InicioViajesSchengen está muy vivo.. y lo comprobarás si te asomas por Luxemburgo

Schengen está muy vivo.. y lo comprobarás si te asomas por Luxemburgo

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Las polémicas políticas han hecho que Schengen sea noticia omnipresente en los últimos meses. En fechas aún más recientes, la entrada ilegal de 72.000 personas en Ceuta ha provocado que este nombre ocupe titulares, minutos de radio y buena parte de la escaleta de las televisiones. Pero ellos no hablan del Schengen que hay que visitar… que es del que queremos hablar aquí.

A esta pequeña ciudad luxemburguesa le viene la fama por estar situada junto a Alemania y Francia, esos dos países esenciales para la construcción de Europa pero que tan enfrentados habían estado, guerras mediante, entre 1871 y 1945.

Y cuando hablamos de proximidad, no es pura retórica: a la que te descuidas y cruzas un puente, ya estás en Alemania; si te adentras por un camino y subes a un otero, estarás pisando suelo francés. En un lugar exacto, los mapas de los tres países se unen en un sólo punto, aunque sólo puedan celebrarlo los peces y los patos, puesto que está en el agua.

El gran momento le llegó a esta localidad de unos 5.000 habitantes en junio de 1985, al acoger la histórica firma del «Acuerdo de Schengen». Así se formalizó el pacto entre los países fundadores de la UE para suprimir los controles fronterizos entre ellos. España estaba a unos meses de entrar como miembro de pleno derecho en la Unión Europea.

Alrededor de 50.000 personas llegan cada año a Schengen para conocer lo que aquí se puede ofrecer, que no es sólo el recuerdo de unos señores trajeados garabateando su rúbrica sobre un papel. No es un destino masivo… y se agradece.

Con el río Mosela casi a nuestros pies y Alemania al otro lado del cauce, en esta orilla han crecido un centro de interpretación y uno de los monumentos más insólitos erigidos a la causa europea: monolitos con grabados, dedicados a cada país, ilustran con imaginación los tópicos nacionales, en aparente sana convivencia.

Schengen, a flote

Si se nos permite el chiste malo, que el Tratado de Schengen haga aguas no puede extrañar si tenemos en cuenta que fue firmado en un barco. La realidad es que, décadas después, la abolición de las fronteras interiores ha sido uno de los grandes logros continentales, más allá de las disputas circunstanciales entre Giorgia Meloni y Pedro Sánchez.

Al cumplirse 40 años del acontecimiento, la embarcación Prinzessin Marie-Astrid Europa volvió a fondear aquí en junio de 2025, para quedarse, adecuadamente restaurada y a disposición de los visitantes. El barco ahora es eléctrico y accesible.

Además de la recreada Sala de la Firma, hay mucho multimedia, imágenes de archivo, grabaciones y testimonios personales que han mejorado mucho lo que hasta ese momento sólo eran paneles a pie de calle, en tierra firme.

Los bronces de la Place des Étoiles

El diseño general de la plaza y de las columnas de 9 metros de altura que alojan las 26 estrellas que simbolizaban a los países se le encargó al arquitecto luxemburgués François Valentiny.

Los divertidos bronces que ilustran a las distintas naciones también fueron ideados por el mismo estudio. En el caso de España, la Sagrada Familia comparte protagonismo con una bailarina de flamenco sin que nada chirríe por esos contornos.

Como remate, dese una vuelta y disfrute de los jardines cercanos. Reconfortan.

Vino para andar el camino… y un spa para relajarse

Como no sólo de historia vive el hombre (y menos aún el turista), recomendemos tres must de Schengen, para todos los públicos:

• Senderista o no, hay que hacer el camino de los tres países. Se inicia desde las puertas de la Oficina de Turismo y ofrece cuestas empinadas, muchos viñedos, tramos despejados, adentrarse en veredas umbrías… un completo catálogo para andar al ritmo de cada cual. Los calores de estos últimos veranos, eso sí, animan a la prudencia. La recompensa es haber pisado tres países (Luxemburgo, Francia y Alemania) sin solución de continuidad y como quien no quiere la cosa.

• Buenos vinos y una agradable bodega es nuestra segunda propuesta. Las Caves Saint Martin, en la cercana localidad de Remich, que hace honor al rimbombante apelativo de «Perla del Mosela». Nuestra amiga Laura, siempre rebosante de simpatía, nos da las claves al explicarnos los vinos de la bodega, listos para una cata:

• Y el remate, feliz, lo tendremos a 10 kilómetros o en 10 minutos de coche, como se prefiera calcularlo. El Hotel Domaine Thermal de Mondorf es todo un complejo de cuatro estrellas superior, con unas amplísimas instalaciones al aire libre y a cubierto, como bien conocen los muchos clientes que tiene… aunque uno se barrunta que cuando estuvo por allí este que les escribe era el único español: este es un pequeño tesoro que, esta vez sí, conoce de fronteras a la hora de compartir el secreto. Como parte del Domaine, la Brasserie Maus Kätti demuestra que una simple harburgesa puede no ser tan simple y transformarse en casi un manjar de dioses, sobre todo si se comparte con una buena cerveza, en la terraza y con un personal especialmente amable.

Y, de nuevo, la pregunta, ahora con más fundamento: ¿Quién dijo que Schengen está muerto? Ni en Tratado ni para el turismo, como creemos haber demostrado.

«Europa no es nuestro país pero sí nuestro más hermoso sueño», según ya se dejó escrito por aquí en 2023, en otro artículo que quizá alguien quiera re(leer).

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