Periodistas y policías han coincidido este domingo ante la residencia de
Periodistas y policías han coincidido este domingo ante la residencia de "Los Olmos", en Guadalajara. (Foto: La Cró[email protected])

Es raro que a alguien le manden de enviado especial a su propia ciudad, pero eso es exactamente lo que le ordenó el director de LA CRÓNICA a este paseante, con destino en el esquinazo entre la Avenida de Castilla y la calle Sigüenza, del lado que mira hacia el Ferial…

A cuatro grados bajo cero se congelan las ideas y solo queda hueco para las fantasías. Alguno de los periodistas allí congregados soñaba en voz alta con un chocolate con churros. Nada que hacer, además de tiritar. Si los tiempos fueran otros y esto no fuese una pandemia aún muy lejos de desaparecer, alguno podría haber intentado colarse hasta el bar del centro de mayores y pedir algo caliente. Pero está cerrado, como hace meses. Y así seguirá, a pesar de la euforia de este domingo, 27 de diciembre de vino, rosas y vacunas.

Acceso al Centro de Mayores de "Los Olmos", cerrado. (Foto: La Crónic@)
Acceso al Centro de Mayores de «Los Olmos», cerrado. (Foto: La Cró[email protected])

Los periodistas de los medios nacionales desplazados hasta Guadalajara han acampado como han podido, mayoritariamente juntos. Es difícil de entender esa facilidad que tienen los reporteros para agruparse ante una puerta, desdeñando las demás.

En la del almacén de «Los Olmos» hace guardia una patrulla de Policía Nacional, que mira de soslayo a este paseante.

Fachada de "Los Olmos" en la Avenida de Castilla de Guadalajara. (Foto: La Crónic@)
Fachada de «Los Olmos» en la Avenida de Castilla de Guadalajara. (Foto: La Cró[email protected])

Cuando los dos agentes confirman de un vistazo que el que se mueve por la acera es un bípedo inofensivo, todo vuelve a la absoluta normalidad de un día de frío en el cuerpo y esperanzas en ebullición.

Algunos deseos antiguos todavía están prendidos de los cristales, como gritos callados. Un arcoíris con la palabra «Ánimo» corregida, entre dos nubes. ¿Qué habrían escrito por debajo? ¿Cuál sería el error ortográfico? ¿Cuál ha sido el nuestro, para estar como estamos?

Dibujo en una ventana de la residencia de "Los Olmos". (Foto: La Crónic@)
Dibujo en una ventana de la residencia de «Los Olmos». (Foto: La Cró[email protected])

Nuestro problema es nuestro dolor, que son los muertos. Hace meses, se intentó erradicar la palabra «muerto» de las informaciones, al establecerse en algún ignoto despacho que escribirla hacía daño. Indicaban los bienintencionados, que tanto abundan, que era menos hiriente escribir fallecidos. Pero los muertos seguían muertos, además de fallecidos. Y algunos, muchos, expulsados del inventario oficial de víctimas por las negligencias de aquellos primeros meses. Todo eso es cosa sabida. Pero conviene no olvidar. Así lo recuerda un gran letrero, sobre una tela, en una de las ventanas de «Los Olmos».

Recuerdo a los muertos por el COVID, en una ventana de la residencia de «Los Olmos». (Foto: La Cró[email protected])

El abrazo de dos mujeres

Y ha sido entonces, justo a las nueve de la mañana, en el mismo momento en que todos miraban hacia otro lado, cuando dos mujeres se han abrazado largamente, en la planta baja de la residencia.

Los cuatro brazos se han fundido en un tiempo detenido. Los dos cuerpos se han pegado como si así se olvidase una ausencia eterna. ¿Veinte segundos? Puede ser, porque en menos se hizo todo el Universo.

Ellas dos están al otro lado de la cristalera, mientras tú las miras desde la acera, queriendo hacerte invisible.

La que viste de paisano (abrigo gris, boina de lana color rosa palo) y la trabajadora de evanescente bata blanca cuentan con ese largo abrazo mucho más sobre esta puta tragedia que todo lo visto en televisión, a lo largo de las horas de conexiones vía satélite para loar el feliz triunfo con forma de inyectable. Detrás de las mascarillas, rotas las distancias por el afecto entre ellas dos, están todas las claves de cómo hemos aguantado en esta lucha, sin rompernos.

Un tablao flamenco en la calle Sigüenza

Entre tanto, a la vuelta de la esquina los que pueden escriben, si no hablan con su redacción o miran desde la distancia a las tres señoras que han asomado por allí. El abrigo de piel de una de ellas triunfa entre los comentarios.

A la vez que en el interior una anciana casi centenaria demuestra su exquisita educación, más allá de la valla de «Los Olmos» los periodistas empiezan a convertirse en improvisados bailaores, de tanto taconear para espantar el frío. Les acompañan, sin palmas pero también bailando, los agentes que guardan la puerta.

Agentes en el acceso a la residencia "Los Olmos" el 27 de diciembre de 2020. (Foto: La Crónic@)
Agentes en el acceso a la residencia «Los Olmos» el 27 de diciembre de 2020. (Foto: La Cró[email protected])

De repente, una sirena hace girar las cabezas. Es un coche del parque de Bomberos de Guadalajara. Nadie se mueve. Nadie sale detrás de él, cuando pasa entre la concurrencia. Lo que importa está aquí, aunque lo cuenten otros en directo para la audiencia de la televisión.

Vehículo de los bomberos de Guadalajara en la Avenida de Castilla. (Foto: La Crónic@)
Vehículo de los bomberos de Guadalajara en la Avenida de Castilla. (Foto: La Cró[email protected])

Este domingo, dicen, era un gran día. Mañana será aún mejor, porque será un día más, también para los residentes de «Los Olmos», incluso para aquellos que no se han atrevido a vacunarse.

Saldrá el sol para todos, para que recordemos a los que no podrán verlo. Descansen en paz y nos muestren el camino, desde su ejemplo.

El sol del amanecer sobre la residencia de "Los Olmos", el 27 de diciembre de 2020, día de la primera vacuna en España contra el coronavirus. (Foto: La Crónic@)
El sol del amanecer sobre la residencia de «Los Olmos», el 27 de diciembre de 2020, día de la primera vacuna en España contra el coronavirus. (Foto: La Cró[email protected])

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