar en la plaza del Concejo. Pocos la echan de menos.

Seamos, por tanto, positivos, y pensemos que todo esto responde a un plan meditado, premeditado y ejecutado por quien debe hacerlo. Cuando un concejal anuncia rigor y multas para quienes no mantengan limpios los solares, es obvio que bromea porque si no habría que pensar que es un dejado o un incompetente a la vista del persistente incumplimiento general, mucho tiempo después.

Fue hace un año la última vez que públicamente se anunció desde el Ayuntamiento de Guadalajara que estaba en marcha una campaña, nunca derogada, para la inspección de los solares de Guadalajara. Un millar decían que iban a revisar. Tres inspecciones técnicas al año, a 400 euros cada una, a cargo del propietario. Resolvamos la fácil operación aritmética: serían 1.200 euros de vellón por incumplidor, cantidad que nadie sabe cuántos han pagado pues nadie sabe tampoco cuántas inspecciones se han hecho.

Y lo más encantador y emocionante es que, en junio de 2021, se nos recordaba que quienes mantienen sus solares en indebida forma pueden ser sancionados hasta con 6.000 euros.

Los solares están para quedarse y para embellecer con su verdor casi tropical la ciudad. Loado sea el Consistorio.

Ya solo falta que, aceptados los hechos como ciertos e inevitables, las brigadas municipales que aún quedan derriben los muros y dejen franco el paso a los vecinos.

Con placa inaugural, of course.

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