Una de las imágenes más conocidas de la ciudad de Luxemburgo. (Foto: La Crónic@)
Luxemburgo. (Foto: La Cró[email protected]

¿Qué estuvimos haciendo los españoles durante más de un siglo en Luxemburgo? ¿Qué ha pasado para que nadie se acuerde en España de que eso ocurrió? Eso, y mucho más, es lo que te vamos a contar. Pero todo a su tiempo.

En LA CRÓNICA entendemos que marcar itinerarios al viajero es robarle no sólo la libertad sino el placer de descubrirlos por sí mismo. Eso es de aplicación también para el momento de sentarse a una mesa para comer, beber y vivir. Así que tómate lo que sigue como sugerencias y brujulea luego como quieras o te surja.

Alimentemos el cuerpo antes que el espíritu

Si lo tuyo es lo gastronómico, apúntate palabras como kuddelfleck (callos de vaca rebozados) o el judd mat gaardebounen, que viene a ser parte del cuello del cerdo con judías.  Hasta ahí, lo tópico. ¿Pero quién se conformaría en un viaje a Madrid con una dieta sólo a base de cocido de «La Bola» si puede acudir a cualquiera de los cientos de restaurantes que innovan, con precios para casi todos los bolsillos? Pues algo parecido es lo que le puede ocurrir al viajero en Luxemburgo.

Alternativas hay para todos los gustos, necesidades y posibilidades. 

Puedes abalanzarte en alguno de los muchos Oberweis y señalar con el dedo lo que más te guste. Puedes turistear a placer en la Plaza de Armas o tirar de pizza, según te pida el cuerpo y la economía. Puestos a ponernos generosos con nosotoros mismos, encontrarás allá y acullá lugares de moda… a su precio.

Comer…

Una buena referencia, sobre todo en verano y en su terraza, es «Um plateau», que se define como «bar oú manger» (bar donde comer) y que mantiene el aire cool con el que abrió hace unos años. Contrariamente a lo que algunos hayan podido comentar en el inevitable Tripadvisor, sí hay opciones vegeterianas. Y también un surtido de ibéricos que te dejará el cuerpo como nuevo.

Puestos a recomendar, entre original y de confianza está «Ca(fe)sino», que ocupa la planta principal de, precisamente, eso: el antiguo casino de la ciudad. No hubo aquí nunca ruletas ni mesas para el bacarrá, sino un lugar para que la burguesía local hiciera sus negocios, al estilo de tantas ciudades y poblachones en España. Ahora, lo que encuentras no son veladores sino una gran «table d’hotê», que es como aquí llaman a eso que es tan habitual en las feiras gallegas: compartir mesa con otros comensales, aunque con sillas individuales y no con banco corrido. Del antiguo casino quedan restos y estética. Más allá del vestíbulo, puedes acceder a un curioso museo de arte moderno del que recomendamos, más que sus salas, el maravilloso catálogo que ilustra su actividad para niños y familias, impreso a dos tintas y con un fantástico ejercicio de diseño gráfico… gratis, además.

Beber…

Cuando lo que toca es beber, la cerveza es el primer recurso para muchos. Bueno está que así sea, sobre todo en este cruce de caminos. Advertir, no obstante, que la cercana Valonia ofrece más variedad y calidad en lo de combinar lúpulo y agua con cebada o trigo. Entre lo habitual, la Diekirch es omnipresente, como también la Bofferding, cervezas ligeras y que se arriesgan a pasar sin demasiada gloria por el paladar. Siempre queda el recurso de pedir una Leffe de la no muy lejana Dinant…

El viajero prudente no se irá de Luxemburgo sin probar su vino. Especialmente, cualquiera de sus blancos. Aquí no caben sorpresas, porque casi todos son de buena calidad y casi todos, también, caros. Puestos a tener dilemas, habrá que decidir entre Pinord Noir o Pinord Gris. Déjese llevar.

