Fernando Parlorio.
Fernando Parlorio.

Mucho ha cambiado la fotografía desde Le Point de Vue du Gras hasta hoy. Casi 200 años han transcurrido desde que Niépce desarrollara una forma de fijar las imágenes; una forma que con extraordinaria exactitud prometía congelar en el tiempo rostros, lugares, hechos e incluso emociones. Sin embargo, este cambio ha girado en torno a instrumentos y técnicas, pero la promesa de hurtarle fragmentos al tiempo ha persistido, gracias a ella, hoy podemos disfrutar de las memorias de las personas, pueblos y naciones con sus dichas y sus desgracias, pues la fotografía tiene la particularidad de trascender la sustancia y convertirse en eso, en memorias.

A pocos años de este acontecimiento, en noviembre de 1839, se realiza en España, el primer daguerrotipo, la casa Xifré y la Lonja del Mar, obra del grabador Ramón Alabern y Casas, desde entonces, se creó un patrimonio fotográfico que hoy nos permite reconstruir la memoria de cada uno de nuestros rincones.

Por su naturaleza espontánea, este patrimonio se nos presenta fragmentado en un conjunto de piezas que hay que compilar, historias personales que fueron atesoradas en un baúl: bodas, nacimientos, despedidas, regresos y muertes, así como instantes históricos que reposan en el archivo de alguna institución: confrontaciones bélicas, personajes históricos, celebraciones, todo descansa allí, esperando ver la luz algún día. Estos fragmentos son oro para instituciones como el Centro de la Fotografía y la Imagen Histórica de Guadalajara, que mediante estos recuerdos congelados intentan recrear, conservar y difundir ese patrimonio histórico.

Sin embargo, la espontaneidad no es absoluta, pues personajes como el guadalajareño Tomás Camarillo tenían la clara intención de conservar en el tiempo la vida de nuestra provincia, y es por ello hemos que hemos heredado su legado fotográfico que recoge vistas de la arquitectura y de la vida cotidiana, a través del cual es posible hoy hacer la reconstrucción histórica no sólo de la capital, sino de la provincia de Guadalajara.

Hoy, al igual que ayer, las fotografías comienzan como un patrimonio familiar, bodas bautizos, comuniones y cumpleaños, pero muchas de ellas están destinadas a convertirse en piezas históricas, y estudios como el de Nacho Abascal, que fue quien documentó fotográficamente mi boda hace ya unos cuantos años, será la fuente que provea esos archivos que narrarán la parte de la historia que nos toca construir, tal y como lo fue Tomás Camarillo en su día.

Y, también, quiero hacer una mención especial a Jesús Ropero, quien ha estado 40 años retratando los eventos sociales, deportivos, y culturales de Guadalajara. En definitiva, siendo el retratista del día a día de la capital como fotógrafo del Ayuntamiento de Guadalajara.

Pero esas fotografías no solo guardan las memorias, también conservan la identidad de Guadalajara, representada por imágenes como las del Palacio del Infantado, signo del linaje noble de los Mendoza, o el Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, expresión del mejor arte del siglo XIX. Estas expresiones artísticas hoy son parte de la identidad de nuestra ciudad, trascendiendo las fronteras para dar a conocer al mundo parte de su esencia.

Hoy en día se concibe la fotografía como un fenómeno artístico y comunicativo, es sin duda una nueva forma de narrativa visual, y hoy en el Día Mundial de la Fotografía quería dar mi humilde homenaje a todos aquellos que han documentado nuestro pasado, y lo están haciendo con nuestro presente con fotografías que pasarán a formar parte de la historia. De la historia particular de cada uno…, o de la historia colectiva.

Fernando Parlorio
es concejal de Turismo del Ayuntamiento de Guadalajara


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