La tosferina es la manifestación de una infección, causada por la bacteria Bordetella pertussis, que afecta al aparato respiratorio. En los adolescentes y los adultos presenta como norma general un carácter leve, mientras que los bebés hasta los 4 meses de edad son los más vulnerables. De hecho, hace pocos años se dio en Guadalajara la muerte de un recién nacido por tosferina.

Sus sistomas  aparecen, por lo general, de 7 a 10 días después de que el sujeto haya estado expuesto al contagio, pero algunas veces pueden pasar hasta 6 semanas antes de que sean perceptibles.

De hecho, en su primera fase la enfermedad se confunde con un resfriado común, por la congestión nasal que presenta, con moqueo, estornudos y, tal vez, tos o fiebre. A medida que avanza, se aprecian los síntomas tradicionales de la tosferina: ataques de tos, seguidos de un fuerte silbido (“gallo”) al coger aire; vómitos con la tos y seguido de agotamiento después de los accesos de tos
 
La complicación más grave, que puede causar incluso la muerte, es la apnea (detención en la respiración) y el fallo respiratorio progresivo.

¿Cómo se contagia?
El contagio se produce por contacto directo con las personas infectadas y su contagiosidad es muy alta. Las personas con tosferina generalmente transmiten la enfermedad al hablar, toser o estornudar cerca de otras personas. Muchos bebés contraen la enfermedad de sus propios padres, hermanos mayores u otras personas que los cuidan, quienes a veces ni siquiera saben que tienen la enfermedad. 

Los niños más pequeños y no han completado su calendario de vacunación o aquellos que no han recibido todas las dosis de la vacuna, se encuentran en una situación de mayor riesgo de padecer la forma más grave de esta enfermedad.

En España está siendo cada vez más frecuente. El 40% de los casos se da en niños menores de un año; el 15% en adolescentes y el 13%, en adultos.

La vacunación es la medida preventiva más eficaz para el control de la transmisión de la tosferina.