Ver y vivir en Luxemburgo

Ceñirlo todo a la comida sería una necedad, además de un dispendio bastante insoportable deambulando por el país con mayor renta per capita del mundo. Por andar no cobran y tiene sus recompensas:

• Un peculiar sentido del ecologismo urbano. En España, si vemos un rincón de una ciudad con matojos casi selváticos, bramaremos en arameo contra el alcalde y su equipo. Aquí no, porque es premeditado. Lo de la «vegetación diferenciada» incluye adaptar el mantenimiento, o la falta de él, a las diferentes zonas, evitando herbicidas y utilizando plantas autóctonas. El resultado salta a la vista.

Ecologismo aplicado con convicción, en los aledaños de un museo impresionante, el de Arte Moderno. (Foto: La Cró[email protected])

• Poderío femenino. La gran duquesa Charlotte tiene su estatua y méritos para tenerla. Carlota Aldegonde Elisa María Guillermina murio en 1985, a los 89 años, y el cariño que despertó se mantiene. Ella no fue la primera mujer en acceder al cargo, pues ya lo había sido su hermana tras abolirse hace ya más de un siglo cualquier restricción al respecto por razón de sexo. Adelaida soportó poco el poder, apenas unos años hasta retirarse a un convento. Así, Charlotte vivió al frente de su país desde 1919 no sólo una constante expansión económica (primero, industrial; luego, financiera) sino también la ocupación alemana, la liberación y la consolidación internacional de su país. Curiosamente, en ella misma se representa también el particular vínculo entre Luxemburgo y los portueses, siendo como era hija de María Ana de Braganza, de la casa real lusa.

Estatua de la gran duquesa Charlotte. (Foto: La Cró[email protected])

• Españoles bien mirados. Lo preguntes en francés, inglés o incluso en español, no hay forma de encontrar un interlocutor que tuerza el gesto cuando se le requiere opinión sobre la imagen que dejaron por aquí los españoles. Fue más de un siglo, sí, pero hace tanto que la animadversión latente se ha quedado más para criticar, sotto voce, a los holandeses o a los alemanes. Casi cosas de familia, en muchos casos.

• Un país católico, crecientemente agnóstico, muy poco musulmán. Es uno de los grandes misterios para el resto de los europeos que se dejan caer por Luxemburgo: la escasísima presencia de población musulmana. Puestos a buscar aparecen más hiyads en los periódicos, ilustrando algún curso de Cáritas para inmigrantes, que por calles o plazas. Preguntas y la respuesta se repite siempre idéntica: «Somos un país mayoritariamente católico». Bélgica, Francia, Austria o España podrían decir lo mismo, aunque con circunstancias diferentes.


Luxemburgo confía en España para su turismo

Luxembourg for Tourism (LFT) y sus socios se reúnen este lunes en Madrid con profesionales del turismo del sector del ocio español y prensa especializada, en un acto en el que estará presente LA CRÓNICA. El evento será presidido por Christian Biever, embajador de Luxemburgo en España y asistirá Sebastian Reddeker, CEO de Luxembourg for Tourism GIE (Turismo de Luxemburgo).

Además de Luxembourg for Tourism intervendrá la Oficina de Turismo de la Ciudad de Luxemburgo, turismo.lu y Voyages Emile Weber, uno los más importantes players por sus ofertas de viajes.

El mercado español es cada vez más importante para el sector del ocio luxemburgués. Hasta ahora, la mayoría de los visitantes de España proceden de Madrid, con su área de influencia, y Barcelona. El potencial total de visitantes en el mercado español para los próximos 3 años asciende a 8 millones, con un alto interés particularmente entre las mujeres más jóvenes que buscan viajes de ciudad y cultura. Los responsables luxemburgueses ven un gran potencial de crecimiento para experiencias culinarias y de naturaleza.


De hecho, Luxemburgo ofrece multitud de actividades y experiencias, ya sea en el campo o en la ciudad, para amantes del aire libre o amantes de la cultura, para senderistas o ciclistas, para amantes del vino y gourmets, para personas que viajan solas, en pareja, en grupo o en familia.


