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Esta casa ya está oficialmente protegida: es la Venta de Aragoncillo y vale más de lo crees

La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha blinda este emblemático edificio del siglo XIX situado en Corduente, clave en las rutas históricas de los viajeros hacia Aragón y testigo de episodios de la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil.

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El pasado mes de mayo, LA CRÓNICA informaba del interés para proteger una casa de la provincia, inmueble que pasa desapercibido para muchos. Dicha casa se encuentra al pie de la N-211.

La histórica Venta de Aragoncillo, situada en el municipio guadalajareño de Corduente, ha sido oficialmente declarada Bien de Interés Patrimonial (BIP) con la categoría de Construcción de Interés Patrimonial. Así lo recoge la resolución de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes publicada en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha (DOCM), publicada el 28 de octubre. Por ello, este documento dota a este valioso inmueble de un régimen de protección específico para garantizar su conservación y puesta en valor.

Ubicada estratégicamente en la carretera N-211, junto al arroyo del Calderón y a escasos 900 metros del núcleo urbano de Aragoncillo —pedanía de Corduente—, esta construcción representa uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura caminera tradicional de la comarca de Molina de Aragón.

Una joya de la arquitectura de ventas en el Camino Real

La razón de ser de la Venta de Aragoncillo se encuentra en su ubicación histórica junto al antiguo Camino Real hacia Zaragoza. Dicha ruta era muy transitada por arrieros, viajeros y mercaderes que comunicaba las cuencas del Tajuña y del río Piedra.

Aunque sus orígenes exactos no están documentados con precisión, las primeras referencias escritas sitúan la venta a principios del siglo XIX. Esta venta se vincula directamente con un enfrentamiento bélico durante la Guerra de la Independencia en febrero de 1809.

El edificio responde a la tipología clásica de las ventas camineras de la época de transición entre las edades Moderna y Contemporánea. Cuenta con un volumen principal rectangular de dos plantas y cámara, diseñado para albergar las dependencias residenciales de los venteros. Asimismo, ofrece amplias zonas de cuadras con pesebres para las caballerías de tránsito, una gran cocina con chimenea de campana y poyos laterales —punto de reunión y cobijo para los huéspedes—. Además, dispone de un patio central y cochera para proteger los carruajes de los bandoleros y las inclemencias meteorológicas.

A lo largo de los siglos, el inmueble pasó por manos de distintas familias, destacando su mención en los amillaramientos de 1863 como propiedad de la familia que aún hoy lo conserva como casa de campo. Asimismo, el edificio fue mudo testigo de importantes acontecimientos históricos del siglo XX. Por ejemplo, su uso como acuartelamiento y cocina por parte de los soldados durante la Guerra Civil. Además, fue escenario del atentado registrado en sus inmediaciones contra el general Moscardó el 1 de junio de 1937.

Protección integral y un entorno delimitado de más de 108.000 metros cuadrados

La declaración como Bien de Interés Patrimonial conlleva la aplicación inmediata del marco protector contemplado en la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha. La normativa protege no solo el edificio principal —dividido en dos propiedades catastrales tras una partición familiar en 1945 y posteriores reformas en 1997—. También salvaguarda sus elementos etnográficos más característicos, como el pozo cubierto de piedra con su pila-abrevadero y el muro perimetral tradicional.

Asimismo, la resolución establece un amplio entorno de protección que abarca una superficie de más de 108.794 metros cuadrados. Este perímetro incluye los campos de labor colindantes y el cauce del arroyo del Calderón. El objetivo es preservar el paisaje rústico original y evitar cualquier alteración visual que pueda degradar la contemplación de este hito patrimonial de la provincia de Guadalajara.

Con esta catalogación, el Gobierno regional refuerza la salvaguarda de la arquitectura popular y el turismo cultural en el Señorío de Molina. Además, asegura que las futuras generaciones puedan conocer y estudiar la historia de estos emblemáticos refugios de viajeros.

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