CLAVES PARA VISITAR LA CIUDAD DE LUXEMBURGO

Tanto si estás sólo de paso, o si dudas entre quedarte un día o dos, o incluso si ya tienes claro que la ciudad de Luxemburgo es tu primera etapa para conocer este pequeño país, lo que sigue a continuación puede serte de utilidad:

Luxemburgo es la capital del único Gran Ducado del mundo. Fue fundada en el año 963, aprovechando el imponente promontorio sobre el que se construyeron las primeras construcciones hasta convertirlo en una fortaleza militar inexpugnable, aunque disputada por las potencias europeas durante siglos. En el siglo XVII, en los años de dominio español, se construyeron las «casamatas», que hoy son una de sus principales atracciones turísticas, una red de 23 kilómetros de galerías excavadas en la roca. Tanto la fortaleza como la Ciudad Vieja son Patrimonio mundial de la UNESCO desde 1994.

El Palacio Gran Ducal sorprende con una bella fachada al estilo del Renacimiento flamenco, del siglo XVI. (El interior se abre para las vistas durante el verano exclusivamente).

La catedral de Notre-Dame, combina partes del siglo XVI y de su última restauración, del siglo pasado.

Ciudad natal de Robert Schuman, uno de los padres de la actual Europa política, alardea hoy de contar con una población integrada por 170 nacionalidades diferentes. Es una de las tres capitales administrativas de la Unión Europea, junto con Bruselas y Estrasburgo. Alberga importantes organismo comunitarios: el Secretariado General del Parlamento Europeo, el Banco Europeo de Inversiones, la Corte de Justicia y el Tribunal de Cuentas Europeo.

La ciudad está salpicada de edficios de mucho interés: además del Palacio Gran Ducal, el Círculo de la Ciudad (en la Plaza de Armas), el Puente Adolphe, las Tres Torres, la abadía de Neimënster

Hay varios museos de visita recomendable: el Musée d’Histoire de la Ville de Luxembourg, el Musée National d’Histoire et d’Art (atentos a los mosaicos romanos) más  el ya mencionado Casino Luxembourg – Forum d’Art Contemporain. El Musée d’Art moderne Grand-Duc Jean MUDAM, del arquitecto chinoamericano Ieoh Ming Pei (el de la pirámide del Louvre) se adapta al entorno del Fort Thüngen, en la parte más nueva e innovadora de la ciudad.

La Philharmonie, en la explanada de Kirchberg, impresiona por sus formas y los entendidos en arquitectura disfrutarán comprobando su estructura interna. Un alarde.

El valle de de la Pétrusse y los miradores que se asoman desde el camino de la Corniche son la mayor y más gozosa obligación para el turista o el viajero, con o sin cámara de fotos, andando con prisas o dejándose llevar. Para descubrirlo todo, quizá nada mejor que seguir el circuito»Wenzel» con el que recorrerás, según te prometen y cumplen, «1.000 años de historia en 100 minutos».

Además de a pie, puedes moverte fácilmente en transporte urbano. El sistema Hop on Hop off permite subir y bajar en cualquier parada. La tarjeta Luxembourg-Card es también recomendable.

La huella española en Luxemburgo

Aquí es posible serpentear por la ciudad y toparte con muchas referencias a España. En realidad, es más preciso referirse a una larga etapa de dominación de estos territorios por parte de la Corona española bajo los Austrias. Desde Carlos V de Alemania y I de España hasta Carlos II (El Hechizado, para la Historia) fueron muchos los peninsulares que por aquí anduvieron, a mayor gloria de la Corona. Españoles y muchos otros, que no lo eran.

Recorriendo hoy el centro de la ciudad, una de las vías más comerciales aún guarda el nombre de Felipe II. La tienda de una marca italiana ocupa el esquinazo con la calle de Louvigny, en recuerdo del ingeniero militar que en el último tercio del siglo XVII dejó su huella y su saber no sólo en las fortalezas de Luxemburgo, sino incluso en la configuración de la Plaza de Armas.

Precisamente, de la Plaza de Armas parte la Avenue Monterey. La evocación española es evidente, puesto que esta larga vía está dedicada al que fuera Gobernador General de los Países Bajos entre 1667 y1675, por su nombre real Don Juan Domingo de Zuñiga y Fonseca, Conde de Monterrey.

Desde este racimo de calles hasta las casamatas tan del gusto de los turistas (unos 100.000 las visitan cada año) podemos, y debemos, dejarnos llevar por la capital de este país. 

Lo que hay que ver en la ciudad de Luxemburgo

Así las cosas, respetuosos con la democracia parlamentaria y con el poder civil y religioso de este Gran Ducado, volvamos a uno de sus edificios más característicos: el Palacio Gran Ducal, junto a la Cámara de los Diputados. Por allí nos encontraremos a los soldados de guardia, un par de ellos, que forman parte de un ejército minúsculo. La fuerza de Luxemburgo es desde hace un siglo otra, bastante alejada de la capacidad de disuasión de las armas: el dinero.

El Palacio Gran Ducal tiene su origen en el siglo XVI, inspirado en su estilo en el renacimiento español en su mestizaje con la arquitectura civil de Flandes. Lo que vemos fue levantado entre 1572 y 1573 por Pierre Ernest de Mansfeld, Gobernador del Ducado de Luxemburgo bajo la Corona española.

De este Mansfeld volveremos a saber a los pocos metros, al llegar a la Catedral de Notre Dame, un templo que tiene su origen en una iglesia de los jesuitas, como parte de lo que fue ambicioso colegio de esta orden erigido en los comienzos del siglo XVII, lo que explica algunos apuntes góticos con otros puramente renacentistas. A este viajero, lo que más le reconforta es comprobar que a día de hoy, junto al olor a incienso está también el aroma al papel de los libros, puesto que la Biblioteca Nacional se encuentra pared con pared junto a la Catedral.

A partir de ahí ya podemos buscar refugio en las casamatas de la Pétrusse, que fueron construidas por los ingenieros españoles hacia 1644, como parte de la fortificación de la ciudad. En esos planes también se incluyó el bastión defensivo del Beck, en lo que ahora es la plaza de la Constitución. Precisamente aquí se alza el muy característico monumento a los caídos y se tienen una magníficas vistas del Puente Adolfo, así como de la otra ribera del Pétrusse, dentro de un paisaje boscoso que sorprende por más que lo mires.

Actualmente las casamatas están consideradas como Patrimonio Mundial por la UNESCO. El aspecto general que ahora observamos es más la consecuencia de los trabajos de los austríacos a partir de comienzos del XVIII que el de su orígenes. 

Entre medias, nos habrá quedado un agradable paseo y muchos destellos para paladear:

…una ciudad capaz de dedicarle un museo a la Banca…

…un centro histórico en medio de una feraz vegetación, que no deja de sorprenderte y relajarte a partes iguales…

…la naturalidad con que te chocas con un ministerio a pie de calle, entre macizos de flores, como si fuese otra casa más, de las muchas bien cuidadas que te encuentras…

…y casas particulares como salidas de un cuento de hadas…

… y tantas y tantas imágenes que es mejor repasar en nuestra galería gráfica, a pantalla completa y sin prisas.

Animamos a hacerlo con las mismas pocas prisas con que el viajero anda por la historia y el presente de esta ciudad de Luxemburgo, un resquicio español en medio de Europa. Está ahí, a dos horas de avión desde la vieja España.


… y ahora, identifica en imágenes, lo que te hemos sugerido…


 La forma más inteligente de informarse de todos los detalles y sugerencias antes de visitar Luxemburgo es acudir a la web de la Oficina de Turismo de Luxemburgo, completa y accesible en  www.visitluxembourg.com

Oficina de Turismo de la ciudad de Luxemburgo:

Plaza Guillaume II. Email: [email protected]  Web: www.lcto.lu

Aparcar en la ciudad: Hay 3.094 plazas en parkings del centro; el más grande, con un millar, es el de Glacis. En www.vdl.lu puedes consultar en tiempo real el número de plazas libres en cada uno de los ocho aparcamientos existentes.

Info-Box: 20-22 rue des Bains (Para información y venta de títulos de transporte) Email: [email protected]